LA ORACIÓN PAULINA (I)

(Efesios 3: 14-21) “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones...”

1. Ruego por causa de los santos de origen gentil

(Efesios 3: 14-16) “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra...”:

Por causa de que:

  1. Los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo (juntamente con los judíos) (Ef. 3: 6)
  1. Los gentiles son copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual Pablo fue hecho ministro por el don de la gracia de Dios que le fue dado según la operación de su poder. (Ef. 3: 7)
  1. La multiforme sabiduría de Dios es ahora dada a conocer por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales. (Ef. 3: 10)

Pablo dobla sus rodillas ante el Padre en el nombre de Jesucristo, para una serie de rogativas.

Dios es Padre de Sus hijos
Antes consideramos lo siguiente acerca de “el Padre... de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra”.

Pablo no enseña aquí la paternidad universal de Dios o acerca de la hipotética, y a todas luces, inexistente hermandad universal del hombre.

Muchos han tomado ese versículo para defender el humanista concepto de la hermandad de todos los hombres. No obstante la Biblia es muy clara cuando hace una tajante diferencia entre los hijos de Dios y los hijos del diablo, al calificar la humanidad entera:

(1 Juan 3: 10) “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.”

Esta porción escritural de Efesios 3: 15, no nos habla de concepto humanista alguno, sino de los creyentes que han pertenecido y pertenecen a todas las épocas históricas en toda la tierra – por lo tanto – tanto los que ya partieron (y están en los cielos), como los que siguen en vida. Dios ve a sus hijos como individuos y como grupos:

(Hebreos 2: 11) “Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos

Pablo dobla rodillas
(Efesios 3: 14) “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo”:

La postura de oración en el templo de Jerusalén era de pie (Mt. 6: 5; Lc. 18: 11, 13), no de rodillas. Escribe el autor comentarista de Matthew Henry:

“Orar de rodillas, aunque ha llegado a ser una actitud cristiana normal, era antiguamente expresión de profunda emoción o anhelo, y sobre esta base hemos de entender aquí las palabras de Pablo”

Es decir que, el énfasis no es tanto en cuanto a la postura física, sino en cuanto a que indica una actitud de sumisión, reverencia y pasión intensa por las cosas de Dios, y por Dios mismo.

En definitiva, lo importante, no es la postura física, sino la postura del corazón.

2. Razón del ruego

(Efesios 4: 16, 17) “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones”:

Pablo es uno de esos ejemplos de cristianos, que no piden para sí mismos, más que piden por y para los demás hermanos; y más que otra cosa, en relación a la mejor expresión del bienestar; el bienestar espiritual:

(Filipenses 1: 1-5) “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, 4 siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros,  5 por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; 6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”

(Colosenses 1: 9- 10) “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios”

(1 Tesalonicenses 1: 2, 3) “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones,  3 acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.”

El ruego de Pablo al Padre de nuestro Señor Jesucristo, era una intercesión dirigida a que:

  1. Recibieran, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.

Y para que de ese modo:

  1. Habitara Cristo por la fe en sus corazones.

A. Recibir conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu:

“para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria...”

Dios tiene diferentes tipos de riquezas (polutos en gr.), o expresiones de las mismas:

Dios es:

Rico en benignidad, paciencia, grandeza y constancia de ánimo en las adversidades:

Romanos 2: 4 “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”

Rico en gracia:
Efesios 1: 7 “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia

Rico en gracia y en bondad:
Efesios 2: 7 “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.”

Rico conforme a Su gloria:
Filipenses 4: 19 “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

B. Hombre interior y hombre exterior

(Ef. 3: 16b) “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu”:

La voluntad de Dios para con cada hijo Suyo, es la de bendecirle, principiando con el fortalecimiento del llamado “hombre interior”.

Existe el “hombre exterior”: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.” (2 Corintios 4: 16)

Ese hombre exterior es evidentemente, el cuerpo físico, el cual con los años va deteriorándose, esperando la resurrección del cuerpo o su transformación (1 Co. 15: 44; 51)

Y está el “hombre interior”, que se deleita en Dios y en Sus preceptos: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (Ro. 7: 22).

Por tanto, el hombre interior, es la realidad de la persona; la verdadera personalidad del sujeto. En el caso de un cristiano, y por tanto, nacido de nuevo, el hombre interior ha experimentado el resultado de la obra de salvación y santificación del Espíritu Santo, por los únicos méritos de Cristo al derramar Su sangre, por eso se deleita en Dios.

Pablo dobló rodillas ante el Padre para rogar que fortaleciera con poder el espíritu de cada uno de esos nuevos creyentes procedentes del mundo no judío (es decir, gentil).

Eso era impensable unos años antes; los gentiles viniendo a Dios y siendo un mismo pueblo con los judíos (ver Ef. 2: 14), y Dios obrando en la profundidad de sus vidas.

Y esto es para todos en Cristo, tanto para judíos como para gentiles. Escribe MacArthur:

“El poder espiritual es un distintivo de todo cristiano que se somete a la Palabra y el Espíritu de Dios. No está reservado para alguna clase especial de cristianos, sino para todos los que tengan disciplina en su mente y espíritu para estudiar la Palabra, entenderla y vivirla. Aunque el aspecto físico de la persona se debilita con la edad, la persona en su interior debería crecer y fortalecerse cada vez más a través del Espíritu Santo, quien impartirá energía, revitalizará e investirá de poder al cristiano obediente y comprometido” (MacArthur)

C. Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones

17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones”:

Todo creyente verdadero es habitado por Cristo desde el momento en que se entregó a El, al recibirle con fe (Jn. 1: 12). Pero el Señor se siente cómodo en casa, que es nuestro ser (ya que cada uno somos templo de Dios – 1 Co. 3: 16), cuando ese cristiano se ha rendido de veras a Él, y consecuentemente ha abandonado todo pecado y deseo de pecar.

El hombre interior de ese creyente puede así ser realmente fortalecido, y en el proceso de ese fortalecimiento, Cristo habita por fe en nuestras vidas, lo cual implica que nuestro ego carnal o pecaminoso, va debilitándose, cumpliéndose a cabalidad:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2: 20)

Sólo de esta manera podremos agradar a Dios//

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
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