Orad sin cesar
30/04/2006
Leer con atención: 1 Samuel 1: 1-11
1. La oración recta; la que pide según el deseo de Dios
Ana, tenía un fuerte deseo. Ana quería tener un hijo. Es normal desear tener hijos, sobre todo, cuando no vienen. Pero Ana no buscaba egoístamente ese niño, ya que lo dedicó a Dios como nazareno, y ese niño llegó al mundo, y su nombre fue Samuel, el último y más grande de los jueces de Israel.
Es evidente que el deseo de tener ese hijo, por parte de Ana, no era un deseo solamente humano, sino que fue el deseo de Dios; por eso Dios respondió a su oración.
Esas son las oraciones que Dios responde: Las que parten del corazón de Dios.
Vigilemos como oramos
<<Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma>> (1 Pedro 2: 11)
También dice la Biblia: <<Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?>> (Jeremías 17: 9)
Nuestros motivos y motivaciones, deberán ser correctos ante Dios, porque Él no escuchará nada que parta de un deseo carnal y de engaño del corazón, aunque aparente ser muy espiritual.
Incluso si nuestro corazón no es suficientemente recto, algo que nos pareciera deseable, podría estar contaminado:
Leemos: <<El camino del necio es derecho en su opinión>> (Prov.12: 15)
<<Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte>> (14: 12)
Un ejemplo: Yo, como padre y pastor cristiano, puedo llegar a formarme la meta de que mis hijos sean todos ellos ministros del Evangelio también. A priori eso puede parecer absolutamente de Dios, pero ¿es así? ¿Es que todos los hijos de pastores han de llegar a ser pastores? ¿Es que Dios no puede tener otros planes para mis hijos, digamos?
Pero si yo, empecinadamente, al respecto, estoy “manteniendo un espíritu de oración a favor de esas metas, y no desmayo hasta lograrlas”, no estaré haciendo lo que quiere mi Dios. El no responderá a esa oración, aunque quizás el diablo sí.
Contrariamente, la oración de Ana fue de Dios, porque era conforme al corazón de Dios.
2. Orando sin cesar
1 Ts 5: 17, dice: <<Orad sin cesar>>
Orar es, además de un acto puntual, una actitud de vida; una constante comunicación con el Espíritu Santo; y por el Espíritu Santo, con el Padre.
En cuanto a lo primero, leemos al respecto de Ana, la que sería madre de Samuel:
<<Mientras ella oraba largamente delante de Jehová…>> (1 Samuel 1: 12)
Cuando Ana volcaba su corazón ante Dios, dice que oraba largamente.
En otro lugar en la Palabra, encontramos acerca de los que también oran largamente, de los cuales habló Jesús: <<Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos>> (Mt. 6: 7)
La diferencia entre una oración y otra, es que la primera parte del corazón de Dios, y es levantada por el Espíritu Santo, la segunda no.
La oración de Ana llegaba al Cielo, porque provenía del Cielo.
La manera de orar
No existe una manera determinada de orar, lo que importa es que esa oración suba al cielo, o por el contrario, se quede en la tierra.
(1 S. 1: 13) <<Ana oraba en silencio y solamente se movían sus labios; su voz no se oía…>>
Muchos piensan que por gritar y gritar, Dios les oirá mejor (como si fuera sordo). Otros piensan que las oraciones ungidas son aquellas que parten de un buen volumen de voz. Todo eso nada tiene que ver.
Hay muchos engañados en cuanto a todo esto. La Biblia nos habla de orar, pero no nos dice cómo, esto debe ser algo personal, y conforme al individuo. La “liturgia” aquí, no vale ante Dios.
(1 S. 1: 13, 14) <<Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí observaba sus labios. Pero Ana oraba en silencio y solamente se movían sus labios; su voz no se oía, por lo que Elí la tuvo por ebria. Entonces le dijo Elí: —¿Hasta cuándo estarás ebria? ¡Digiere tu vino!>>
El sacerdote Elí fue engañado por las formas también, y se atrevió a juzgar a Ana, equivocándose del todo.
Humanamente, nadie podía escuchar a Ana, pero Dios la estaba escuchando de forma absoluta.
Así pues, el motivo de oración surge del corazón de Dios, pasa al corazón del creyente, y este lo declara con su intención de labios, o con su voz.
3. La oración del justo
Siempre nos hemos de preguntar, cómo hemos de orar a Dios; o mejor que el cómo, es el “qué”; el qué orar a Dios.
Por esa razón, el orar en lenguas es tan útil. Dice la Escritura: <<… el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios>> (1 Corintios 14: 2)
El orar el lenguas es muy útil; pero también es muy útil es saber qué orar. Y una vez lo entendemos de parte del Espíritu Santo, procedamos a orar entonces.
Estudiando acerca de la oración del justo
Leemos en Santiago 5; 17, 18: <<…La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto>>
No es la oración del justo; sino la oración eficaz del justo. En el griego original, leemos:
<<Mucha fuerza tiene una petición de un justo hecha eficaz>> (Stgo. 5: 17)
Esa oración o petición ante Dios ha de ser “hecha eficaz”, es decir, deberá ser conforme a la voluntad de Dios.
Por eso hay peticiones que no son respondidas por parte de Dios; son aquellas que son hechas por un hijo de Dios, pero no son conforme a Su voluntad.
Leemos de nuevo: <<17Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese…>>:
A priori, muchos de nosotros llegaríamos a la conclusión de que el secreto para que las oraciones sean contestadas por el Cielo, es hacerlo con fervor. El problema estriba en saber qué es lo que significa exactamente fervor, y como aplicar aquí la acepción correcta.
En el diccionario, encontramos que la palabra fervor, significa; 1ª acepción: “Celo ardiente y afectuoso”. 2ª acepción: “Eficacia suma con que se hace algo”.
Muchos de nosotros, siempre nos hemos decantado a pensar que hacer las cosas con “fervor” es hacerlas con una especie de pasión piadosa; un celo ardiente.
No obstante, en este caso, ese no es el significado; y es fácil de entender.
Uno puede estar equivocadamente convencido de algo, y orar y orar por ello con “fervor”, en este caso, con pasión y celo ardientes, pero si no es la voluntad de Dios, jamás Dios contestará a esa petición.
En realidad, lo que está escrito en el griego original en relación a “orar fervientemente”, es literalmente: “con oración oró”. Así pues, deberíamos traducir del griego ese versículo de la siguiente manera:
(V. 17) <<Elías, era hombre semejante en sentimientos a nosotros, y con oración oró para que no lloviera…>>
Por lo tanto, ese “con oración oró”, significa “orar conforme a la oración de Dios”, es decir, de acuerdo a Su voluntad.
Eso significaría la segunda acepción (o sentido) de la palabra que traducimos por “fervientemente”. Esa acepción es, como vimos: “Eficacia suma con que se hace algo”. Es decir, la eficacia máxima que sólo puede venir por el hecho de ser la voluntad de Dios lo que estemos orando.
Conclusión
1- Si la oración del justo puede mucho, no es porque el justo es justo solamente, sino porque el Señor la responde, y la responde porque esa oración es “hecha eficaz”; y es hecha eficaz porque es conforme a la voluntad de Dios. Recordemos el versículo: <<Mucha fuerza tiene una petición de un justo hecha eficaz>>
Por lo tanto, ninguna oración de justo que no sea “hecha eficaz” será respondida por el Señor.
2- La petición que Dios responde, es la que se “ora con oración”; es decir, fervientemente, en el sentido de “eficacia máxima”, por lo tanto, y otra vez, conforme a la voluntad de Dios. Recordemos el versículo: <<Elías, era hombre semejante en sentimientos a nosotros, y con oración oró para que no lloviera…>>
Por lo tanto, por mucho que se ponga sentimiento y pasión en una petición, si no es conforme a la voluntad de Dios, no será contestada, por mucho que se insista.
4. Cuando Dios responde
Ana, después de orar con fervor, en todas sus acepciones, dice que “por su camino, y comió, y no estuvo más triste” (1 Samuel 1: 18)
Este es el resultado de una oración contestada. Aunque todavía no se ha recibido en lo natural esa petición, sí se ha hecho en lo espiritual, y la paz de Dios inunda al peticionario, y “la carga desaparece”.
Dios respondió a la oración “hecha eficaz” de Ana, y su hijo pronto vino de camino (V. 19, 20)
Ahora bien, ¿qué fue lo primero que Ana hizo después de recibir a su hijo?:
1 - Reconocer que había venido de Dios, por eso le llamó Samuel; “petición de Dios” (V. 20)
2 - Cumplir con su parte del pacto (leer V. 22)
Démonos cuenta aquí de que Ana no pidió ese hijo a Dios egoístamente, sino que en su petición, ella siguió la guía del Espíritu Santo; por lo tanto, ella pidió conforme al Espíritu Santo.
Así deberán de ser nuestras peticiones.
Ana tuvo el hijo que Dios quería que naciese en esta tierra. Samuel llegó a ser el mayor de los jueces de Israel, y quien a posterior ungió al mayor de los reyes que ha habido sobre la tierra, a David.
Concluyendo
© Miguel Rosell Carrillo, Centro Rey, Madrid, España
Abril 2006
www.centrorey.org
