Nuestra responsabilidad de dar (diezmos y ofrendas)
17/9/2006
Introducción
Nuestra responsabilidad como cristianos en cuanto a dar, es básicamente la de cumplir el mandamiento del Señor Jesús cuando dijo: ‘Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las cosas os serán añadidas’ (Mateo 6: 33). Buscar el reino de Dios es buscar la perfecta voluntad de Dios. Esto significará necesariamente una renuncia que implicará el dar, y dar de nosotros mismos. El ejemplo vital lo tenemos en el propio Padre que dio al Hijo por nosotros:
<<Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna>> (Juan 3: 16).
El dar de Dios, y esto, su propio Hijo, fue motivado por un acto de amor sin precedentes. El amor es lo que debe impulsarnos a dar como Dios se dio a sí mismo por todos nosotros.
EL DAR CON LA MOTIVACIÓN CORRECTA, ES EXPRESIÓN VIVA DEL AMOR
1. El principio de la ofrenda
La primera mención que vemos en la Palabra sobre la ofrenda al Señor la encontramos ya en el libro de Génesis 4: 1-5,
<< Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante>>.
La ofrenda de Caín no fue acepta, mientras que la de Abel sí lo fue, ¿por qué? La respuesta se encuentra en el texto. Abel ofreció a Dios lo primero y mejor de su rebaño, y esto nos enseña sobre la actitud que debe haber en nuestro corazón. Abel decidió que Dios merecía lo PRIMERO y lo MEJOR. Cuando damos a Dios nuestros primeros frutos, los primeros y los mejores que tenemos, estamos diciendo con ello que nuestras posesiones no nos poseen y que Dios realmente ocupa el primer lugar en nuestras vidas.
Dar es una actitud de generosidad en el cristiano hacia Dios y los demás. Sin embargo, existen obligaciones en cuanto a dar que deberemos contemplar: El diezmo.
2. ¿Qué es exactamente el diezmo?
Un diezmo sencillamente significa una décima parte, y en la Biblia representa la cantidad que el pueblo de Dios le devolvía a El, de todo lo que El les había dado.
En 1 Crónicas 29, cuando el pueblo tuvo el privilegio y desafío de dar para ver levantarse el templo, el rey David oró a Dios, reconociendo que: ‘...todo es tuyo, y de lo recibido de Tu mano te damos’ (v. 14).
En Malaquías 3: 8-10, el Señor dirigiéndose a la nación de Israel, los creyentes de aquel entonces, les dice:
<<¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde>>.
Así que, el diezmo le pertenece a Dios.
En otras palabras, no le estamos dando nada a Dios cuando damos el diezmo, sencillamente le estamos devolviendo lo que le pertenece, por eso el Señor, como hemos visto en Malaquías, le dice a la nación entera (y a cada individuo), que le habían robado, no sólo en los diezmos, sino también en las ofrendas.
Así pues, mientras avanzamos en el tema de diezmos y ofrendas, vayamos entendiendo que todo lo que tenemos y somos, nos ha sido confiado por Dios. Aunque tengamos diferentes niveles de recursos y finanzas, sencillamente todos somos llamados a ser fieles administradores de lo que Dios ha depositado en nuestras manos.
Nuestra responsabilidad hacia el Señor y Su obra no debe tomarse como algo penoso sino como el privilegio de estar todos involucrados en el proceso de ver avanzar la obra de Dios juntos.
Vemos también, por cierto, en este pasaje de Malaquías, que cuando somos fieles en diezmar y ofrendar, Dios es fiel en bendecirnos abundantemente: <<... probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde>>.
Cuando damos el paso de fe de diezmar y ofrendar según la voluntad de Dios, es decir, con alegría de corazón, Él tendrá toda la libertad para <<abrirnos las ventanas de los cielos, y derramar bendición hasta que sobreabunde>>.
¿Cuándo aparece el diezmo en la Biblia?
La palabra diezmo aparece primeramente en la Biblia en Génesis 14: 17-20,
<<Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo>>.
Abraham escogió dar el diezmo de todo lo que poseía a Melquisedec. También vemos en Génesis 28:10-22 que Jacob, después de su encuentro con Dios, decidió dar al Señor el diezmo de todo lo que poseía: << ...de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti>> (Génesis 28: 22).
Así pues, cuando tenemos ese encuentro con Dios, es decir, a partir de nuestra conversión, deberemos ser consecuentes con nuestras obligaciones y responsabilidades, entre ellas, la de diezmar y ofrendar.
Así pues, podemos observar que el principio del diezmo ya existía bastante antes de la revelación de la Ley de Moisés. Este principio estaba en los corazones de aquellos que de veras amaban y servían al Señor.
¿Para qué eran los diezmos en el Antiguo Testamento?
Así como Dios instruía a la nación de Israel sobre asuntos como la adoración o como vivir según Su voluntad, también les instruía acerca de su economía. El dinero es un asunto de tal importancia, que no nos debe sorprender que Dios de instrucciones de como usar lo que El ha confiado a Su pueblo.
Lejos de ser un asunto materialista, el dinero, según lo ve Dios, es un asunto de índole espiritual, por todo lo que representa y conlleva.
El Señor quería que su pueblo usara el dinero en una manera que le complaciera; y si ellos estaban dispuestos a seguir sus principios, les iba a bendecir, e iba a hacerles un ejemplo vivo de su bondad ante el mundo (Malaquías 3: 8-12) ¡Estas son promesas de Dios que vale la pena conocer!
Dios no se olvida de sus promesas. El sigue sus pautas previamente pactadas, y si nosotros hacemos nuestra parte de responsabilidad, El honrará su Palabra en nosotros. El Señor estableció un principio en el libro de Levítico, cuando enseñó a su pueblo cómo debían usar los recursos que El les había dado.
<<Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, del SEÑOR es; es cosa dedicada al SEÑOR...y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara del pastor el diezmo será consagrado al SEÑOR>> (Levítico 27: 30-34).
Dios estaba diciendo que a cualquiera al que El bendijera, debía devolverle la décima parte. El resto era para el uso personal con el temor de Dios.
¿Para qué eran las ofrendas en el Antiguo Testamento?
Así como dar los diezmos, el pueblo de Dios ofrendaba también. Consideraban que en primer lugar el diezmo era de Dios, luego, a través de las ofrendas, mostraban su generosidad de corazón. Israel daba:
Es interesante constatar que los diezmos nunca se usaban para proyectos de edificación. Tanto el Tabernáculo de Moisés como el Templo de Salomón, fueron financiados con ofrendas voluntarias del pueblo. Es evidente que Dios quería que su pueblo fuera generoso en respuesta a Su generosidad hacia ellos. Cuando echamos un vistazo a algunos ejemplos en cuanto a dar en el Antiguo Testamento, por ejemplo en Éxodo 36: 1-7, y 1 Crónicas 29: 1-20, nos preguntamos si había límite alguno en cuanto a dar por parte de la gente.
3. ¿Qué dijo Jesús acerca del diezmo y la ofrenda
En Mateo 23: 23, y en Lucas 11: 42, Jesús no criticó a los fariseos su diezmo, sino que les condenó por su falta de justicia, misericordia y fe. Así pues, ¿significa esto que no deberíamos considerar el diezmo como algo realmente importante como esos otros factores de la vida cristiana?
En Mateo 5: 20, Jesús dejó bien claro que nuestra justicia debería ser mayor que la de los fariseos los cuales observaban la ley. Está claro que los cristianos no estamos bajo la ley del Antiguo Testamento, sino bajo la gracia a través del Mesías. Pero, si Jesús nos dice que nuestra justicia debe exceder a la de los fariseos, ¿quiere esto decir que debemos contentarnos con honrar a Dios con algo menos que lo que ellos hacían a la hora de dar?
Jesús siempre elogiaba la ofrenda sacrificial. En Lucas 21: 1-4, el alabó a aquella mujer que dio sus últimas dos monedas. Aunque los ricos habían dado más, Jesús valoró su ofrenda como de mayor mérito puesto que había dado de lo que no tenía. También, en Mateo 6: 19-21, Jesús nos exhorta a almacenar nuestro tesoro en los cielos. Es en nuestra generosidad a la hora de dar que podemos responder a ese desafío.
4. ¿Cómo era sostenida la iglesia primitiva
Los primeros cristianos diezmaban también. En la epístola a los Hebreos, la cual fue escrita el año 65 de nuestra era, leemos: <<Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales...>> (He. 7: 8). Este <<Y aquí>>, es la partícula griega <<hode>>, que significa literalmente: <<En este mismo lugar>>, señalando este tiempo y lugar, el de la Iglesia. En otras palabras, los cristianos diezmaban en sus iglesias locales, allí donde recibían su cobertura y alimento.
El apóstol Pablo enseñó que el sostenimiento de la iglesia era similar al efectuado en Israel en su tiempo. Con los diezmos y ofrendas de los creyentes, se debían sostener los diferentes aspectos del ministerio (1 Corintios 9: 13, 14).
Esta generosidad puede ser comprendida echando un vistazo al libro de Hechos. Los creyentes, de todo corazón, llevaban sus donativos a los líderes para sostener la obra del ministerio (Hechos 4: 32- 37). Esos donativos se usaban en las áreas donde había necesidad (Hechos 11: 29, 30), y para ayudar a aquellos en penuria (Hechos 6: 1).
Cuando el apóstol escribió a la iglesia de Filipos, destacó que la gente había dado mucho más de lo que se esperaba de ellos. Pablo les animó diciendo que en respuesta a su generosidad, ellos no iban a tener falta de nada (Filipenses 4: 18, 19). De igual modo, vemos la promesa de Dios de honrar la dádiva generosa a través de su sobreabundante bendición (2 Corintios 8, 9).
En el Nuevo Testamento, donde el diezmo no fue anulado por Jesús, vemos una actitud de generosidad en la gente. La cuestión no era, qué mínimo dar, ¡sino todo lo contrario!
En la iglesia de hoy en día, por lo tanto, debería caracterizarse por una actitud y obra similar a la de las iglesias de Macedonia, mencionadas por el apóstol Pablo en 2 Corintios. Contemplamos este principio bíblico como algo básico para el apoyo del ministerio de la iglesia, en vez de verlo como requerimiento legalista. Habrá diferentes ocasiones cuando querremos dar ofrendas en particular para suplir las necesidades que surjan.
No es una cuestión de pensar en el mínimo suficiente que debemos dar, como si sólo nos moviera la presión del deber. En 2 de Corintios 9: 7, encontramos: <<Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre>>.
En 2 de Corintios 9: 6 leemos que si sembramos escasamente, escasamente segaremos. Pero si sembramos generosamente, segaremos generosamente, de acuerdo con lo que está escrito. El Señor responderá en múltiple bendición hacia nosotros, de acuerdo con Su promesa.
5. Entonces, ¿qué hay de los diezmos y ofrendas hoy en día
En la iglesia primitiva, eran los diezmos y las ofrendas de la gente los que permitían que la obra de Dios se estableciera y expandiera. De igual manera, en este tiempo tenemos todos la oportunidad de obedecer al Señor dando nuestros diezmos y ofrendas.
¿Qué es lo que tú puedes hacer?
A partir de las Escrituras que hemos cotejado, hemos visto que como miembros de la iglesia, tenemos una responsabilidad de sostener su ministerio, y ayudar a otros.
Todo lo que tenemos que hacer es ver en la Biblia todo lo referente a dar; en ella, tenemos las instrucciones claras, no de si hemos de dar, sino cómo y cuánto hemos de dar. Siempre estaremos abiertos a la guía del Espíritu Santo en cuanto a todo esto, para no saber si ofrendar, ¡sino para saber cuánto ofrendar!.
© Miguel Rosell Carrillo, Centro Rey, Madrid, España.
Septiembre 2006
www.centrorey.org
