
| Predicaciones 2008 | ||
LA BENDICIÓN SUJETA AL TIEMPO Y AL ESPACIO ACTUALES1 Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. 2 Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. 3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. 4 Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. 5 Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. 6 Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. 7 Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. 8 Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. 9 Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. 10 Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. 11 Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. 12 Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. 13 Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, 14 y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles” (Deuteronomio 28: 1-14) Introducción Esta promesa fue específica para el Israel del A.T., la cual no pudo llegar a cumplirse enteramente hasta la fecha, dado el incumplimiento de la condición que Dios les hizo: el guardar y poner por obra Sus mandamientos. No fue Israel precisamente fiel a Dios, pero esa promesa se cumplirá en relación a Israel en el Milenio. No obstante, la Iglesia puede sacar un provecho muy apreciable de esta porción bíblica. Evidentemente, nosotros en este tiempo, contrariamente a lo que Dios pretendió con Israel, no vamos a ser exaltados sobre las naciones de la tierra (V. 1b), de hecho más bien somos menospreciados: “y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Co. 1: 28) Por lo general, tampoco nos temen las gentes (V. 10b) Tampoco nos va a confirmar Jehová por pueblo santo Suyo (V. 9), porque todos los verdaderamente nacidos de nuevo somos, no sólo Su pueblo sino la Desposada de Su Hijo (¿cabe mayor confirmación que esa?) Tampoco tiene que ver con la cuestión del territorio (V. 11b), ya que la Iglesia no tiene un país que Dios nos vaya a dar: “porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13: 14) Tampoco toda la Iglesia tiene que ver con las cuestiones de la tierra, si llueve a tiempo o no (V. 12) Tampoco la Iglesia “presta a las naciones y no pide prestado” (V. 12). ¿Quién no ha pedido prestado al banco para pagar su hipoteca, o esto o aquello? Como dije estas cuestiones, tenían que ver con Israel (y será así en el Milenio). No obstante, nosotros, la Iglesia de Cristo, y como individuos, también participamos de gran parte de esas promesas, si nos mantenemos fieles al Señor. Veamos algunos aspectos de todo esto. Dios se goza en bendecir“3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. 4 Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. 5 Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. 6 Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. 7 Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. 8 Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da”: Cuando somos fieles al Señor, viviendo conforme a la ley de Cristo (1 Co. 9: 21; Gl. 6: 2), tenemos bendición de parte de Dios, lo cual nada tiene que ver con las pruebas y dificultades propias de la vida y del tiempo y lugar, cuando y donde nos haya tocado vivir. Significa esto que la bendición de Dios es coexistente con la dificultad de la vida o a pesar de la dificultad de la vida. Un ejemplo de ello lo tenemos con el apóstol Pablo cuando dijo: “¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?” (2 Corintios 11: 29) En ese sentido, la bendición en general está en algún sentido limitada al efecto de la caída del hombre por su pecado, que trajo muerte y destrucción: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre…porque así como en Adán todos mueren…” (1 Co. 15: 21, 22) A. La bendición alcanza al creyente donde esté“3 Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo”: Al creyente fiel Dios le bendice allí donde esté, sea en la ciudad o en el campo. Eso también significa que no le es problema alguno a Dios bendecir a sus hijos en medio de cualquier circunstancia, lugar, etc. Hablamos aquí de bendiciones en general. B. Dios bendice nuestro fruto“4 Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas”: Los hijos es lo primero que Dios bendice. Los hijos son nuestra primera herencia. Es bien cierto que tienen más probabilidades de conocer al Señor los hijos de cristianos fieles que todos aquellos cuyos padres son impíos, o falsos creyentes. Dios bendice la obra de nuestras manos, así como nuestras posesiones y pertenencias, no para atesorarlas per se, sino para que sean de bendición también para otros. C. Dios bendice nuestro sustento“5 Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar”: La Palabra de Dios es muy clara en cuanto a que por lo general, no es la voluntad de Dios la hambruna entre sus hijos. El salmo 37: 25, es muy claro: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” Muchas veces es por la negligencia de los creyentes que estos son pobres (estamos hablando de verdadera pobreza, no de no ser ricos). Otras veces, y sobre todo en circunstancias complejas geográficamente hablando, esa pobreza es un hecho, aunque a medio y largo plazo, es la voluntad de Dios que Su pueblo avance en todos los frentes, en este en concreto también. Las pruebas de Dios Dios quiere bendecir nuestro sustento, no obstante, a veces no siempre ocurre así. El ejemplo de eso lo tenemos en el hambre que se produjo en Israel en la época de los Hechos de los apóstoles: “En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea” (Hechos 11: 27-29) Cuando se produjo el hambre en Judea por no haber lluvia por muchos meses, todos sufrieron, incluidos los creyentes, pero eso fue debido a un acto soberano de Dios, quien es justo y prueba la mente y el corazón (S. 7: 9). Ese fue un acto para despertar en los discípulos el amor a los hermanos necesitados. Además, dentro del contexto de las pruebas y tribulaciones, tanto el hambre como otras aflicciones son una realidad muchas veces: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero” (Romanos 8: 35, 36) Dios lo permite para probar que nada que nos pueda ocurrir nos podrá separar de su amor, y esa es la mayor de las bendiciones. D. Somos bendecidos en nuestro discurrir por la vida“6 Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir”: La protección del Señor es un hecho siempre, pero no hemos de ver esto como un fin en sí mismo en esta tierra. La protección del Señor siempre, siempre es en aras a la eternidad. Acordémonos de las palabras del Señor Jesús: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar…” (Mateo 10: 28) E. Victoria sobre los enemigos“7 Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti”: Mayormente esto siempre lo hemos de entender como que son nuestros enemigos espirituales. Por la victoria de Cristo que “despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2: 15), podemos seguir echando fuera demonios (Mr. 16: 17). También se puede llegar a entender como los enemigos humanos que se levantan contra nosotros, siempre que actúen sin el consentimiento de nuestro Dios, y de esa manera quiera Él glorificarse, derrotándolos. Otra vez, debemos entender que esta derrota sobre nuestros enemigos no es absoluta en este tiempo y lugar, puesto que la muerte, como postrer enemigo, todavía no ha sido derrotada: “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Co. 15: 26) Conclusión Entendamos que en este tiempo y lugar, todo es incompleto, pero por la Cruz, llegará un día en que todo será sujetado a Cristo, y este al Padre, llegando la perfección a ser una realidad, como lo es en el Cielo: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. 24 Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. 25 Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. 27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15: 22-28) Nosotros esperamos cielos nuevos y tierra nueva; allí estará la bendición al completo y completa: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3: 13) Dios les bendiga. © Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro del Rey Jesucristo, Madrid, España.
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