ESTAD QUIETOS EN EL DÍA DE LA ANGUSTIA
19/03/2006
Habacuc 3: 16-19 <<Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas. Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar>>
Introducción
Con respecto a Habacuc; de este personaje bíblico solamente sabemos que fue profeta y que se llamaba Habacuc (1.1; 3.1). Su libro, octavo entre los doce denominados “profetas menores”, no incluye el menor dato personal, ni en parte alguna del Antiguo o del Nuevo Testamento se vuelve a mencionar su nombre.
Partiendo de la referencia que en 1: 6 se hace a «los caldeos, nación cruel y presurosa», algunos han deducido que Habacuc profetizó en tiempos cercanos a la destrucción de Nínive (612 a.C.); pero, a falta de cualquier documento que permita fijar la fecha con exactitud, hay también quienes piensan que la actividad del profeta debe fijarse entre el año 605 a.C., principio del reinado de Nabucodonosor en Babilonia (Jer. 25: 1), y el 587 a.C., año de la caída de Jerusalén (2 R 24: 10–12).
En esta sesión, aprenderemos sobre profecía bíblica.
1. Israel y la Tribulación
Dios, a través del profeta Habacuc, nos habla proféticamente acerca de los acontecimientos que han de ocurrir en Israel en el tiempo de la Tribulación, sobre todo en la oración de Habacuc, en el capítulo 3 de su libro (leer ese capítulo).
El enemigo como río
Leemos en Habacuc 3: 7, 8
<<He visto las tiendas de Cusán en aflicción; las tiendas de la tierra de Madián tiemblan. ¿Te has airado, Jehová, contra los ríos? ¿Contra los ríos te has airado? ¿Arde tu ira contra el mar cuando montas en tus caballos, en tus carros de victoria?>>
Nos habla aquí de la intervención de Dios contra el enemigo de nuestras almas, el cual la Biblia lo identifica a veces con “los ríos”. Lo leemos así también en Isaías 59: 19;
<<Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él>>
Aunque el enemigo se levante impetuoso como un río, Dios levanta su estandarte (nissi), y dice: “Hasta aquí, y no puedes ir más allá”.
Como nos ocurre a diario a nosotros, también ocurrirá en los días de la Tribulación respecto a Israel, pero en una proporción mayor. Hay un tiempo preciso para que Dios reempiece con Israel.
El Señor vendrá a salvar a Israel sobre Edom
El Señor vendrá a rescatar a Israel al fin de la Gran Tribulación. Leemos acerca de esto también en Isaías 66: 15
<<Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su reprensión con llama de fuego. Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos de Jehová serán multiplicados>>
Vemos que vendrá con sus carros. Esos carros denotan poder militar. Leemos así en el Salmo 68: 17;
<<Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; el Señor viene del Sinaí a su santuario>>
Esto último concuerda con Habacuc 3: 3; <<Dios vendrá de Temán, y el Santo desde el monte de Parán>> El monte de Parán es el Sinaí.
Temán era una localidad en la región de Edom que no ha podido ser localizada con precisión. Pero sí tenemos información sobre Edom; región a la que el Señor llegará para hacer frente a sus enemigos:
Isaías 63: 1-6
<<¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. ¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado. Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira. Y con mi ira hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre>>
Este que viene de Edom, de Bosra, es Jesucristo en su segunda venida.
2. “La angustia de Jacob”
Así pues, esa es la ubicación final según el cumplimiento cabal de la profecía de Habacuc. Por lo tanto, volvamos al texto con el cual abríamos este estudio:
Habacuc 3: 16 <<Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas>>:
Habacuc, tiene una percepción total de las cosas que todavía no han sucedido, pero que sucederán al final de la Gran Tribulación en relación a Israel.
Aquí, Habacuc es un tipo del Israel de la Gran Tribulación. El da ejemplo a esos millones de judíos que deberán pasar por ese oprobio, que ya está a las puertas:
<<Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí>> Ese es el pavor de saber que estás rodeado de enemigos que van contra ti con la intención de destruirte.
El profeta Jeremías nos lo explica de parte de Dios, partiendo del hecho de la reunificación de los judíos en Israel:
Jeremías 30: 3-7 << Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán. Estas, pues, son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá. Porque así ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado>>
A pesar de haber promesa de restauración y bendición, el Israel de los últimos días deberá pasar por una aflicción sin precedentes, y que el profeta llama “La angustia de Jacob”.
Esa “Angustia de Jacob”, es la que expresa el profeta Habacuc también, tal y como leímos: <<Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí>>
3. Dios guardará a Israel
Habacuc 3: 16b.<< …y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas>>:
Tal y como se expresó el profeta, así hará también Israel en su momento, cumpliendo las palabras de Dios en Isaías:
Isaías 26: 20, 21 <<Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos>>
En el día de la “Angustia para Jacob”, Jacob (es decir, Israel), se estará quieto, viendo la salvación de Dios, cumpliéndose así las palabras del salmista:
Salmo 46: 10, 11<<Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob>>
En el libro de Apocalipsis 12: 13-16; vemos como se desarrollará la secuencia de los hechos:
<<Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo. Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca>>
Esa mujer es el Israel de Dios que será salvo al final de los días. Leemos Romanos 11: 25-27
<<Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados>>
Israel será preservado de sus enemigos de forma milagrosa durante tres años y medio, correspondientes a la segunda mitad de los siete años (la última shavúa), y que llamamos Gran Tribulación. Al final de ese tiempo es cuando volverá el Señor Jesucristo en gloria, y con él, la Iglesia gloriosa, a establecer el Reino Mesiánico.
Aunque Satanás intentará destruir a la hija de Sión (el Israel de Dios), como hemos leído en Ap. 12, no lo conseguirá.
3. La reacción de confianza del profeta
Ahora, volviendo a Habacuc, comentemos sobre la actitud del profeta, que como venimos diciendo, se corresponderá con la actitud del Israel de la “angustia para Jacob”:
Habacuc 3: 16b. << …y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas>>:
A pesar de que el profeta se “estremece” al contemplar las circunstancias que le rodean, que serán las propias que al Israel del periodo de la Tribulación, su decisión será la de estar en fe, quieto y esperando en Dios, en el momento cuando reciba el ataque de la Bestia Anticristo con todos sus ejércitos.
Se estará quieto, porque en ese momento se cumplirán las palabras del profeta Daniel:
Daniel 12: 1; <<En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro>>
Miguel es el ángel comandante de los ejércitos del Señor, que está bajo el mando del mismo Jesucristo.
A pesar del tiempo de gravísima angustia (la “Angustia para Jacob”), será el momento de la liberación definitiva del Israel de Dios.
Ese tiempo de angustia sin paliativos, fue narrado por el mismo Jesucristo. Lo leemos en Mateo 24: 15-22;
<<Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados>>
4. De los hechos de la Tribulación, aprendemos lecciones espirituales
Habacuc 3: 16b. << …y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas>>:
Aunque ese hecho profético tendrá lugar en un futuro ya cercano, y en la nación de Israel, podemos nosotros aplicar a nuestras vidas un principio que nos es básico para llevar adelante en victoria nuestra vida espiritual.
Ese principio es el ESTAR QUIETO EN EL DÍA DE LA ANGUSTIA.
En ese momento, cuando todo parece que se derrumba, es cuando la tentación de entrar en:
Por sólo nombrar algunas de esas cosas, es más que evidente. No obstante, en ese momento es cuando debemos creer y esperar que Dios intervendrá:
Salmo 46: 10, 11<<Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…>>
Dios siempre quiere glorificarse allí, en el momento cuando parece que no hay salida.
El Señor así se lo dijo a Pablo, y así él lo entendió: <<Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo>> (2 Corintios 12: 9)
Y sigue diciendo Pablo:
<<Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte>> (V. 10)
Así pues, nuestra fortaleza jamás proviene de nosotros, sino del Señor; y así ha de ser, para que la gloria se la lleve Él, y no nosotros.
