Dos iglesias buenas del Señor (II)
28/01/2007
Leer Apocalipsis 3: 7-13
Introducción
En esta segunda parte, acerca de las dos iglesias del Apocalipsis que son prototipos de las buenas iglesias del Señor para todos los tiempos; la de Esmirna y la de Filadelfia, veremos acerca de la de Filadelfia.
La ciudad de Filadelfia fue fundada por el rey Atalo II, rey de Pérgamo (159 a. C. al 138 a. C.). Muy leal a su hermano Eumenes, le valió dicha lealtad el sobrenombre de Filadelfo, que en griego significa <<amigo del hermano>>. Por ello, Eumenes, dio a la ciudad el nombre de Filadelfia; esto es <<afecto fraternal>>.
Estaba situada a unos 45 Kms. al sureste de Sardis, en un valle muy fértil por donde corre el río Cogamis, afluente del Hermo. Era una ciudad muy abierta a las influencias externas; de ahí que el Evangelio encontrara cabida.
1. (V. 7-13) El mensaje al ángel de la iglesia en Filadelfia
(V. 7) <<Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre>>:
De nuevo, la orden del Señor de que Juan escribiera al responsable; al enviado de la iglesia que estaba en Filadelfia.
El Señor se presenta como el Santo, que en el contexto general de la Biblia este epíteto se aplica a Jehová.
El es el Verdadero, en el doble sentido de <<genuino>> y <<verídico>>.
También se presenta como el que tiene la llave de David, haciendo alusión a Isaías 22: 22, que dice del siguiente modo:
<<Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá>>
En ese contexto, se entiende que el que tiene esa llave, en este caso el Señor Jesús, tiene completa autoridad; en este caso, sobre el Reino Mesiánico que está por establecerse.
(V. 8) <<Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre>>:
Esas obras eran hechas en Dios, en todos los aspectos. Otra vez aquí vemos que el Señor conoce nuestra obra en Él, y la actitud y motivación por las cuales la hacemos.
El Señor abre una puerta ante la iglesia. Esta es una puerta que nadie podrá cerrar. Satanás nunca podría atentar con éxito contra esa iglesia fiel al Señor, ni contra ninguna de las que también lo sean.
En 4: 1, a Juan, como tipo de iglesia, se le abre una puerta en el cielo para que entrar por ella al Cielo.
Cuando Moisés golpeó con su vara las aguas del mar Rojo, los israelitas pasaron a través del mar sin mojarse.
Cuando Pedro fue encarcelado en Hchs. 12, fue liberado sobrenaturalmente, pasando milagrosamente a través de los guardias.
Así pues, una puerta abierta es sinónimo de una apertura sobrenatural, expresión de un acto soberano de Dios, para que el pueblo de Dios pueda pasar y hacer Su voluntad sin que el enemigo pueda hacer absolutamente nada al respecto para impedirlo.
La iglesia de Filadelfia recibió de parte de Dios un don: Una puerta abierta. Esa puerta abierta es por la que la iglesia debía entrar para hacer la voluntad de Dios que específicamente Él tenía para esa congregación.
Por lo tanto, lo que Dios les había dado a realizar, el diablo no lo pudo impedir.
Este mismo principio actúa para todas las congregaciones del Señor.
(V.8b) <<porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre>>:
En el griego original, la traducción sería: “pequeño, tienes poder”
Aunque eran pocos en número, eran poderosos en el Espíritu. La razón de eso último, es que “guardaban Su palabra”. Es imposible guardar la palabra de Cristo, que implica hacer Su voluntad, sin ser poderoso en el Espíritu, porque para hacer Su voluntad, se precisa ser lleno del Espíritu Santo.
Al hacer la voluntad de Cristo, era imposible que pudieran negar Su nombre.
(V. 9) <<He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado>>:
Es un hecho histórico conocido el que muchos judíos, influyentes de aquella época, se pusieran de acuerdo con las autoridades romanas para perseguir a muerte a los cristianos, tanto de origen judío como gentil.
De hecho, fueron esos llamados judíos <<sinagoga de Satanás>> los que instigaron todo lo que pudieron y con gran ferocidad contra los cristianos. No obstante, hemos de hacer aquí otra lectura del caso.
Todo el que parece que es de Dios, pero niega a Dios, es “sinagoga de Satanás” sin duda, y estos son enemigos frontales de los verdaderos de Dios.
En el caso que nos ocupa, los de Filadelfia recibieron de parte del Señor la promesa de que iba a entregar a algunos de esa sinagoga de Satanás que se decían creyentes.
Estos que dicen ser de Dios, pero que mienten, iban a ser expuestos a la luz, y milagrosamente, iban a reconocer, postrados ante aquéllos, que el Señor los amaba.
Hasta los demonios harán un día eso, cuando no tengan más remedio que reconocer que Jesús es el Señor (Fil. 2: 10, 11).
Cuando uno persevera en Dios, a pesar de haber sufrido mucha calumnia, al final, es vindicado por el Señor. ¡Dejemos que sea el Señor el que nos defienda!
Dice Proverbios 16: 7 <<Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él>>
La iglesia protegida
(V. 10) <<Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra>>:
No era nada fácil ser un verdadero cristiano en aquella época en una ciudad como Filadelfia, así como en las demás, tan llenas de paganismo y animadversión contra los cristianos. Tampoco lo es fácil en estos tiempos actuales donde la tentación abunda por doquier.
No obstante, los fieles de Filadelfia habían pasado la prueba con éxito, y el Señor les promete que les iba a guardar de la persecución que iba a desencadenarse en todo el mundo conocido de la época, como así fue.
Curiosamente, a la fiel iglesia de Esmirna le fue concedido el sufrir persecución, mientras que a la también fiel iglesia de Filadelfia, no.
El versículo que hemos leído se cumplió del todo: La iglesia sita en Filadelfia no sufrió ninguna de las persecuciones que sufrieron todas las demás; a saber:
En la persecución de Trajano (111-112 d. C.), unos quince años después de que se escribiera el Apocalipsis, todas las iglesias sufrieron mucho, excepto la de Filadelfia.
Permaneció intacta cuando el naciente Islam exterminó prácticamente todas las iglesias del Asia Menor.
Durante las invasiones de Tamerlán (s. XIV), nuevamente fue protegida milagrosamente mientras las demás iglesias del Asia Menor eran destruidas del todo.
Dice Barchuk (en Matthew Henry): <<Aun los mismos mahometanos no podían comprender esto, porque nadie molestó a la iglesia de Filadelfia, y la llamaron “Alashir”, es decir, “Ciudad de Dios”>>.
De cara a todos los que son fieles
<<...yo también te guardaré de la hora de la prueba...>>:
En el griego original, el verbo y preposición son <<teréso ek>>, y debería traducirse mejor como <<guardaré fuera de >>; en otras palabras, que el Señor guardará a la iglesia FUERA de la tribulación.
Esta promesa también tiene un sentido escatológico. La iglesia de Filadelfia es el tipo de iglesia que el Señor viene a recoger (1 Ts. 4: 14-18). Antes de que Dios juzgue a este mundo, recogerá a su pueblo fiel para protegerlo de lo que no va destinado a él, sino al mundo (<<los que moran sobre la tierra>>): La ira de Dios.
(V. 11) <<He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona>>:
Cristo viene enseguida (lit. griego). Aquí hay un carácter de urgencia constante. La lección aquí es que Cristo viene enseguida para todos:
Este es un mensaje no sólo para los de Filadelfia, que al fin y al cabo, partieron ya hace mucho para estar con el Señor; ¿Estamos preparados ahora mismo nosotros?
(V. 11b) <<...retén lo que tienes...>>: Al que es fiel, como lo eran los de Filadelfia, el Señor les dice que retengan lo que tienen. ¿Qué es lo que tienen los que son fieles?: Todo lo que el Señor ha invertido en ellos en materia de carácter y obras: Lo que se es y lo que se hace. Si eso es bueno, hay corona asegurada. Dios desea recompensar siempre, y lo hace con ganas a todos aquellos que son realmente fieles a Él.
(V. 11c) <<... para que ninguno tome tu corona>>:
Nadie puede robarnos nada de lo que Dios nos da, excepto si nos lo dejamos quitar. He aquí algunos ejemplos:
a) Cuando, al no perdonar y mantener la herida sin sanar, se cae en amargura, perdiendo el primer amor (Ap. 2: 4).
b) Cuando decidimos creer las mentiras del enemigo en vez de creer la verdad de Dios.
c) Cuando dejamos que el amor por las cosas de este mundo inunde nuestro corazón (1 Juan 2: 15-17).
d) Cuando creemos antes a nuestro corazón engañoso, que a la voz y la verdad de Dios (Jer. 17: 9).
e) Cuando apagamos el Espíritu.
f) Cuando acabamos justificando el pecado.
g) Cuando negamos la verdad de este libro (Ap. 22: 18). Etc. etc.
El diablo siempre intentará quitarnos las recompensas que Dios ha preparado para nosotros por serle fieles. Escribe el apóstol Pablo:
<<Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado>> (1 Corintios 9: 26, 27).
Pablo no temía por la pérdida de su salvación, es decir, de su entrada en el Cielo, pero sí que reconocía que existía el peligro de perder su galardón en la eternidad por no poner su carne en sujeción.
Temía que, habiendo él sido un buen maestro a tantos, se descuidara, y acabara él mismo siendo eliminado de esta carrera, que es nuestra vida en Cristo aquí en la tierra.
(V. 12) <<Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo>>:
Esta primera expresión está llena de significado. El apóstol Pedro dice que todos los creyentes somos piedras vivas, y que estamos sobreedificadas sobre la piedra principal del ángulo (1 P. 2: 4-7; ver también Ef. 2: 20-22).
No obstante, el ser columna en el templo de Dios, es algo más grande que ser sólo una piedra en la pared, puesto que una columna, además de adornar, sobretodo lo que hace es sostener parte de ese templo.
Al que venza, Cristo le dará el privilegio de estar siempre ante Dios, viéndole cara a cara.
David no deseaba otra cosa sino vivir para siempre en el templo de Dios:
<<Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo>> (Salmo 27; 4).
Esto nos habla también de profunda y sólida comunión con Dios.
(V. 12b) << y (1º) escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y (2º) el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y (3º) mi nombre nuevo>>:
Lo primero indica protección y pertenencia. Con el nombre de Dios encima de nosotros, nadie nos puede arrebatar de Él, porque a Él pertenecemos.
Lo segundo nos habla de ciudadanía. Nuestra ciudadanía es celestial (Fil. 3: 20). Esa ciudad, la Nueva Jerusalén, es en realidad la Esposa del Cordero (Ap. 21: 9ss)
Juan ve el <<...fulgor que era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal>> (Ap. 21: 11), porque esa ciudad refleja la gloria de todas las obras de la Iglesia hechas en Dios, las cuales son metales y piedras preciosos (ver 1 Co. 3: 12ª).
Lo tercero, también nos habla de pertenencia, somos de Dios, porque somos de Cristo. Cristo escribirá sobre cada vencedor (como los vencedores de Filadelfia) Su nombre nuevo.
Esto también nos habla de una revelación muy especial, en el contexto de una profunda y muy íntima comunión.
(V.13) <<El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias>>:
Así pues, estas promesas dadas a los de Filadelfia, son extensibles para todos aquellos que venzan como venció aquel puñado de fieles de aquel tiempo en Filadelfia, que aunque eran pocos, y para nada una “mega iglesia”, estaban realmente comprometidos con el Señor y Su obra.
Dios les bendiga
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
Enero 2007
www.centrorey.org
