LOS DONES SON PARA PONERLOS POR OBRA
26/02/2006
1 Pedro 2: 5 <<vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo>>
1 Pedro 4: 10, 11 <<Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén>>
Santiago 1: 22 <<Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos>>
1. Somos piedras vivas
Leemos de nuevo: 1 Pedro 2: 5 <<vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo>>:
Cada uno somos parte del edificio llamado casa espiritual.
La Palabra nos enseña que cada uno de nosotros, los cristianos verdaderos, somos piedras vivas. Esto es, somos sacerdotes de Dios (sacerdocio santo; ver Vers. 9).
Cada uno de nosotros, como piedras vivas, estamos para ser edificados como la casa espiritual, que es el cuerpo de Cristo, como sacerdotes de Dios.
Una piedra como tal no se mueve, sólo ocupa un espacio en una casa, y ni siquiera es consciente de ello, sólo es una piedra, aunque su función es importante, porque cada piedra es parte de ese edificio que vemos entero.
Una piedra viva, también ocupa un espacio, pero al ser parte de una casa espiritual, y por tanto viva, conlleva una responsabilidad espiritual también.
Esto implica una función; una función dentro de la casa espiritual, que es el cuerpo de Cristo. Es una función sacerdotal; es decir, una función que sirve directamente a los intereses de Dios.
Estos intereses de Dios son: El ofrecer sacrificios espirituales, conforme a Su voluntad.
2. Los sacrificios espirituales a los que somos llamados a hacer los cristianos
¿Qué sacrificios podemos ofrecer que valgan ante Dios? ¿Cuáles son esos sacrificios espirituales?
Muchos piensan que una vez son cristianos, ya pueden “descansar de sus obras”, sentándose en cómodas poltronas, viviendo la vida para sí a todos los niveles, etc. porque “Cristo ya lo hizo todo en la cruz”.
Veremos que eso no es así.
Pablo enseñó a los Colosenses: <<Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios>> (1: 24, 25)
Aquí tenemos la respuesta: Gracias a que Cristo hizo Su obra en la Cruz, esa obra perfecta e inimitable, a la cual nada se le puede añadir ni quitar, porque sólo Jesús de Nazaret la podía hacer, nosotros ahora, como piedras vivas, podemos y debemos como Pablo dice: Padecer por el cuerpo de Cristo, cumpliendo en nosotros mismos todo el margen que el mismo Cristo nos dio para hacer, como cristianos.
En otras palabras, Cristo hizo Su obra, y gracias a eso, nosotros, como cristianos, es decir, seguidores de Cristo, hemos de hacer la nuestra, que complementa (no añade) a la Suya, siendo en conjunto todo, la obra de Cristo.
Esos son los sacrificios espirituales. Como sacrificios, son obras de ofrecimiento a Dios.
Son obras previstas por Dios para que cada uno de nosotros, como piedras vivas, nos pongamos a hacerlas, conforme al don y el llamamiento de Dios para cada uno.
El apóstol Pablo lo dijo así: <<Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas>> (Efesios 2: 10)
ASÍ QUE COMO CRISTIANOS, ESTEMOS PREPARADOS Y DISPUESTOS A SERVIR AL CUERPO DE CRISTO CONFORME AL DON Y LLAMAMIENTO DE DIOS PARA CADA UNO.
3. Conforme al don que se ha recibido
1 Pedro 4: 10 <<Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios>>:
La Palabra nos enseña que cada uno de nosotros hemos recibido algo de parte de Dios. A ese algo, se le llama don, también se le llama carisma.
La palabra española carisma, es transliteración de la palabra griega charis, que significa: <<Don, regalo, gracia, favor, poder, oficio, misión>>
Según el sentido, se debe aplicar una u otra palabra de estas.
La salvación, el primer de los dones
Ciertamente, el primero de los dones que recibimos, y sin duda el más importante, es la salvación. La cual no depende de obra alguna de parte nuestra, sino de aceptar la obra de Cristo en la cruz, y creer en ella.
Pero no vamos a hablar aquí de la salvación, la cual como cristianos hemos recibido por gracia (don) por medio de la fe, (por creer) (Ef. 2: 8, 9); sino que nos extenderemos hablando sobre las responsabilidades que tenemos una vez somos ya cristianos en relación a los demás cristianos.
Recordemos: (1 Pedro 4: 10) <<Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios>>:
Claramente se nos dice que tenemos algo que hacer en esta vida como cristianos. Se nos dice que, cada uno de nosotros, conforme a lo que previamente hemos recibido de parte de Dios, debemos asimismo servir a los demás (eso significa ministrar), como buenos administradores que debemos ser, cada uno, conforme a la parte que le corresponde de todo lo que previamente Dios ha dado.
Buenos administradores
En otras palabras, Dios nos da para que demos, y que lo hagamos bien, como buenos administradores.
La palabra administrador, es la griega oikonomos, de donde proviene la palabra española economía, y significa literalmente, uno que “gobierna una casa” (de oikos: casa; y nomos: ordenanza, ley, prescripción).
En otras palabras, el cristiano es el responsable de que los bienes (espirituales, naturales, materiales) de la casa de Dios (que somos todos y cada uno) sean repartidos y puestos en funcionamiento óptimamente.
DIOS NOS HA DADO, Y LO QUE NOS HA DADO LO HEMOS DE SABER ADMINISTRAR HACIA LOS DEMÁS.
El apóstol Pablo enseñó así a los Corintios:
<<Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel>> (1 Corintios 4: 1, 2)
Pablo y los demás apóstoles con él, eran oikonomous (responsables en la casa de Dios) en cuanto a la divulgación de los misterios de Dios, es decir de su Palabra que ya ha sido revelada para todos (Nuevo Testamento). Para ello debían de ser fieles, como lo fueron.
Cada uno de nosotros también somos oikonomous, (responsables en la casa de Dios), para ministrar a los demás según lo que Dios nos ha concedido.
TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS TENEMOS DONES DE DIOS.
4. Veamos dos de esos dones
(1 Pedro 4: 11) <<Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén>>:
Aquí la Palabra nos menciona dos de los dones que siempre se han de poner en práctica en la iglesia:
El hablar aquí, implica comunicar conforme “a las palabras de Dios”; es decir, según el logos (o palabra escrita), y según el rhema (la palabra puntual que el Espíritu Santo da). Podría hallarse esto en el contexto de: Predicar, enseñar, aconsejar, exhortar, animar, etc.
El ministrar aquí, tiene el sentido de servir a los demás, manifestando el poder de Dios, a través de la oración, impartición de manos, expulsión de demonios, bautismo en el Espíritu Santo, etc. etc. así como a través de actos de índole natural.
También tiene el sentido de servir de forma natural, y no tan sólo espiritual, a los demás, pero nótese que siempre haciéndolo según “el poder de Dios”, y no según la carne del individuo.
Insistimos: El énfasis está en el ministrar; es decir, en el servir, a los demás, y siempre en las fuerzas del Señor.
Claramente ambos dones; hablar y ministrar son para todos y cada uno, según cada uno ha recibido previamente.
Concluyendo
Busquemos el estar preparados para toda buena obra. Para estar enteramente preparado para toda buena obra, es necesario conocer antes bien la Escritura (2 Ti. 3: 16, 17)
Seamos diligentes en el servicio, y estaremos agradando a aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas>> (2 Pedro 1: 3, 4)
Como dice la Palabra: <<…hacedlo todo para la gloria de Dios>> (1 Co. 10: 31)
