PROFECÍAS SOBRE EL MESÍAS
19/02/2006
(Isaías 11: 1-5)
1. Anunciando el advenimiento del Mesías
<<1Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. 2Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová>>:
El vástago o retoño aludido es en hebreo nétser, de donde nos da la clave para entender la procedencia del Mesías y de cómo sería conocido: NÉTSER: NAZARENO, es decir, Jesús de NAZARET.
Proféticamente, Isaías hablaba del advenimiento del Mesías, proveniente del linaje de Isaí, el padre de David. Veámoslo en el Nuevo Testamento:
<<Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo>> (Mateo 1: 15, 16)
Pablo, dirigiéndose a los judíos en Antioquia de Pisidia, dijo: <<Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd:…[Dijo el Señor] He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero. De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel>> (Hechos 13: 16, 23)
Ese hombre, Jesús, descendiente de Isaí, iba a ser muy especial
(V. 2) <<Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová>>:
El Espíritu de Jehová: El poder y la asistencia especial de Dios, que capacita para gobernar los asuntos de Dios.
La sabiduría, necesaria para el buen gobierno, debía ser una de las cualidades del rey.
Vemos que eso es lo que pidió Salomón a Dios: (1 Reyes 3: 8–9) <<Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar por su multitud incalculable. Concede, pues, a tu siervo un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo y discernir entre lo bueno y lo malo, pues ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande>>
En el salmo 72, en la oración en favor del rey, vemos las cualidades mencionadas en estos versículos de Isaías 11.
Las siete manifestaciones del Espíritu de Dios
El Mesías, iba ha recibir las siete manifestaciones del Espíritu Santo. Por el Espíritu Santo, Jesús de Nazaret, obró la voluntad del Padre aquí en la tierra cuando vino la primera vez.
2. La clave: El temor de Dios
(V. 3, 4) <<3Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; 4sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío>>:
El Espíritu de Dios, a Jesús hombre, le iba a hacer entender la importancia de ser DILIGENTE, en cuanto a perseverar en el temor de Dios.
Jesús no vino al mundo a hacer su voluntad; a vivir su propia vida (como muchos así dicen y hacen), sino a hacer la voluntad del Padre, por lo tanto, a vivir de acorde a los designios del Padre.
ASÍ ES COMO NOSOTROS DEBERIAMOS VIVIR TAMBIÉN.
¿Cómo agradar a Dios?
Sólo el Espíritu Santo (en este, caso, el Espíritu de Dios) nos puede hacer comprender cómo agradar a Dios de veras, lo cual implica estar basados en el temor Suyo, el cual sólo Él nos lo puede hacer comprender
Hay demasiados que pretender servir o seguir a Dios, pero no agradan a Dios, porque:
Jesús advirtió: <<No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad>> (Mateo 7: 21-23)
Por eso, a pesar de los aparentes grandes prodigios que uno pueda llegar a hacer en el nombre de Dios, no por eso será justificado ante Él; sobretodo si conoce la voluntad de Dios, y no la hace, sino que se complace en sus “logros” personales, y en conseguir sus aspiraciones personales (o, y) ministeriales.
Sólo el que hace la voluntad del Padre entrará en el Cielo.
Sabiendo si estamos en la voluntad de Dios
La clave para saber si tú y yo estamos en la voluntad de Dios, haciéndola, es siguiendo el principio que el mismo Jesús nos enseñó.
Así lo argumentó:
<<El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia>> (Juan 7: 17, 18)
Cuando Jesús se dirigía a sus oyentes los judíos, les decía que de entre ellos, los que realmente eran de Dios, iban a ser jueces justos a la hora de averiguar si su doctrina (la de Jesús) era verdadera o no; es decir, si esa doctrina provenía de Dios o si Jesús hablaba por su propia cuenta.
El principio es muy claro: El que habla por su propia cuenta, le mueve una motivación absolutamente carnal: Busca lo suyo.
Si tú y yo buscamos en esta vida solamente lo concerniente a nosotros mismos, para nosotros mismos, por nosotros mismos, y como meta nosotros mismos, entonces no estamos en la voluntad de Dios.
Si tú y yo buscamos en esta vida lo que verdaderamente agrada al que nos creó, que es Dios según Cristo, entonces estaremos en el camino correcto.
Jesús es nuestro ejemplo
Jesús andaba en el temor de Dios siempre:
<<Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra>> (Juan 4: 34)
Cuando iba para el Gólgota, exclamó: <<Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad>> (Mateo 26: 42)
Por eso, Jesús se atrevió a decir: <<Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre>> (Mateo 12: 50)
3. No iba a juzgar según las apariencias
<<No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos>>
Una de las claves de la actuación de Jesús de Nazaret, fue la de ser movido según la verdad, y no según las apariencias externas.
El profeta Isaías, 730 años antes de que viniese al mundo Jesús, ya lo advirtió.
El mismo Jesús enseñaba:
<< No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio>> (Juan 7: 24)
Así debemos nosotros de conducirnos; buscando la verdad de parte del Espíritu Santo, y no según nuestro simple entendimiento carnal, basado en las apariencias externas.
4. La justicia de Cristo
(V. 4) <<Sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío>>
La justicia de Cristo es muy diferente a la actuación y principios de los hombres. Jesús supo mostrar un concepto mucho más elevado de justicia que el de los religiosos de la época.
Su juicio era según la justicia de Dios, porque, además de haber sido ungido con el Espíritu de Dios, tal y como vimos, él sólo quería hacer la voluntad del que le envió:
(Jn. 5: 30) <<No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre>>
(Juan 12: 49, 50) <<Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho>>
La clave de la justicia de Cristo era la ausencia de orgullo y egoísmo, porque él vivía solamente para hacer la voluntad del Padre, en todos los sentidos, y nunca la suya propia.
ASÍ DEBEMOS VIVIR TODOS LOS QUE DECIMOS QUE SOMOS DE CRISTO.
No obstante, hay tantos hoy en día que son justos y sabios en su propia opinión, que se llaman creyentes. Para todos ellos, para los que rechazan directamente o encubiertamente la Palabra de Cristo, Él les dice lo siguiente:
<<El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero>> (Juan 12: 48)
Muchos, con que a priori no les pasa nada por seguir viviendo en la carne, conforme a su propia voluntad aun y llamándose cristianos, piensan que están justificados por Dios, y que Él no les va a pedir cuentas jamás. Pero veamos que dice el Señor Jesús:
(Juan 12: 47, 48) <<Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero>>
En otras palabras, el Señor es paciente para con todos mientras la persona vive en su cuerpo, pero llegará un día, y ya no es lejano ese día, que la palabra del Evangelio, que fue dada para salvación, se tornará en palabra de juicio, para todos aquellos que impunemente pisotean al Hijo de Dios.
Leemos así en Hebreos 10: 26-31;
<<Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!>>
ENTENDAMOS QUE LA GRACIA DE CRISTO ES PARA ARREPENTIMENTO DE LOS PECADOS, Y NO PARA SEGUIR PECANDO IMPUNEMENTE.
5. Cristo como león de la tribu de Judá; (el Mesías triunfante)
(V. 4b) <<y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío>>:
Otra traducción posible para “tierra”, es “violento”. Cristo, el ahora León de la tribu de Judá, volverá para ejecutar juicio a las naciones y establecer su Reino. Leemos en Apocalipsis 19: 11-15;
<<Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso>>
<<…y con el espíritu de sus labios matará al impío>>:
Leemos seguidamente:
(2 Ts. 2: 8) <<Y entonces se manifestará aquel impío, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida>>
Ese impío, llamado también inicuo, es la Bestia Anticristo de Ap. 13, el falso cristo que está por levantarse por poco tiempo en este mundo. Por poco tiempo, pero tiempo nefasto y horrible, tanto, que <<si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo…>> (Mt. 24: 22)
Si nos damos cuenta, en Isaías no se apercibe corte ninguno entre el advenimiento de un Mesías Salvador, y de un Mesías conquistador; va junto. Nosotros ya sabemos que el Mesías viene en dos etapas muy diferentes y distanciadas en el tiempo. Una ya se cumplió, la segunda está a punto de cumplirse.
Así pues, vivamos conforme al temor de Dios, buscando el vivir para Él, según su voluntad, y no vivir para nosotros mismos más, porque la venida del Señor está a las puertas, para llevarnos a casa.
