DEBEMOS SER UN SACRIFICIO VIVO PARA DIOS
17/07/2006
Romanos 12: 1 <<Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional>>
Introducción
Dios, por su misericordia, nos rescató de nuestra vana manera de vivir (1 Pedro 1: 18), estando, como gentiles, absolutamente perdidos, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Efesios 2: 20), nosotros, que en otro tiempo fuimos desobedientes a Dios (Ro. 11: 30), ahora hemos sido hechos hijos de Dios por adopción (Jn. 1: 12), y participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria nos gocemos con gran alegría (1 Pedro 4: 13)
Por todo ello, hemos de buscar como hijos obedientes Su voluntad, debido a que ya no vivimos para nosotros mismos.
Y, la voluntad de Dios para nosotros, es nuestra santificación (1 Ts. 4: 3)
Y como también el mismo apóstol Pablo lo expresa de forma muy característica:
<<Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne [en el cuerpo], lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí>> (Gálatas 2: 20)
EN CRISTO, YA NO VIVIMOS PARA NOSOTROS MISMOS, HACIENDO LO QUE NOS VIENE EN GANA, SINO QUE CRISTO, POR SU ESPÍRITU, DEBE VIVIR EN, Y A TRAVÉS DE NOSOTROS.
(Ro. 12: 1) <<Así que, hermanos…>>: Es decir, “por lo tanto”. Se nos insta a hacer algo al respecto.
Por lo tanto hemos de saber cómo proceder en cuanto a la búsqueda de esa santificación, la cual debe ser nuestra manera corriente de vivir.
1. Presentando nuestro ser como un sacrificio ante Dios
(Romanos 12: 1) <<…os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional>>:
Pablo se dirige a los creyentes romanos, llamándoles hermanos, teniendo en cuenta que eran gentiles, que como ramas de olivo silvestre, fueron injertados en lugar de las ramas del buen olivo (ver Ro. 11: 17, 24).
Les exhorta a una dedicación total a Dios, y lo hace de una manera curiosa, comparando esa acción con un holocausto (sacrificio) veterotestamentario.
Lo hace, por “las misericordias de Dios”, es decir, basándose en las compasiones (lit.) de Dios, o a causa de las compasiones de Dios.
Dice el comentarista de Matthew Henry que la razón por la que es “compasiones” en plural (y no en singular), es debido al uso de la traducción antigua al griego, llamada Septuagésima, muy utilizada, por cierto, en los tiempos de Jesús, que traduce así el plural hebreo rajamim al griego.
Vemos ya en el N.T. que las “compasiones” de Dios van más allá de su pueblo original, es decir, Israel, y alcanzan a los que en el A.T. eran malditos; es decir, a todos nosotros los que originalmente no fuimos Israel.
Entonces, como gentiles (que somos la mayoría), Dios en Su misericordia nos salvó por medio de la predicación de la Palabra.
Porque Dios dice: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Romanos 9: 15)
Leemos en 1 Corintios 1: 21; <<Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación>>
El tono sacrificial
Vemos que el tono sacrificial se pone muy de manifiesto en todo este versículo uno de Romanos doce.
Nótese también la diferencia de fondo entre los holocaustos del A.T., con ese “sacrificio vivo”, y no de muerte o a muerte, realizados en la época veterotestamentaria.
En otras palabras, Pablo aludiendo al contexto de los sacrificios del A.T. lo compara con el sacrificio vivo u ofrenda viva que debemos ser para Dios todos los cristianos, en contraste con las ofrendas de animales sacrificados en el culto judío antiguo.
LOS ANTIGUOS OFRECÍAN ANIMALES A DIOS POR SUS VIDAS, SIGUIENDO LA LEY MOSAICA. NOSOTROS AHORA NOS OFRECEMOS A NOSOTROS MISMOS, VIVOS A DIOS, SEGÚN LA LEY DE CRISTO.
Romanos 6: 19, leemos: <<…así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la impureza y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia>>
Por lo tanto, entendemos que nuestra manera de vivir en Cristo, debe ser en total dedicación a la voluntad de Dios.
Nos hemos de ofrecer del todo a Dios.
Como dice el comentarista de Matthew Henry, <<Siendo miembros de Cristo, y templo del Espíritu Santo, este sacrificio es vivo, puesto que no se ofrece con muerte, sino con la vida de la víctima; es santo, puesto que se ofrece en unión con Cristo, y por tanto, es aceptable a Dios.
Esta es la verdadera liturgia, la verdadera adoración en espíritu y en verdad que Dios exige y acepta (ver Jn. 4: 24)>>
Esto no es otra cosa sino, un constante morir a lo pecaminoso, carnal de nosotros mismos, permitiendo que sea el Espíritu de Cristo el que aflore a través de todo nuestro ser.
Acordémonos de Gálatas 2: 20; <<Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne [en el cuerpo], lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí>>
¡Esta es la adoración que el Padre busca, cuando se le ofrece, o se le manifiesta a Su Hijo a través de las vidas de los verdaderos creyentes!
LA ADORACIÓN QUE EL PADRE BUSCA ES SU PROPIO HIJO UNIGÉNITO; ESA ES SU COMPLACENCIA ABSOLUTA: “Y se oyó una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia»” (Mateo 3: 17)
El Padre es glorificado cuando cada verdadero creyente expresa a través de su vida al Hijo: “Y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mi…”DIOS PADRE JAMÁS ACEPTARÁ NADA QUE NO VENGA O PROVENGA DE SU AMADO HIJO.
De ahí que, todo aquel que se levanta en alguna manera o modo reemplazando al Hijo o a lo que le pertenece al Hijo, se convierte en un usurpador, en un antiHijo, es decir, anticristo, y por lo tanto, es declarado anatema por el Padre.
Al Hijo le pertenece su Iglesia. Cualquiera que tome el lugar de la Iglesia, se constituye en anticristo.
2. Nuestro culto racional o espiritual
Nuestro sacrificio vivo deberá ser nuestro “culto racional” o “culto espiritual” (logikén latreian), es decir la manera cotidiana de vivir a partir de todo el aspecto humano de nuestra existencia tripartita, es decir: Como espíritu, alma, y cuerpo; es decir, en la capacidad y totalidad de todo nuestro ser.
Esta es nuestra parte a hacer, y Dios hará (o hace) la suya. Leemos en 1 Tesalonicenses 5: 23;
<<…el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará>>
Como vemos, esto es un acuerdo entre Dios y cada uno de nosotros.
El apóstol Pedro expresa algo similar cuando dice:
(1 Pedro 2: 5) <<vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo>>
EL MAYOR SACRIFICIO QUE PODEMOS OFRECER A DIOS, SOMOS NOSOTROS MISMOS.
No sólo es algo interior, sino también externo
Y no es sólo una actitud interna, motivacional, sino también exterior; expresada en actos.
La Palabra nos exhorta presentar “nuestros cuerpos”, lo cual implica también nuestra acción en el mundo visible o tangible, ya que el ser humano se expresa a través de su cuerpo, para lo bueno, o para lo malo:
(2 Corintios 5: 10) <<Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo>>
Nuestro “culto espiritual”, es decir, nuestra manera de vivir como cristianos, no debe ser ausente de testimonio exterior.
Muchos dicen que su comunión con Dios es cosa de ellos con Dios, y de nadie más, pero eso puede ser un planteamiento muy tipo gnóstico; demasiado místico, y aunque pretenda ser profundo, más bien es muy superficial.
HOY EN DÍA SE PREDICA QUE DIOS SÓLO VE EL CORAZÓN, PERO ESO NO ES CIERTO. EL CORAZÓN ES IMPORTANTE, POR SUPUESTO, PERO NO SON MENOS IMPORTANTES LAS ACCIONES EXTERNAS, PORQUE ELLAS REVELAN EL CORAZÓN (Mt. 7: 16)
Nuestro “culto espiritual” deberá ser agradable a Dios, por lo tanto deberá manifestar un testimonio de santidad, visible a todos, así como el mismo Jesús de Nazaret lo manifestaba a todos los presentes.
Dios no quiere que llevemos vidas “religiosas”, sino vidas santas, que den honor a Dios por el FRUTO VISIBLE que aporten. Siempre, si hablamos de FRUTO, éste será visible.
Miguel Rosell Carrillo, Pastor de Centro Rey, Madrid, España
Julio 2006
www.centrorey.org
