LOS DONES SON PARA PONERLOS POR OBRA 2ª parte
05/03/2006
1 Pedro 2: 4, 5 <<Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo>>
Introducción
Acordémonos que el domingo pasado hablábamos de que somos piedras vivas cada uno de los cristianos que conformamos el edificio de Dios, o casa espiritual, también llamado cuerpo de Cristo, y por tanto, cada uno de nosotros, miembros de dicho cuerpo (1 Pedro 2: 5; 1 Corintios 12: 12-27)
Esta vez analizaremos más de cerca la cuestión de los dones tal y como aparece en la Biblia.
1. Principales dones
a) El principal don de Dios, es el mismo Cristo, Su Hijo: Jn. 4 <<Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva>>
El Señor Jesús es el primero y más valioso de los dones de Dios a los hombres.
b) El segundo don, que es correlativo con el primero, que es Cristo, es la salvación: Ef. 2: 8, 9;
<<Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe>>
La salvación es un don (o regalo). No se puede meritar en modo alguno para obtenerla. Las religiones por regla general enseñan que uno tiene que conseguir ser “buena persona”, y que en base a esa premisa, uno tiene que hacer méritos para alcanzar una salvación.
No obstante, nuestro fundamento es Cristo, y sólo él es el artífice de nuestra salvación.
c) El tercer don es la persona del Espíritu Santo, que nos es dado en Cristo Jesús:
Hchs. 2: 38, 39 <<Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare>>
Nótese también que la actuación del Espíritu Santo es esencial para recibir la salvación, y para la santificación.
2. Los dones son iniciativa de Dios
Todo parte de la iniciativa de Dios. Leemos en Santiago1: 17 <<Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación>>
Y todo don de parte de Dios, no sólo está para el uso y disfrute del tenedor, sino para ministrar a otros, como miembros de un mismo cuerpo: 1 Pedro 4: 10 <<Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios>>
3. Más acerca de los dones
I. La justicia es un don: Romanos 5: 17 <<Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia>>
Por la transgresión de Adán, vino el don de la justicia que es Cristo, nuestra justicia (1 Co. 1: 30)
II. Dios da diferentes dones a cada uno: 1 Corintios 7: 7 <<Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro>>
Efesios 4: 7, 8 <<Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres>
La silla del descontento: En la silla del descontento se sienta aquel hermano que le parece que todos los demás tienen los mejores dones, y que él, no. Al compararse con los demás de modo inadecuado, se queda paralizado, siempre sentado en esa silla que no le permite hacer nada. Así que pasa su vida cristiana en estado básicamente “contemplativo”, no aportando prácticamente ningún fruto a la obra, porque llegó a creer que lo que Dios depositó en sus manos apenas tiene importancia, y es común.
Ese es un típico engaño del diablo, el cual debemos SIEMPRE desestimar y rechazar. Creámosle a Dios. Todo lo que Dios nos ha dado de forma personal e individual es parte esencial de todo un contexto que es la “casa espiritual” de la cual formamos cada uno parte, como piedras vivas (1 P. 2: 5), para ser de ayuda y colaboración con los demás.
III. Uno de ellos: El don de la continencia: 1 Co. 7: 8 <<Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando>>
El don de continencia es para aquellos que son llamados a no casarse, que tienen de parte de Dios mientras son solteros.
Ese don permite que el cristiano no peque en el área sexual; porque es menester entender de una vez por todas, que el sexo sólo es para el matrimonio.
IV. Los dones de Dios son irrevocables: Romanos 12: 29 <<Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios>>
Dios quiere que aceptemos los dones que Él nos da, con acción de gracias. No importa lo que sean. Por favor, aceptemos de buen grado lo que Él nos da para hacer en nuestra vida cristiana.
El cristiano astronauta: Tristemente, tenemos el caso del “cristiano astronauta”. No es que los cristianos no puedan ser astronautas (no van por ahí los tiros). El “cristiano astronauta” es aquel que vuela muy alto, demasiado alto, y se pierde en las alturas de su imaginación fantasiosa. Es aquel que no está satisfecho con lo que Dios le ha dado, y quiere siempre lo de “altos vuelos”. Quiere ser “pastor”, o mejor, llegar a ser profeta, o mucho mejor, “apóstol titulado”. En realidad, y aunque no pueda darse cuenta quizás, lo que le mueve es un afán de protagonismo que no puede ocultar. Siempre cree que merece más, y que no es suficientemente reconocido. Lo que realmente necesita es “bajar a la tierra”; es decir, morir a sí mismo y permitir que Cristo viva en él según Gál. 2: 20.
V. Los dones de Dios son para ponerlos en práctica y no descuidarlos: 1 Timoteo 4: 13-15; <<No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos>>
2 Timoteo 1: 6, 7 <<Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio>>
La silla de la humildad errada: En la “silla de la humildad errada” se sienta aquel hermano que ha llegado a creer que el sentido de la humildad es el de no levantar la cabeza ni hacer nada que pueda interpretarse como destacar en relación a los demás. El hermano está sentado en la “silla de la humildad errada”. Tiene dones clarísimos de parte de Dios, pero por tener un sentido errado de la humildad, nada hace por temor a que se le interprete como orgullo. Sentado en la “silla de la humildad errada”, ve la vida cristiana pasar en estado básicamente “contemplativo”, creyendo que Dios está contento de su “humildad”, no aportando, por tanto, prácticamente ningún fruto a la obra. Ese es otro engaño del diablo.
VI. Hay que estar abiertos para descubrir algún don espiritual que no supiéramos en nosotros: Romanos 1: 11, 12; <<Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí>>.
Dios siempre nos puede sorprender; así que estemos abiertos a, según la Palabra escrita, entender que Dios nos ha podido dar otro don que no sabíamos
VII. Hay que procurar los dones espirituales, y no dejarlos de lado: 1 Corintios 14:1 <<Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis>>
El énfasis en procurar implementar los dones del Espíritu es claro en la Biblia. Los necesitamos porque como cristianos vivimos en un Reino Espiritual, el de Dios, y Dios es Espíritu.
El don de profecía es uno de los dones que más se enfatiza
VIII. Hay que anhelar los dones espirituales: 1 Corintios 14: 12; <<Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia>>
Anhelar implica una acción. Un deseo puesto en marcha; un deseo de Dios. El Señor quiere que nos pongamos en acción respecto a los dones espirituales que ya hemos recibido, y que lo hagamos de veras.
La silla de la comodidad: En la “silla de la comodidad”, se sienta aquel hermano que tiene complejo de “camaleón”. Es decir, le gusta pasar desapercibido, camuflado con los demás, formando parte del bulto eclesial. La motivación para no anhelar dones y no ponerlos en práctica, es visiblemente pecaminosa; es la pereza. Así pues, patéticamente consolándose pensando de sí mismo que es parte de toda una masa de gentío espiritual, pasa su vida cristiana centrado en sí mismo, autocontemplándose, siguiendo la filosofía humanista barata de aquello de “¿Dónde va Vicente?, ¡Donde va la gente!”, aunque no vaya a ningún lugar.
Levantémonos de toda “silla de la comodidad”, que no nos hace descansar de nuestras obras propiamente, sino apartarnos de la bendición de nuestro Dios, y de ser de bendición para los demás.
Concluyendo
Estaremos viendo más de cerca en cuanto a los dones espirituales, y los llamados dones motivacionales, entre otros. Mientras tanto, sigamos entendiendo acerca de la importancia de descubrir (si aún no lo hemos hecho) y poner en práctica los dones que YA Dios nos ha dado, y que son para ser ministrados, también a los demás miembros del cuerpo de Cristo, como piedras vivas que somos, como cristianos nacidos de nuevo (Jn. 3: 3)
