FELIX Y DRUSILA
08/10/2006
Hechos 24: 22-26
<<Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él. Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo. Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré. Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él>>
Introducción
El apóstol Pablo, estaba en preso, esperando ser llevado ante el césar de Roma, a causa de las acusaciones de los judíos.
El no perdía ocasión de predicar el Evangelio en toda su amplitud ante quien fuera. Preso como estaba, y en condiciones humanamente casi deplorables, se mantenía por la gracia de Dios firme.
En esas condiciones de humana inferioridad, fue capaz de llevar la Palabra al mismísimo gobernador romano de la provincia de Judea, Félix.
<<Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino…>>:
Félix prestó oído a esa doctrina, y se informó bien acerca del Camino (el Camino es la doctrina de Jesús)
Un día, estando todavía preso Pablo, llegó Félix con su mujer Drusila, que era judía, y llamando a Pablo, quiso de nuevo escuchar de su boca acerca de la fe en Jesucristo.
Aunque sus motivos eran torcidos (esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase), le escuchaba con atención.
Y le escuchó con atención, hasta que Pablo tocó algunos puntos concretos:
<<Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó>>.
Muchos también hoy en día son capaces de escuchar acerca de las cosas placenteras del Evangelio, como lo hizo Félix.
Son capaces de oír acerca de las bendiciones de la Cruz, del amor de Dios, de la autoridad espiritual sobre las huestes demoníacas, sobre milagros, etc.
Pero cuando se toca acerca de la JUSTICIA, el DOMINIO PROPIO, y el JUICIO VENIDERO, entonces ya no quieren oír más.
Por lo tanto, nosotros sí vamos a tocar estos temas de los cuales Félix, como tipo del impío, se espantó y no quiso oír más.
1. Disertando acerca de la Justicia
Dice el Diccionario Bíblico que la Justicia es un “Término que aparece con gran frecuencia en las Escrituras, expresando un atributo de Dios que mantiene lo que es coherente con su propio carácter, y que necesariamente juzga lo que está opuesto a él: el pecado.”
Así que lo contrario de la Justicia de Dios, es el pecado. El pecado niega la justicia de Dios.
Es evidente que Félix era un asiduo del pecado. Cuando oyó de parte de Pablo acerca de lo que es justo en relación a Dios, esto hizo que su pecado quedara al descubierto; a la luz, y no le gustó nada.
Leemos en Juan 3: 17-21
<<Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios>>
CUANDO LA JUSTICIA DE DIOS ES LEVANTADA EN ALTO Y EXPUESTA A LA LUZ DE TODOS, EL PECADO ES DESCUBIERTO, Y EL PECADOR TIENE SÓLO DOS OPCIONES: O BIEN ARREPENTIRSE Y CAER DE RODILLAS ANTE CRISTO, O APARTARSE Y ESCONDERSE.
El Evangelio al completo
Escribe el comentarista de Matthew Henry:
<<A esta pareja (a Félix y Drusila) les va a explicar Pablo el Evangelio de Cristo, que no sólo contenía la fe en el Resucitado, sino también la Justicia>>
Pablo no sólo enseñaba acerca de lo que Cristo puede hacer por el hombre, sino que también enseñaba acerca de lo que el hombre de hacer para recibir de Cristo, esto es, ARREPENTIRSE para vivir según la justicia de Dios.
Es menester que hoy en día se comunique TODO el Evangelio, sin temor al rechazo por parte del oyente, otra cosa menos que eso, no es predicar el Evangelio de veras.
A Pablo no le importó que Félix rechazara el Evangelio por no atender a las demandas de Justicia de parte de Dios. Pablo entendía de que no es de todos la fe, y de que su misión era hacer sabedor al hombre de todo el Evangelio, cumpliendo así con la Gran Comisión, y no de “salvar” almas, las cuales sólo el Espíritu Santo puede salvar.
Pablo, a diferencia de muchos hoy en día, comprendió que su misión era llevar el Evangelio completo a los hombres, incluso a personas como Félix y Drusila. Nada más.
Como dice el comentarista de Matthew Henry, <<El atalaya de Cristo ha de dar el aviso, y aunque no le escuchen, habrá salvado su responsabilidad>>
Hoy en día hay que hacer lo propio, anunciar el Evangelio al completo, no importa el que puedan pensar los oyentes. La Justicia de Dios, es decir, lo que es justo ante Dios, y por tanto la denuncia del pecado, ha de ser expuesta públicamente y en privado.
La Palabra de Dios, o bien consuela, o bien aterra; salva o endurece a los oyentes de la misma. Y una cosa es bien cierta, jamás será el mismo el que la escucha.
Félix y Drusila fueron endurecidos por causa de la predicación completa del Evangelio por parte de Pablo, pero él hizo lo correcto. Y todo esto está escrito:
Enseña el apóstol Pedro:
<<Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados>> (1 Pedro 2: 4-8)
Por esa razón, no nos toca a nosotros “salvar”, sino cumplir con la responsabilidad de predicar el Evangelio a toda criatura.
<<Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré>>
Por un momento, el gobernador Félix tuvo un atisbo de lo que es la condenación, pero se le pasó rápido. No llegó al punto de reconocerse pecador y arrepintiéndose, pedir perdón. No aceptó la Justicia de Dios. No aceptó a Dios, aunque tuvo su oportunidad.
2. Disertando acerca del dominio propio
<<Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó>>
También se espantó Félix sobre la disertación de Pablo acerca del dominio propio. Este es fruto del Espíritu Santo, y debe ser ejercido constantemente por el creyente.
El dominio propio o templanza, es el poder y la voluntad de cada creyente que Dios le ha dado cada uno para no caer en pecado.
La lucha entre pecar o no pecar es una constante en mayor o menor grado para cada creyente.
Leemos en Santiago:
<<Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte>> (1: 12-15)
También leemos en 1 Corintios 10: 12, 13;
<<No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar>>
Gracias al dominio propio que Dios genera por su Espíritu para cada verdadero creyente, se puede vencer la tentación y no sucumbir ante el pecado.
Félix, se horrorizó de que al recibir a Cristo, uno debiera de dejar de pecar. La vida pecaminosa, era lo normal y habitual para él, y no estaba dispuesto a dejarla para seguir a Cristo, aunque eso supusiera la condenación eterna. De esta manera el pecado ciega.
3. Disertando sobre el juicio venidero
<<Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó>>
Otra de las cosas por las que Félix se espantó, fue por la disertación de Pablo acerca del juicio venidero.
¡Qué poco se predica hoy en día acerca de esta cuestión! Parece como que se tiene miedo a “espantar” a la gente si se les enseña acerca de estas cosas. Se olvida de nuevo que nosotros no espantamos a nadie, sino que la gente se espanta del propio mensaje.
¿Tiene el mensaje la culpa? No porque es la Palabra de Dios. La culpa la tiene el que se espanta, que prefiere espantarse y cobardemente huir, antes que afrontar su responsabilidad ante Dios y aceptar Su Camino.
En el libro de Apocalipsis encontramos mucho sobre el juicio de Dios que ha de venir sobre este mundo. Por esa razón, y otras similares, ese es el libro más abandonado y dejado de lado por la mayoría de los que se dicen maestros. Es una vergüenza, y un día muchos se lamentarán ante el Tribunal de Cristo por su proceder.
En Romanos 2: 5, 6 leemos: <<Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras…>>
Esa es una realidad que no podemos obviar. No predicar sobre el juicio venidero, tanto a creyentes como a no creyentes, es una negligencia que será puesta a la luz en aquel día.
Las gentes necesitan saber y oír de que va a haber un día del juicio; un día de la ira de Dios. La gente necesita aprender a temer a Dios, porque si no, esa ignorancia en la que se refugian, no les valdrá como escudo ni justificación cuando enfrenten el santo juicio de Dios.
Félix se espantó al oír la disertación de Pablo acerca de la ira venidera del juicio venidero, porque su propio pecado le hacía sabedor de su propia condenación.
Lo triste es que muchos escogen el camino del cobarde, el cual como la avestruz que al ver venir el león esconde la cabeza bajo tierra, engañándose a sí misma, prefieren arroparse en el falso escape de no querer oír la verdad, como si al no oírla o prestarle la atención necesaria, les fuera a eximir eso de su responsabilidad ante el Juez del universo.
Hagamos lo contrario a Félix y Drusila. No nos espantemos, sino humillémonos pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él nos exalte cuando fuere tiempo (1 Pedro 5: 6)
Miguel Rosell Carrillo, Centro Rey, Madrid, España.
Octubre 2006
www.centrorey.org
