Estando en Cristo
1ª parte
14/05/2006
Introducción
Como cristianos, es decir, gente que ha experimentado el nuevo nacimiento (Jn. 3: 3), somos extranjeros y peregrinos en este planeta. Dice el apóstol Pedro:
<<Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma>> (1 Pedro 2: 11)
Los modelos y principios de este mundo, no necesariamente casan con nuestra ciudadanía, que es celestial (Fi. 3: 20) ni con nuestra manera de vivir y entender esta vida en la que todavía estamos.
Dice la Palabra: <<De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas>> (2 Corintios 5: 17)
AHÍ ESTRIBA LA GRAN LUCHA ESPIRITUAL QUE MANTIENE, POR UNA PARTE, EL DIABLO PARA SEGUIR ATRAYÉNDONOS A LAS COSAS VIEJAS QUE YA PASARON, Y LA NUESTRA, QUE ES EL IR ENTENDIENDO QUE SOMOS NUEVAS CRIATURAS, Y LO QUE ESO IMPLICA, ES DECIR, NUESTRA POSICIÓN EN CRISTO.
Así que, nuestro Dios quiere que entendamos cuál es, como cristianos, nuestra posición en Cristo.
Para llegar a saber y experimentar lo que somos en Cristo, primero es necesario, como paso previo, ir entendiendo como es Cristo; es decir, CONOCER A CRISTO.
O lo que es lo mismo, conocer a Dios. Para ello, antes nos será preciso entender, entre otras cosas, lo que Cristo hizo por nosotros.
1. Llegamos a estar en Cristo por poner fe en su sangre
Nuestra posición en Cristo, es posible, porque parte de un cambio rotundo de vida, por haber creído en Él, y en su obra en la Cruz:
(Romanos 3: 24, 25) <<siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre>>
2. Estando en Cristo hemos muerto al pecado
Lo primero que entendemos cuando hemos pasado de muerte a vida, es que hemos muerto a nuestra vida anterior y pecaminosa:
(Romanos 6: 2, 3) <<Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?>>
(Romanos 6: 11) <<Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro>>
3. Estando en Cristo, hemos pasado de muerte a vida
(Romanos 6: 23) <<Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro>>
Estando en Cristo, ahora sí vivimos de veras, y para siempre.
4. Estando en Cristo, ya no estamos en condenación
(Romanos 8: 1, 2) <<Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte>>
Uno de los argumentos y tretas que más usa el Enemigo, es hacernos recordar lo que éramos antes de estar en Cristo.
Aún en primera persona del singular, él te recuerda: “No valgo nada”, “no me quieren”; “Dios no puede amarme, quizás a otros sí, pero a mí, no”, y cosas por el estilo.
Hermanos, cada vez que vengan a nuestra mente esos pensamientos y esa manera de sentir, abramos nuestra boca y dirigiéndonos al diablo (que está escuchando), le decimos con convicción, según esa escritura: “¡No te creo!, diablo”.
Démonos cuenta que el Señor, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne (Ro. 8: 3), quitó toda culpa y condenación de sobre nosotros. Por eso dice la Palabra:
<<Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia>> (Romanos 6: 14)
El diablo usa el pecado (existente, o no) para intentar enseñorearse de nosotros, y atraernos a las “cosas viejas”, y ahí tenernos atados.
¡Ahora, en Cristo, la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos ha librado de la ley del pecado y de la muerte!
5. Estando en Cristo, nada nos puede mover del amor de Dios
(Romanos 8: 37-39) <<En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro>>
Siempre Dios nos amó, aún cuando estábamos en las manos del Enemigo antes de conocerle, pero el diablo tenía derecho sobre nosotros a causa del pecado. Pero ahora, en Cristo, nada puede hacer realmente el diablo, tal y como lo define la Escritura. ¡Nada nos puede separar del amor de Dios!
(I Juan 4: 10) <<En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados>>:
La iniciativa SIEMPRE partió de Él. Nuestro Dios es nuestro Padre amante que desde siempre nos amó, y “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1: 18)
Esto destruye toda religiosidad, búsqueda de mérito propio, y todo acto de presunta elevación del hombre en su presunta búsqueda y alcance de Dios.
6. Estando en Cristo, somos un solo cuerpo
(Romanos 12: 4, 5) <<Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros>>
Hoy en día, uno de los temas más manidos en el mundillo eclesial es el de la unidad. Se pretende buscar una unidad como sea y al precio que sea, incluso entregando la verdad y la doctrina a cambio.
Todo eso es una trampa y una mentira, porque la Biblia nos enseña que los que son verdaderos miembros, lo son del cuerpo de Cristo. En otras palabras, la verdadera unidad siempre ha existido en el contexto del cuerpo de Cristo.
Por lo tanto, no hay que forzarla, ni inventar artilugio alguno ni estrategia para conseguir lo que ya Cristo consiguió en la cruz al respecto.
Y por supuesto, que no todos encajan en esa unidad verdadera, porque como está escrito: <<el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos>> (2 Timoteo 2: 19) No todos los que se dicen cristianos, realmente lo son.
El mismo apóstol Pablo así nos lo hace saber a través de un ejemplo de tipo personal, en el mismo contexto de la Palabra anterior:
<<Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos>> (2 Timoteo 2: 16, 18)
Si nos damos cuenta, Pablo, con nombre y apellidos expone a estos dos individuos, Himeneo y Fileto, que se presentaban como cristianos ante todos, diciendo que son personas que “se han desviado de la verdad”, y que por tanto, “trastornan la fe de algunos”; ¿Cómo sería posible tener “unidad” con esos individuos o similares?
Al respecto de esta falsa enseñanza de Himeneo y Fileto, de que “la resurrección ya se ha efectuado”, ¿no existe hoy en día doctrina herética que incluso supera a la de esos dos individuos?:
Etc. etc. por poner unos pocos ejemplos.
¿Cómo poder entablar verdadera unidad con todo ese bagaje de mentira?
Alguien anónimo una vez escribió: <<Vivimos en un tiempo cuando los términos amor y unidad son muy llamativos. Es muy difícil discernir que esas palabras han sido tomadas fuera de contexto, y no significan lo que creemos que significan. Amor sin verdad, es corrupción. Ponerse de acuerdo a cualquier precio, es rechazar la doctrina; y sin doctrina, no hay esperanza. Al escoger entre la UNIDAD y la VERDAD, la unidad deberá ceder ante la verdad, porque es mucho mejor estar divididos por la verdad, que estar unidos en el error>>
Y no obstante, seguimos diciendo: “conoce el Señor a los que son suyos”; esa es la verdadera unidad; la del cuerpo de Cristo, la cual existe siempre por el Espíritu.
Estando en Cristo, estamos en Dios, y esta es la posición del verdadero creyente//.
© Miguel Rosell Carrillo
Mayo 2006
www.centrorey.org
centrore@tiscali.es
