RECIBIÉNDONOS UNOS A OTROS
La intimidad según Dios
Romanos 15: 7 <<Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios>>
Salmo 25: 14, <<La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto>>
Salmo 133: 1-3 <<¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! 2Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; 3Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna>>.
Introducción
El ser humano fue creado por Dios, entre otras muchas razones, para disfrutar de INTIMIDAD. Me refiero por intimidad, a esa que disfrutamos en el marco de nuestro sano retiro con Dios, personal y colectivo.
Definimos la INTIMIDAD como: “Amistad íntima”. “Parte reservada o más particular, de los pensamientos, afectos o asuntos interiores de una persona, familia o colectividad” (Diccionario Lengua Española)
Primero con Dios <<Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto>> (Mateo 6: 6). Este “secreto” denota intimidad; intimidad con Dios.
Salmo 25: 14, <<La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto>>
Proverbios 3: 32; <<Porque Jehová abomina al perverso; mas su comunión íntima es con los justos>>
En lo familiar
Con el cónyuge, y la familia en general. La familia es esa gente que Dios ha puesto muy cerca de ti; a tu alrededor. Es incuestionable la importancia de tener INTIMIDAD con tu gente.
1. El uso abusivo e inadecuado de la intimidad
Partiendo de la base de que la intimidad, como venimos diciendo, es parte intrínseca del ser humano; queremos aquí añadir acerca de los ABUSOS que se pueden producir cuando ésta se lleva a un extremo insano.
La intimidad puede llegar a perder su sentido de bendición cuando, llevándose a cabo insanamente, se vuelve un instrumento para fomentar actitudes separatistas de diferente orden; llámeseles clasistas, racistas, xenófobas, interesadas, partidistas, etc. donde el egoísmo, la mezquindad, la autosuficiencia, el “apartheid”, etc. afloran de alguna manera.
Para el cristiano, existen dos tipos de familia: La familia natural y la familia de la fe.
En ambos casos, mayormente en el segundo, el cristiano debe buscar la koinonía siempre que pueda ser (por lo general, no siempre es fácil con el primer tipo).
Pero, ¿qué ocurre cuando esto se lleva a un extremo? Nos transformamos en seres excluyentes respecto a cualquiera que no sea de nuestro “clan”. Esto está mal.
Veamos algunos ejemplos al respecto:
El mal ejemplo de los de Laodicea:
Apocalipsis 3: 14-22 <<Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:15Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 18Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. 19Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. 20He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. 21Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. 22El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias>>
Los de Laodicea eran así. Se creían autosuficientes. Decían de sí mismos que no tenían necesidad alguna, y por ello, no se juntaban con los demás cristianos más pobres, para ellos, más desprovistos de la “bendición”, de la cual creían ellos que rebosaban de parte de Dios.
Hoy en día hay muchos así también. Se ven, por diferentes razones, encumbrados en su torre de marfil pseudo espiritual, y se creen especiales ante Dios. Esa intimidad que dicen tener con Él, es un engaño.
El mal ejemplo de los de Corinto:
<<Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. 18Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. 19Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. 20Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. 21Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. 22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo>> (1 Corintios 11: 17- 22)
De igual modo, los de Corinto menospreciaban a los más pobres entre ellos, que eran los esclavos, eran clasistas, pero eso sí, teniendo una “intimidad” muy característica a modo grupal. Eran grupitos dentro de la iglesia; y Pablo les reprende por ello.
Cuando nuestra relación familiar es de pura exclusividad, y los demás no cuentan, difícilmente estaremos cumpliendo con la ley de Cristo (Gál. 6: 2)
A pesar de que es evidente que nuestra mayor comunión o intimidad, será con los más cercanos (ver el ejemplo de Jesús que de sus doce tenía como más cercanos a Pedro, Juan y Santiago), no por ello dejaremos de buscar la comunión con los demás.
Los que no se congregan
Otro ejemplo de falsa intimidad con Dios es el siguiente. Muchos pretenden justificar su lejanía hacia los hermanos (hasta el punto de no congregarse adecuadamente) aduciendo que su relación e intimidad con Dios les es más que suficiente. Estas son personas religiosas que no han comprendido acerca de la esencia del cristianismo, ni conocen en su corazón lo que la Palabra enseña al respecto.
La Biblia dice: <<no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre…>> (Hebreos 10: 25).
Claramente la Palabra nos habla de juntarnos y reunirnos con los hermanos, y no sólo de tener nuestra particular intimidad con Dios, ajenos a los demás. Por otra parte, es una simple ilusión pretender tener comunión con Dios, si no se tiene o no se quiere tener con los hermanos verdaderos.
Además, muchos entienden por ese versículo de He. 10: 25, que uno, yendo a la reunión dominical y un poco más, ya está cumpliendo con la ordenanza, sin embargo yerran en cuanto al conocimiento verdadero de esta enseñanza y a su verdadero mensaje. Si echamos un vistazo al versículo anterior, leemos:
<<Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras>> (24).
Aquí la Palabra nos está hablando de una verdadera KOINONIA entre hermanos en la fe, y no sólo de un simple asistir a una reunión o culto eclesial “para cumplir”.
Huyamos de la hipocresía.
Leemos en Romanos 12: 9, 10 <<El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros>>
El producto de las heridas sin sanar
Cuando Dios creó a Adán, dijo: <<No es bueno que el hombre esté solo…>> (Génesis 2: 18).
Dios no nos creó para andar en solitario por la vida. Sencillamente eso no es así. No obstante, hay demasiados cristianos que van solos por la vida; muchos porque a causa de sus heridas del alma lo prefieren así (el remedio es el perdonar); otros porque son despreciados por los mismos hermanos, o así lo creen.
Cuando se antepone el bien egoísta a la intimidad con Dios a través de los hermanos
También hay de los que se llaman cristianos, que dan preferencia a sus cosas antes que a las bendiciones de Dios. La comunión con los hermanos es una bendición de parte de Dios. Jesús lo explicó de esta manera en una parábola:
<<Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses>> (Lucas 14: 16-19)
Esa gran cena simboliza aquí la koinonía que Dios quiere que tengamos con Él a través (y con) los hermanos. Esa es una bendición de Dios. No obstante, los invitados se excusaban por no ir a causa de sus asuntos particulares.
2. El amor es lo que nos debe distinguir
Como dijimos antes, la comunión entre los hermanos en la fe, es un don de Dios para aquel que lo sabe apreciar y recibir. Dice así el Salmo 133:
<<¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! 2Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; 3Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna>>.
Ese tipo de comunión, producto del amor de Jesús en nosotros es lo que marca realmente la diferencia entre la gente de Dios y la gente del mundo.
Jesucristo lo dejó BIEN CLARO: <<como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros>> (Juan 13: 34, 35)
Lo que nos distingue (o debería distinguirnos) de los demás habitantes de este planeta, es el amor que nos debemos profesar los unos a los otros.
Ahora bien, ¿cómo poner en práctica esto?, ¿cómo llevar a la realidad el amor?
El amor no es sólo un bello propósito intencional. El amor es realista y pragmático.
Por ello, la primera cosa que los cristianos deberán hacer en aras de cumplir con ese mandamiento, es el de RECIBIRSE LOS UNOS A LOS OTROS.
Jesús nos dio la “receta”:
<<Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos>> (Mateo 7: 12)
¿Qué esperas tú de los hermanos? Lo que tú esperas de los hermanos, dalo tú a los hermanos.
¿Quieres que te reciban en sus vidas? Recíbelos tú en sus vidas.
¿Quieres que te tengan por amigo fiel? Sé tu amigo fiel.
Por eso, MAS BIENAVENTURADO ES DAR QUE RECIBIR. Porque el que anda dándose según la guía del Espíritu Santo, recibe, y además multiplicado.
Muchos se quedan esperando a que les bendigan con una actitud de exigencia, antes de ser ellos de bendición. No es así.
El recibirnos unos a otros en el Espíritu de Cristo, es el cumplimiento del amor.
Leemos en la Palabra:
<<partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios…>> (Hechos 2: 46, 47)
Para aquellos primeros discípulos, que venían de una sana cultura judía (en este caso), lo más normal era el RECIBIRSE unos a otros en sus casas, practicando HOSPITALIDAD, para hablar, compartir, comer juntos, con sencillez de corazón, con agrado, con cordialidad, con amor.
Cristianismo es recibirse los unos a los otros
¡CONVIDÉMONOS UNOS A OTROS! ¡RECIBÁMOS NOS LOS UNOS A LOS OTROS!
© Miguel Rosell, Centro Rey, Madrid, España.
Noviembre 2006
