LA EXHORTACIÓN DE PABLO A TIMOTEO

“Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre  Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios”

Introducción

En el contexto de esta epístola, Pablo está preso por segunda vez en Roma, a causa de la terrible persecución de Nerón contra los cristianos.

De ese encarcelamiento ya no iba a salir. El estaba en una celda fría (4: 13), en cadenas (2: 9), y sin esperanza alguna de ser liberado (4: 6).

Estaba abandonado por todos aquellos que habían estado cercanos a él, por temor de la persecución, y estaba esperando su inminente ejecución:

“Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano” (4: 6)

En esta carta, Pablo ya consciente de que su fin estaba cerca, entre otras cosas, exhortó a su discípulo Timoteo a permanecer fiel en sus deberes (1: 6)

Parece que Pablo pudo haber tenido algún motivo para temer que Timoteo estuviera en peligro de debilitarse espiritualmente.

No hay indicaciones precisas e históricas en otras partes del NT que muestren la razón por la cual Pablo estaba tan preocupado, sin embargo, existe evidencia a partir de esta misma epístola en este sentido.

1. El cuidado de los más maduros en la fe hacia los menos maduros

“Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día”:

Pablo, a pesar de su condición de preso en cadenas, soportando y sufriendo en lo natural lo que no podemos llegar a imaginar, todavía tenía fuerzas y ánimo para ocuparse de la salud espiritual de su hijo espiritual, Timoteo. Este debería ser un ejemplo contundente para nosotros.

a) “Doy gracias a Dios…”: No era en sus fuerzas, sino en el poder de Dios. Así lo reconocía Pablo. Era por Su poder (y por ello Le daba gracias) que constantemente (de noche y de día) tenía presente en sus oraciones al joven Timoteo.

b) “…al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia…”. Pablo decía servir a Dios con limpia conciencia siguiendo el ejemplo de sus padres y aun abuelos; es decir, que venía de generaciones de creyentes judíos. El hecho de que en el judaísmo servía a Dios con conciencia limpia, no significaba que estaba en la verdad, como fue el caso, ya que era perseguidor de cristianos.

Lo que Pablo le estaba diciendo a Timoteo, es que en todo caso, él servía a Dios con honestidad, según el entendimiento que tenía, y que por tanto, Timoteo debía hacer lo mismo.

Parece ser que Timoteo parecía ceder a la tentación de hacer como todos aquellos que en esos días abandonaron a Pablo. Corría peligro de no servir a Dios de todo corazón, por causa de la persecución, por miedo y temor, así como por desánimo.

Resulta paradójico que aquel que estaba realmente sufriendo directamente y en carne viva el efecto de la persecución, estuviera alentando y animando al que todavía no sufría eso.

2. El descuido del deber de Timoteo

“… trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre  Eunice, y estoy seguro que en ti también”:

Pablo, en esa preocupación por Timoteo, le habla directamente de la fe reconocida de su abuela y de su madre. No obstante es paradójico y da que pensar, que apostilla la frase diciendo: “…y estoy seguro que en ti también”.

Le viene a decir que esa “fe no fingida”, y por lo tanto, real, que estaban en esas mujeres, también debería estar en él, como que quería creer que así era… ¿Por qué le escribiría de ese modo?

Timoteo debía continuar la obra de Pablo, se entiende la obra de manifestar el evangelio, pero se daba cuenta de que su discípulo andaba algo desmotivado, y hasta desanimado.

Este “…y estoy seguro que en ti también”, a pesar de parecer ser una indirecta, no dejaba de ser un mensaje de ánimo para Timoteo. Era una manera de alentarle, de empujarle en la fe. De alguna manera le estaba recordando lo que Dios ya había hecho en él y a través de él.

Poniendo el don por obra
“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”:

Si Pablo le decía a Timoteo que debía avivarse, claramente aquí ya le estaba comunicando que no estaba satisfecho con el nivel de entrega y de darse a sí mismo a la obra del evangelio que parecía estar demostrando.

“…que avives el fuego del don de Dios…”: Avivar significa mantener vivo el fuego. Ese “fuego” no es en cuanto a cuestión emocional alguna, sino en cuanto al “don”. Es decir, que Timoteo tenía “don” el cual debía avivar o activar.

Se puede tener “don”, pero al no usarlo con fe, es como si no se tuviera. Todo miembro adolece si no se usa.

El “don” es la capacitación espiritual del creyente.

(Romanos 12: 4-8) “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, 5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. 6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”

Las diferentes capacitaciones espirituales, han de usarse para el bien de la obra de Cristo. Para ello es imprescindible poner fe y acción.

Timoteo debía en esos momentos volver a poner su fe por obra en la gracia y poder de Dios.

3. La inclinación carnal de Timoteo

7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios”:

Pablo enseñaba a Timoteo en esos momentos en los que el discípulo estaba flaqueando que, Dios no nos ha dado “espíritu de cobardía”.

La palabra que se traduce por “cobardía” es “deilia” en griego, y se traduce por: “Timidez, cobardía, miedo, temor”

Escribe MacArthur: “La palabra griega también se puede traducir por timidez, y denota un temor vergonzoso y pusilánime ocasionado por un carácter débil y egoísta”

Entonces, debemos entender aquí que Dios no nos ha dado un espíritu de todas estas cosas, véase: “Timidez, cobardía, miedo, temor”.

Nada de estas cosas vienen del Espíritu de Dios, y nada de estas cosas debemos aceptar, ni vivir en ellas.

No obstante, es evidente que Timoteo en esos momentos se dejaba llevar por ese espíritu terrenal. El motivo era debido a la terrible persecución que se cernía contra los creyentes por la mano diabólica de Nerón.

No obstante démonos cuenta de la tremenda paradoja entre Pablo y Timoteo. Al contrario de Timoteo, Pablo estaba bajo los efectos directos de la persecución, encarcelado y sabedor de su muerte próxima, y sin embargo, estaba tranquilo y confiado en Dios:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Ti. 4: 7-9)

El quizás sentirse así Timoteo podría ser por otros motivos:

1) El rechazo sufrido por aquellos de Efeso que le tuvieron en poco, y no aceptaban su papel (1 Ti. 4: 12)

2) Los asaltos de los falsos maestros con sistemas sofisticados de engaño.

El problema de Timoteo es que se veía demasiado a sí mismo, y por tanto a sus propias limitaciones, en vez de confiar en Dios y lanzarse en fe.

Nada podemos hacer por nosotros solos, pero en el Señor, todo lo podemos.

Escribe MacArthur:

“Si Timoteo se sentía temeroso, era algo que no procedía de Dios”

4. La respuesta de Dios a Timoteo

“Porque… nos ha dado Dios espíritu de poder, de amor y de dominio propio 8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios”:

Dios ya nos ha dado todo lo necesario para “pelear la buena batalla” (1 Ti. 6: 12; 2 Ti. 4: 7). Nos ha dado el poder y todos los recursos espirituales que se necesitan para atender Su obra, a pesar de las amenazas y de las pruebas. Sólo hay que andar en fe y en obediencia.

El amor es la motivación para realizar la obra del Señor, y eso es Su don también.

El dominio propio se refiere a una mente disciplinada que mantiene sus prioridades en orden. Esto se opone frontalmente al temor, la cobardía, la inseguridad y afines que más bien llevan a la parálisis espiritual y a la derrota.

Como escribe MacArthur:

“Si los creyentes enfocan en la naturaleza soberana y los propósitos perfectos de nuestro Dios eterno, podrán controlar su vida con sabiduría y confianza conforme a la piedad en cualquier situación”

La participación de la aflicción por el Evangelio
(V. 8) “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios”:

El privilegio de Pablo era el de participar de las aflicciones por el Evangelio en aras de la Eternidad, y esa era una constante en su predicación. Hoy en día, casi no se tiene en cuenta esto desde el púlpito. Timoteo todavía no había entendido esto, y muchos hoy en día tampoco.
Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Marzo 2010
www.centrorey.org