Comentario al Salmo veintitrés 2ª parte
18/06/2006
Leer Salmo 23
Como ya vimos, en este salmo de David, se aplican a Dios dos imágenes: La del pastor que cuida sus ovejas (v. 1–4) y la del anfitrión que agasaja a su invitado con un magnífico banquete (v. 5,6). En esta sesión, veremos acerca de la segunda parte.
El sentimiento predominante es el de plena confianza en el amor y la fidelidad de Jehová.
II. El Señor, nuestro anfitrión que nos agasaja con un magnífico banquete (v. 5, 6)
<<Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días>>
1. Aderezas mesa delante de mi…
<<Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores>>:
En la antigüedad veterotestamentaria, la invitación a comer era no sólo un gesto de hospitalidad, sino también un símbolo de solidaridad y de alianza.
El comer juntos, no sólo era lo que físicamente entendemos, sino lo que implicaba emocional y espiritualmente. De ahí la importancia que en el Nuevo Testamento también se da a la cuestión:
(1 Corintios 5: 11) <<Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis>>
El comer con esas personas, es participar de sus maldades, porque el comer se considera un acto de koinonia (comunión); y la Palabra es muy clara:
(2 Corintios 6: 14, 15) <<No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?>>
Abundando en esa dirección; enseña la Palabra:
<<Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras>> (II Juan 9-11)
Una de las formas de decirle “bienvenido” era inmediatamente invitarle a comer.
<<Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores>>:
Pero el Señor hace algo muy diferente; el prepara la mesa en la cual comemos (eso implica bendición y comunión con Cristo), ante nuestros angustiadores.
Eso tiene dos acepciones como poco:
1) Significa que nuestros enemigos quedan excluidos de nuestra comunión con Dios.
2) Significa que nuestros enemigos son espectadores de esa bendición, y nada pueden hacer para impedirlo.
2. Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando
<<unges mi cabeza con aceite>>:
En ese orden de cosas, el Salmo abunda en todo ello añadiendo la bendición de ser ungidos con aceite. El hecho de verter aceite perfumado sobre la cabeza del huésped era otro signo de hospitalidad y amistad.
Espiritualmente, es señal del reposo del Espíritu Santo sobre nuestras vidas. Leemos en 1 Pedro 4. 14;
<<Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros>>
Sobretodo cuando somos perseguidos a causa del Nombre, entonces es cuando somos especialmente ungidos, como dice la escritura.
3. Mi copa está rebosando>>
<<mi copa está rebosando>>:
Es señal de abundancia, y también señal de verdadera bendición: <<La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo?>> (1 Corintios 10: 16)
Gracias a la sangre de Cristo, hemos sido perdonados y restituidos a nuestra posición original como hijos de Dios, aunque por adopción.
(Romanos 8: 31, 32) <<¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?>>.
4. El bien y la misericordia nos seguirán todos los días…
<<Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días>>:
Estando en Cristo, tenemos la firme promesa de que el bien y la misericordia irán tras de nosotros en toda nuestra andadura. Eso significa que no debemos afanarnos en buscarlos, sino por lo contrario, debemos buscar el “Reino de Dios y su justicia”, porque Dios se encargará de darnos el resto como cosa añadida.
La otra promesa es mejor que esta: Es la concesión de la vida eterna para cada uno de los que somos genuinos hijos de Dios; es su regalo. Dios nos permite estar en Su presencia ahora, y en la eternidad, de forma visible y palpable.
(Salmo 27: 4) <<Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para buscarlo en su Templo>>
Morar en la casa de Yawhé es estar en el Cielo; y ese por largos días, significa literalmente del hebreo, morar por la eternidad. Esa es una promesa de vida eterna.
¡Yawhe es nuestro Pastor; nada nos faltará!//.
© Miguel Rosell, Pastor de Centro Rey, Madrid, España
Junio 2006
www.centrorey.org
