A raíz del Latter Rain Movement a finales de los 40´ (s. XX), y añadiéndose posteriormente otros movimientos afines de tipo también dominionista, se han estado infiltrando en los medios eclesiales evangélicos y pentecostales, conceptos que aparentan ser bíblicos, pero muchos de ellos sacados de su contexto, lugar y tiempo. Uno de estos conceptos, es el llamado “Avivamiento Mundial”.
Por la influencia directa de esos maestros dominionistas del Latter Rain Movement (Movimiento de la Lluvia Tardía) y posteriores, actualmente muchos creyentes sinceros, sobretodo de corte pentecostal, neopentecostal y carismático, realmente creen que antes de que Cristo vuelva a por la Iglesia, y consecuentemente, se produzca la resurrección de los muertos en Cristo (1 Ts. 4: 13-18), va a acontecer sobre el globo lo que llaman, un “Avivamiento de orden mundial” sin precedentes en la historia.
Algunos, osados, incluso se atreven a afirmar que Cristo no puede volver, y no va a volver, antes de que tal evento ocurra… Pero, primeramente, y antes de proseguir, ¿Qué significa realmente “avivamiento”? ¿De qué estamos exactamente hablando?
1. ¡Avivamiento!
Curiosamente en la Biblia, ni en la traducción española, ni en la inglesa, encontramos la palabra “avivamiento” (“revival” en inglés); sencillamente no aparece en la Escrituras. Tampoco tal sustantivo aparece en el Diccionario Bíblico. Esta es una de tantas palabras que los evangélicos pentecostales tenemos en nuestros labios, pero que, como tal, no está en el texto bíblico.
¿Qué deberíamos, por tanto, entender por “Avivamiento” en el cual, tantos han puesto su fe y tantas esperanzas para el mundo actual?
Lo primero es documentarse. Así que, para empezar, vayamos al diccionario. En él encontramos la siguiente definición: “Avivamiento es la acción y efecto de avivar o avivarse”. Lo cual, seguidamente, nos lleva a entender el significado del verbo “avivar”; y encontramos la siguiente definición: Avivar: “Es dar nueva fuerza y vigor”. Otra acepción es: “Excitar, animar; atizar (el fuego); hacer que la luz artificial dé más claridad”. La última acepción es: “Cobrar vida y vigor”.
Entonces, basándonos en el sentido del lenguaje a partir del diccionario, entenderíamos que un “avivamiento” debería ser algo así como el acto de “vitalizar o dar vigor a algo que está previamente vivo”; así como se aviva un fuego, que previamente tendríamos encendido en estado latente.

Parece, entonces, que espiritualmente, el término “avivamiento” debería aplicarse a todos aquellos cristianos que, aunque nacidos de nuevo, no arden con fuerza para el Señor; por lo tanto, necesitan avivarse.
No obstante, después de concienzudamente indagar las versiones de muchos, llegamos a la conclusión de que por “avivamiento” unos y otros entienden cosas muy diferentes.
Se dice, en general, que el “Avivamiento” es una o varias de estas cosas siguientes:
(La lista no es exhaustiva)
- La conversión del mundo entero a Cristo.
- La conversión de gran parte del mundo.
- La “cristianización” del mundo (falsa enseñanza del G12).
- El discipulado de las naciones (falsa enseñanza del G12).
- La conquista de las naciones “para Cristo” (Dominionismo).
- La Iglesia dominando las naciones “para Cristo” (Dominionismo).
- La conversión de una nación determinada (la del creyente, por supuesto).
- La conversión de las gentes en masa.
- La predicación del Evangelio del Reino en todo el mundo para testimonio a todos los ethnos (Mt. 24: 14) (esto no supone en sí un “avivamiento”; Jesucristo mismo predicó a muchos, y la mayoría no se convirtieron).
- La Iglesia llena del “espíritu de la risa”; o “ebria en el espíritu”; (siendo tal cosa ajena a la Palabra).
- La Iglesia, en la “nueva” unción (neopentecostalismo).
- La Iglesia entrando en el “nuevo paradigma” (falsa enseñanza del G12).
- La ansiada conversión de la familia del creyente (cosa a desear).
- El creyente verdadero, creciendo en santidad en toda su expresión.
Por supuesto, que si tengo que aceptar el término “avivamiento” como tal (y así lo hago), me quedo con la última acepción: La del creyente verdadero, creciendo en genuina santidad. Esto último sería lo que en la historia de la Iglesia ha sido constatado una y otra vez en diferentes lugares y momentos; cuando el Señor, usando a los creyentes llenos del Espíritu Santo, produjo la conversión y consecuente crecimiento en santidad y pasión por Cristo, de muchos otros hombres, mujeres y niños.
Véase que en ese caso, el protagonista fue indiscutiblemente el Espíritu Santo que, en consonancia con el creyente, avivó el fuego del don de Dios en él (2 Timoteo 1: 6)
Por lo tanto, la historia nos es testigo: Sí ha habido tales “avivamientos” si lo queremos definir así, pero hay un abismo entre los tales y el pretendido “Big One”, el “Avivamiento Mundial”, que no podemos encontrar profetizado en la Biblia, y desde luego, nunca antes de que la Iglesia parta con el Señor. Decir lo contrario, es engañar y engañarse.
¿Avivamiento Mundial Ahora?
Uno de los pasajes de la Escritura en los que se basan para afirmar los que defienden que el tal “Avivamiento Mundial” está a las puertas a modo de la lluvia temprana y tardía (términos, estos sí, bíblicos), es el de Santiago 5: 7, 8, que dice:
<<Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca>>
Pero si lo leemos con cuidado, nos damos cuenta que lo que dice es otra cosa. El autor sagrado exhorta a los creyentes en Cristo a tener paciencia y a afirmar los corazones, justamente, para esperar ¡La venida de Cristo! En otras palabras, es una admonición a estar esperando con paciencia y en santidad, el Arrebatamiento de todos los verdaderos creyentes.
El monstruo de la apostasía
La Palabra nos enseña todo lo contrario a lo que muchos creen hoy en día. La realidad es que previo al advenimiento de Cristo, la Biblia enseña que se va a producir una apostasía como nunca antes en el seno de la Iglesia (2 Ts. 2: 1-3). Justamente esto es lo que ya está ocurriendo, aunque duela decirlo, y cueste reconocerlo, y la siguiente lista no ayuda precisamente a que las cosas vayan a mejor. Entre otras falsedades, esto es lo que hay en el seno eclesial hoy en día: (El Gobierno de 12 (G12), Dominionismo (Reino Ahora), Positivismo, Gnosticismo (Nueva Era), Súper-fe (Word-of-Faith Movement), New Apostolic Reformation, Materialismo (doctrina de la Prosperidad), Ecumenismo, Carismatismo, Reformismo, Reemplacismo, Cesacionismo, Falso Mesianismo (judaizantes), Emocionalismo, Falsa Unción, Emerging Church (Iglesia Emergente), falta de celo por la santidad, etc. etc. etc. La lista a pesar de ser larga, no es exhaustiva en modo alguno.
Dentro de los que creen que viene ya ese “Avivamiento”, sustantivo que para muchos por cierto les viene ya corto, y nos hablan de una Reforma total y mundial (Reformismo), están aquellos que enseñan y trabajan para que se levante un ejército de profetas y apóstoles que a modo de “súper hombres” de la “nueva unción”, efectuarán impresionantes manifestaciones espirituales y revelarán doctrinas nuevas y establecerán nuevos dogmas, cosas todas que la Iglesia jamás ha visto con anterioridad, haciendo palidecer incluso a los santos de la iglesia primitiva, para llevarnos al “Nuevo Orden” (mundial).

Entendiendo mal la Escritura
Un error muy común en todos ellos, es el tomar la porción escritural de Hechos 2: 17, que dice <<En los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne>>, y con esas palabras del Señor fuera de contexto y sentido, justificar muchos de los supuestos “avivamientos” (como el de la risa, y las caídas, p.e.), que se han estado produciendo en algunos lugares del mundo a partir, sobretodo de los años 80´ (siglo XX) hasta la fecha, según ellos, como antesala del gran “Avivamiento Mundial”, por el cual la Iglesia “conquistará y dominará las naciones”.
Como vengo diciendo, no estamos en contra de los avivamientos genuinos del Espíritu Santo, como no podría ser de otra manera, los cuales, si lo son, producen un fruto claro en materia de verdaderas conversiones a Cristo y un buscar la verdadera santidad de los creyentes. Tristemente, no obstante, muchos han sido engañados y aún lo son, por un supuesto mover del “Espíritu”, que no lo es. Al diablo le encanta ser religioso. El sabe como presentarse aparentando como el más santo (1 Co. 11: 14), y además tiene el poder sobrenatural para engañosamente hacerlo.
Es triste, por tanto, ver a tantos preciosos hermanos y hermanas engañados por falsos apóstoles y profetas, así como por evangelistas, muchos de ellos de gran renombre, otros no tanto, que se mueven en una unción que no es de Dios, y que les apartan, más tarde o más temprano, de la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo, y en tal peligro están.
Por esa razón, creo que ha valido la pena el esfuerzo de escribir este artículo, en el cual estaremos estudiando, con la Biblia en la mano, todo lo concerniente al asunto del verdadero Avivamiento (si así se le quiere llamar); como se originó y como se volverá a producir, y sobre quién, y cuando.
Así que, ¡allá vamos!
2. El nacimiento de la Iglesia
Si queremos hablar de un verdadero avivamiento del pasado, debemos hablar entonces del surgimiento de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo.
El nacimiento de la Iglesia ocurrió cuando en aquel bendito día de Pentecostés, que los discípulos estaban en Jerusalén en aquel aposento alto, el Espíritu Santo vino por primera vez con todo Su poder y llenó a todos ellos (Hchs. 1, 2).
Si se considera con atención, el Espíritu Santo descendió primeramente sobre aquellos discípulos de origen judío. La Iglesia que nacía en esos momentos era totalmente judía, concordando con las palabras de Jesús: <<…la salvación viene de los judíos>> (Jn. 4: 22b). Esos hombres de Israel, fueron los primeros escogidos para llevar el Evangelio, y posteriormente, a todos los ethnos (gentes).
En un principio, Dios levantó a Israel para llevar Su Palabra a las naciones. Fracasó Israel en su llamamiento, pero Dios estaba de nuevo trabajando a través de aquellos primeros discípulos de Cristo que eran israelitas. A través de ellos, estando llenos del Espíritu Santo, Dios iba a llevar el Evangelio a todas las gentes. Nacía así la Iglesia de Jesucristo.
La venida del Espíritu Santo y las señales
El Espíritu Santo vino de repente con un estruendo a modo de viento recio, y llenó toda la casa donde estaban los discípulos sentados. A todos y cada uno en particular se les aparecieron lenguas como de fuego sobre cada uno de ellos (Hchs. 2: 2, 3).
Esas manifestaciones sobrenaturales y legítimas de Dios no se ven repetidas en el Nuevo Testamento. La razón parece ser obvia, fue un acto especial por el cual todos fueron testigos de la manifestación gloriosa del Espíritu Santo en su venida a la Iglesia. Ese Espíritu Santo manifestado en poder ha permanecido en ella, y permanece, hasta el día y hora en que la Iglesia sea arrebatada de este mundo.
Dicho sea de paso, ese mismo Espíritu Santo volverá con poder sobre Israel, una vez la Iglesia ya no esté aquí.
En aquel entonces, fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en idiomas diferentes. El motivo por el cual esto último ocurrió, fue para mostrar una señal a los no creyentes (Hchs. 2: 4-12). Esos judíos estaban dando testimonio oral del único Dios en las diferentes lenguas que se hablaban entonces. Eso le dio pie a Pedro para dar su discurso.
La multitud al oír el estruendo se reunió entorno a los discípulos con mucha curiosidad y sintiéndose confusos a causa de lo que tenían delante, algunos exclamaban: <<Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?>> (Hchs. 2: 7, 8) Estaban atónitos y perplejos (Hchs. 2: 11, 12), pero otros se burlaban diciendo que estaban llenos de vino dulce (gleikus, en gr.) (v. 13).
Podemos entrever que los que se burlaban lo hacían porque veían a esos galileos hablando en lenguas desconocidas para ellos y pensarían que estaban haciendo el loco, o estaban borrachos. Muy probablemente los que se burlaban eran mayormente los habitantes de Jerusalén, eran judíos que no entendían los idiomas de los judíos frigios, egipcios, de Capadocia, Panfilia, etc.
Les oían hablar así sabiendo que eran galileos, y al estar llenos del Espíritu Santo, estaban llenos de Su presencia, de su gozo y de alabanzas a Dios. Seguramente algunos de los discípulos levantarían sus manos limpias sin ira ni contienda para bendecir al Dios del cielo (1 Ti. 2: 8). Todo ello les debió chocar. Siempre hay burladores que el diablo envía cuando los hombres adoran al Dios del cielo para intentar desmerecer ese acto.
Curiosamente, muchos defensores del ya prácticamente desaparecido “Toronto Blessing”, y de las supuestas manifestaciones del “Espíritu” en forma de caídas por decenas y demás extravagancias, como las “borracheras en el espíritu”, han citado estos versículos para intentar probar sus experiencias como genuinas, y para convencernos acerca de esos fenómenos.

<<…hágase todo decentemente y con orden>> (1 Co. 14: 40)
¿Se está cumpliendo así la Palabra?
No hay tiempo ni ocasión ahora para entrar en ese debate, pero lo cierto es que si analizamos bien de cerca estos pasajes, nos damos cuenta de que absolutamente nada de esas cosas ocurrieron a los primeros discípulos cuando descendió el Espíritu Santo con todo Su poder.
Todo lo que leemos es:
- Los discípulos de origen galileo hablaban en otros idiomas en ese momento (V. 6);
- Hablaban en esas lenguas las maravillas de Dios (V. 11).
- No se caían, ni estaban borrachos, tampoco “borrachos en el espíritu” como el mismo Pedro les aclaró (v. 15); ni hacían ruidos extraños con la boca, ni se contorsionaban.
- Mas bien seguían uno de los principios del amor: No hacían nada indebido (1 Co. 13: 5).
3. La lluvia temprana
Pedro se levantó, y alzando la voz, se dirige a los <<varones judíos, y todos los que habitan en Jerusalén>>, y después de aclararles que ninguno de los discípulos estaban ebrios(Hchs. 2: 14, 15), les cita al profeta Joel (Hchs. 2: 17-21). Al citarles la profecía de Joel, acerca de lo cual estaremos viendo en un momento, les estaba intentando explicar lo concerniente al suceso que recién había acontecido, del cual habían sido testigos directa o indirectamente muchos, y que había sido tan prominente: La venida del Espíritu Santo y Su poder.
Pero atención a esto, Pedro es conocedor de que esa profecía de Joel no tenía su cumplimiento completo en ese momento. Si ponemos cuidado, nos damos cuenta de que esa profecía es para el final de los tiempos actuales, ya que al derramamiento del Espíritu Santo le sigue inmediatamente el “Día del Señor”, que es el día de la ira de Dios (por favor, véase Is. 13: 7, 9; Ez. 30: 30; Joel 1: 15; 2: 1; 2: 11; 3: 14; Am. 5: 18, 20; Abd. 15; Sof. 1: 7; Zac. 14: 1, 3; Mal. 4: 5; 1 Ts. 5: 2; 2 P. 3: 10).
El Día del Señor es el evento terrible que está para ocurrir en el contexto de la llamada Gran Tribulación que todavía ha de llegar sobre este mundo impío (Ap.16, etc.). Entonces, ¿cómo entender todo esto?
Veamos, Pedro dice: <<mas esto es lo dicho por el profeta Joel>> (Hechos 2: 16). Pedro menciona la profecía de Joel (2: 28-32), como pre-cumplimiento de la misma. Lo que Pedro se viene a referir en Hechos 2: 16-21, no incluye todo lo que fue profetizado por Joel (2: 28-32). Esto se conoce como la ley de la referencia doble, en la cual una profecía tiene su cumplimiento parcial en un momento dado, y un cumplimiento completo en otro momento, más tarde.
Como sabemos, de esa profecía sólo se cumplió la primera parte, a saber: <<Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán>> (Hechos 2: 17, 18)
El resto de la profecía no se cumplió en los días de Pedro, y todavía no se ha cumplido; a saber: <<Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto>> (Hechos 2: 19, 20)

"y la luna en sangre"
El cumplimiento a cabalidad de esa profecía de Joel, como ya adelantamos, vendrá a ser en los días de la Gran Tribulación, y continuará hasta el final de la misma, ya que los datos que aporta acerca del sol convirtiéndose en tinieblas, y la luna en sangre, son justamente previos a la venida en gloria del Mesías.
Para los judíos, y en Israel
Así como Pedro se está dirigiendo a los israelitas, también el cumplimiento total de la profecía de Joel será para Israel, y en su tierra.

Israel
Si prestamos atención, toda la profecía, en su cumplimiento completo, se realizará de una sola vez, y nos da ubicación precisa en cuanto al tiempo y al lugar. Veremos en un instante que ya estamos cerca del tiempo del cumplimiento a cabalidad de esa profecía: Joel 3: 1, 2, <<Porque he aquí que en aquellos días, y en aquel tiempo en que haré volver la cautividad de Judá y de Jerusalén…>>
Desde mayo del año 1948, Israel existe de nuevo como nación, cumpliéndose las palabras del profeta Isaías: <<¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez?...>> (66: 8)
En un solo día se reestableció la nación de Israel. Desde aquel momento, empezó la cuenta atrás. El profeta Joel dijo que Dios reunirá a todas las naciones y las hará descender al valle de Josafat (Joel 3: 2). Ese será el lugar donde tendrá lugar la batalla de Armagedón (Ap. 16: 14, 16)
Podemos añadir que aquellos discípulos en el día de Pentecostés, experimentaron un poco de lo que va a ocurrir por el Espíritu al final del periodo de la Tribulación, cuando la nación de Israel sea verdaderamente avivada (Ro. 11: 26, 27). Eso resultará en una gran cosecha en cantidad de personas y manifestaciones espirituales que serán otorgadas a las gentes de todas las edades, ambos hombres y mujeres.
No podemos dejar de lado que el libro de Joel esta unido a la salvación de los judíos previa al retorno glorioso de Jesucristo, y eso será en el contexto del periodo de la Tribulación (Ro. 11: 25-27; Ap. 7: 1-8)). ¡Dios todavía no ha terminado con Israel!
Seguimos hablando, a continuación, sobre estas cuestiones en el siguiente artículo:
Las lluvias, temprana y tardía,
y
el Avivamiento Mundial (II)
© Miguel Rosell Carrillo
Marzo 2006; Madrid, España
