Características de los ministros indolentes e impíos de ayer y de hoy

Estudio Biblico 

“Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. 13 Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, 14 y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. 15 Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16 Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. 17 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová... Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión...ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir” (1 Samuel 2: 12-17; 22, 25b)

Los hijos de Elí, el sumo sacerdote de entonces, eran Ofni y Finees. Ellos eran los sacerdotes, siguiendo el rito del sacerdocio aarónico. No obstante, a diferencia de su padre, Elí, sus hijos eran absolutamente perversos.

Veamos algunas características de su impiedad, y de cómo esto mismo se aplica a los falsos ministros de Cristo de hoy en día. Esta es una lección también para nosotros, para que aprendamos más a vivir conforme al temor de Dios.

I. Los ministros de entonces; los hijos de Elí, Ofni y Finees

A) Ministros impíos y sin conocimiento de Dios

“Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.”

La primera cosa que vemos aquí, es que siendo como eran, sacerdotes del Dios Altísimo, sin embargo, no conocían a Dios... ¿Cómo se puede pretender ser ministro del Señor y no conocer a Dios? Es una incongruencia, un imposible, y sin embargo es una realidad.

No sólo no conocían al Señor, sino que además eran impíos, en el hebreo original, eran “hijos de Belial”, lo cual era un modismo hebraico usado para referirse a hombres bajos, indignos o malvados. Nótese como en 2 Corintios 6: 15, Belial queda identificado como el mismo diablo:

“¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?” (2 Co. 6: 15)

Escribe Matthew Henry en cuanto a Ofni y Finees:

“Residían en el centro mismo del magisterio y del ministerio y, no obstante, eran hijos de Belial, tanto peores cuanto mayor era el honor, el poder y el saber que poseían”

Esto último nos lleva a una lógica consideración: se puede saber mucho acerca de Dios, pero no conocerle personalmente.

Se puede llegar a hablar mucho sobre Dios, pero carecer de su conocimiento personal”

B) Haciendo negocio y recibiendo propia satisfacción de las ofrendas a Dios ajenas

Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, 14 y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo”:

Había llegado a ser costumbre de esos sacerdotes, que cuando alguien del pueblo se dirigía a ellos para ofrecer un sacrificio a modo de ofrenda a Dios, ellos enviaban al criado con un garfio de tres puntas, para arrebatar todo de toda la carne que se estaba cociendo, antes de ser presentado al Señor.

Al decir expresamente que el garfio que llevaba el criado era de tres puntas, advertimos que era un garfio fuera de lo normal, que sería de una sola punta. Al ser de tres puntas, podía agarrar mayor cantidad de carne.

Además, recogían con ese garfio toda clase de carne, cuando los sacerdotes sólo podían comer ciertas porciones, otras no (ver Dt. 18: 3; Lv. 7: 31-34). No obstante, esos sacerdotes corruptos, comían de todo, en gran cantidad, y antes de ofrecerlo a Dios.

Escribe Moody: “Los hijos de Elí eran culpables de un pecado doble: (a) En lugar de tomar solamente la parte que les tocaba, tomaban todo lo que pudiera sacar el garfio;  y (b) tomaban su parte antes que fuera ofrecida la grosura y la sangre en sacrificio al Señor”

Esos sacerdotes corruptos, aprovechándose de su posición, profanaban las ofrendas a Dios, haciendo de ellas negocio, o más bien, satisfacción de su glotonería. Además, robaban a los que traían las ofrendas, haciéndose con parte de los sacrificios de paz, aun antes de ser ofrecidos.

C) Amedrentando a la hora de exigir y usurpar lo que era de Dios:

“Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16 Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza.

La Ley ordenaba que la grosura del animal dado en sacrificio tenía que ser quemada sobre el altar para el Señor: “Y la grosura la hará arder el sacerdote en el altar...” (Lv. 7: 31). No obstante, los hijos de Leví exigían que los dadores les entregaran la carne cruda, incluida la grasa. Esos sacerdotes corruptos querían la carne cruda, posiblemente para así revenderla y hacer negocio con las ofrendas del Señor.

Si el oferente se negaba (como era su derecho legítimo), entonces el sacerdote por medio de su enviado, le amedrentaba aprovechándose de su poder para actuar violentamente y conseguir su propósito. Al demandar la carne antes de ser ofrecida, se adelantaban al Señor y usurpaban Sus derechos.

Grabado que nos muestra la escena bíblica aludida”

D) El terrible mal ejemplo que se da a los demás:

“Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.”

Dios veía la maldad que rezumaba de todos esos actos de esos ministros suyos, aunque impíos. Dios veía que esos hombres de ministerio, menospreciaban lo que era entregado al Señor por mano de Sus hijos. ¿Habrá algo peor que la impiedad descarada de aquellos que ostentan una posición de autoridad espiritual?

E) Impudicia sexual con profanación:

“Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.”

Esos sacerdotes, los hijos de Elí, además de las maldades referidas, añadían el adulterio a las mismas. Además era un adulterio con la añadidura de la profanación, ya que era cometido a la puerta del tabernáculo de reunión, muy cerca de la misma presencia de Dios. De esa manera demostraban su desprecio absoluto al Señor y a su obra.

F) Dios resolvió hacerlos morir:

“...ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir”:

Esos dos hombres, Ofni y Finees, vivían en un estatus de privilegio por su condición de sacerdotes del Dios Altísimo, y sin embargo menospreciaron hasta sumo grado su llamamiento. Existe el siguiente principio: cuanto mayor es el privilegio en el servicio a Dios, mayor es la responsabilidad ante Él.

Dado todo ello, Dios decidió hacerlos morir, y en su momento.

II. Los falsos ministros de hoy en día, hacen lo mismo

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol” (Eclesiastés 1: 9)

Lo mismo que fue, sigue siendo hoy en día. En estos días también hay hombres de ministerio, pero que están yendo en la misma línea que aquellos Ofni y Finees, de los cuales nos hemos de apartar (ver 2 Ti. 3: 5).

Nos va a ser muy útil estudiar el asunto, para entender lo que está ocurriendo, para salir de todo engaño de ellos, y para advertir a los demás acerca de todo ello, para que a su vez ellos también se aparten (Judas 3).

Los ministros tipo Ofni y Finees de hoy en día

A) Aprovechándose de su posición

“Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia.” (3 Juan 9, 10)

Como fue con Ofni y Fitnees también ocurre hoy en día. Se aprovechan de su nombre y posición ante los demás.

B) Hacen mercadería de las cosas del Señor usando de la zalamería y el engaño

“... y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas (2 Pedro 2: 3)

“...hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales” (1 Timoteo 6: 5)

“...seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición.” (2 Pedro 2: 14)

Como hicieron Ofni y Fitnees, estos de hoy en día profanan las ofrendas de los que las ofrecen genuinamente a Dios, al quedarse ellos mismos con esas ofrendas o parte de ellas según su propio arbitrio, con la excusa de decir que es para el ministerio.

Profanan el sentido de ofrendar a Dios al enseñar al pueblo a que “pacte con Dios”, queriendo decir con esto que al dar la ofrenda a Dios, ellos deberán esperar que Dios les conceda esto o aquello, haciendo así deudor a Dios de algo, cuando Él jamás lo es.

Así como Ofni y Finees se quedaban con lo mejor de lo que todo israelita traía para Dios, estos actuales falsos ministros del evangelio, se quedan con lo mejor que cada creyente trae de buen corazón al Señor, robándole así al Señor.

Pretenden (y consiguen) hacer su negocio con lo santo de Dios, y se atreven a amedrentar e incluso maldecir, si alguien se les opone.

“Raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron en cuanto a la fe”

C) El camino de la verdad blasfemado

“Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado(2 Pedro 2: 2)

Como ocurrió con Ofni y Fitnees, la pésima actuación que realizan ante todos los que les ven y escuchan, hace muchos copien ese ejemplo y les imiten, no sólo en las formas sino también en el fondo. De esta manera el testimonio del Evangelio es echado por el suelo.

D) Llenos de adulterio

Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición.” (2 Pedro 2: 14)

El adulterio es una práctica demasiado común en muchos de los ministros de hoy en día. A modo de Ofni y Finees, muchos hoy en día cometen de forma asidua esos pecados, porque se creen justificados de alguna manera por su posición, y porque sus conciencias de largo cauterizadas, ya no les redarguyen.

E) Están ya sentenciados a muerte

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” (2 Pedro 2: 1)

“Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día..” (2 Pedro 2: 12, 13)

Así como con Ofni y Fitnees, muchos de esos falsos ministros del Señor de largo tienen la sentencia de muerte de parte del Señor sobre sus cabezas, y no se dan cuenta.

Estos falsos ministros como lo fueron Ofni y Finees, ya están sentenciados, porque ya han perecido en su propia perdición, y sólo están a la espera de la aplicación de la sentencia. Todos ellos, blasfemaron contra el Espíritu Santo”

III. La aplicación a nuestras vidas

A) Haciendo pública denuncia

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 3, 4)

Por un lado no es preciso como hijos de luz, el cumplir con este mandato que acabamos de leer de parte del Señor en Su Palabra. Nos es necesario aprender a contender ardientemente por la fe, ya que como hemos visto en este estudio, hay hombres corruptos que, habiendo alcanzado una posición de privilegio en el seno eclesial, están haciendo mucho daño al testimonio de Cristo, así como a muchos hijos de Dios.

B) Siguiendo el buen ejemplo

“Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros” (2 Ts. 3: 7)

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11: 1)

Sigamos el buen ejemplo de Cristo, en El y en los que son de Él en cuanto a Él, apartándonos de todo aquello y de todos aquellos que profesan ser ministros del Señor pero no lo son.

ELÍ, Y LOS QUE SON COMO ELÍ

“Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir” (1 Samuel 2: 22-25)

Elí es el prototipo de creyente blando, indolente, complaciente, que confunde la compasión con  la permisividad, y que es sin discernimiento espiritual. Que vive en su propio sentido de la seguridad, en su mundo particular hecho a su medida.

Pero Elí no fue un simple creyente. El tenía un deber añadido que debería haberle hecho temblar ante Dios. Elí era el sumo sacerdote de Israel en la época de los jueces, y tenía una enorme responsabilidad; sobre sí mismo, sobre los sacerdotes, y sobre el pueblo.

Es cierto que él vivió en un tiempo cuando “la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia” (1 S. 3: 1), pero eso no era excusa para ser relajado y cómodo, sino todo lo contrario. Era motivo para buscar más de Dios. Pero Elí no lo hizo.

Al contrario, fue el muy joven Samuel el que realmente ministraba a Jehová en presencia de Elí” (3: 1), como que Elí, ya mayor, se relajaba en su ministerio. Tal fue eso así, que Dios se dirigió al joven Samuel para anunciarle lo que iba a hacer, en vez de dirigirse al sumo sacerdote Elí:

“Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.  Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas. (1 Samuel 3: 11-14)

Nótese pues, que Dios no se dirigió al anciano sumo sacerdote Elí en cuanto a lo que era para Elí, sino a Samuel, el cual, aunque joven, vivía para ministrar a Dios con todas sus fuerzas.

“Representación del arca con el sumo sacerdote”

Dios iba a hacer algo insólito en Israel

“Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos”:

Dios no soporta el incumplimiento de la responsabilidad espiritual. Elí debía haber reprendido y apartado a sus hijos del ministerio por cuanto eran absolutamente indignos (ver 1 S. 2: 12-17).

Lejos de eso, y a pesar de que Elíoía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión” (1 S. 2: 22), que habíanblasfemado a Dios”, Elí no los estorbó (1 S. 3: 13). No hizo nada.

Dios tenía contra Elí que habíahonrado a sus hijos más que a Él, engordándose de lo principal de las ofrendas de Su pueblo” (1 S. 2: 29)

No hay cosa peor en el ministerio pastoral y en la responsabilidad de ejercer autoridad espiritual, que no hacer nada cuando es menester intervenir y poner orden y disciplina.
La autoridad de Dios queda mermada en ese momento, porque el hombre de Dios no está haciendo lo que es de Dios hacer.

Cuando el que tiene la responsabilidad espiritual, cede ante sus seres queridos en detrimento de lo que es claramente la voluntad de Dios, no es digno del ministerio. Mejor que lo deje, o que se arrepienta de veras.

La sentencia de Dios a través del profeta de Dios

Por eso, Dios – en cuanto a Elí- iba a hacer algo que jamás en Israel se había visto con anterioridad, en cumplimiento de lo expresado por aquel varón de Dios:

(1 Samuel 2: 27-35) “Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón? Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril. Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día. Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días”.

Efectivamente, Ofni y Finees, los hijos de Elí e impíos sacerdotes, murieron en un mismo día, cuando los filisteos tomaron el arca. Y fue así:

“Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío? Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada”. (1 S. 4: 16, 17).

Estas fueron las consecuencias de la indolencia e injusticia de Elí en el cumplimiento de su deber:Sus hijos murieron, y el arca fue robada.

Elí al escuchar esas noticias, se le vino todo su mundo abajo. En su momento, quizás no llegó a creer realmente en lo que Dios le dijo a Samuel, respecto al veredicto sin remisión posible de Dios contra él y su casa, cuando respondió:

Jehová es; haga lo que bien le pareciere” (1 S. 3: 28)

“Representación antigua de los filisteos, los enemigos de Israel”

Elí indolente

Elí vivía en su burbuja, en su propia auto creada seguridad. Muchos creyentes viven así, sumidos en su mundillo donde todo es maravilloso, pero que es ajeno a la verdad escritural y a la realidad que les rodea.

Viven engañados, porque en su cobardía y temor, prefieren evadir y no confrontar las cuestiones peliagudas en aras de una ficticia paz, siempre argumentando su posición levantando la bandera del amor, en un mal entendimiento de que el “amor cubrirá multitud de pecados” (1 Pr. 4: 8)

“Elí vivía inmerso en su burbuja, en su propio sentido de la justicia y de la verdad”

Elí pensaba que el amor cubriría los pecados de sus hijos Ofni y Fitnees, sacerdotes de Israel, pero no fue así, ya que ellos eran hombres impíos, desconocedores de Dios y blasfemos.

Como decimos, a Elí todo su mundillo se le vino debajo de golpe, hasta el punto de que de golpe él cayó hacia atrás desnucándose:

“Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años”. (1 S. 4: 18)

Elí, sin discernimiento espiritual

Elí también era un creyente con casi nulo discernimiento espiritual, y a la vez muy propenso a la injusticia. Esto lo vemos en el ejemplo que nos da respecto a Ana, la llegaría a ser la madre de Samuel.

(1 Samuel 1: 12-16) “Mientras ella (Ana) oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora”

En su momento, Elí fue extremadamente duro e inmisericorde con la inocente Ana, la madre de Samuel, tomándola por borracha, y sin embargo fue todo lo contrario con sus impíos hijos Ofni y Fitnees, los sacerdotes.

Esto suele pasar con ese tipo de creyentes como Elí, suelen ser desequilibrados a la hora de juzgar asuntos espirituales, y esto es así, porque no viven conforme a la regla de la verdad, sino que han acomodado lo espiritual o sentido de lo que es correcto o incorrecto, a su conveniencia.

Cuando no se anda en el sentido de lo que es justo y verdadero ante Dios, falla absolutamente el discernimiento, como le ocurrió a Elí con Ana.

Las consecuencias inimaginables por falta de santidad

(1 Samuel 4: 18-22) “Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años. Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por entendida. Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.

La consecuencia final y más dolorosa e importante es que la gloria de Israel fue traspasada: ICABOD. La presencia de Dios, representada en el Arca, fue removida.

Tengamos en cuenta que esto tanto puede pasar a nivel personal también, como a nivel de asamblea, o a nivel de ciertos ministros.

Busquemos el ser justos por encima de los sentimientos personales y de nuestra comodidad, muy al contrario de cómo lo hizo Elí.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Agosto 2008
www.centrorey.org

 

FIN