“LA LETRA MATA MAS EL ESPÍRITU VIVIFICA” Y… “EL CONOCIMIENTO ENVANECE, PERO EL AMOR EDIFICA"

Índice del Tema


(2 Corintios 3: 4-6) “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”

(1 Corintios 8: 1) “En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica”

“LA LETRA MATA MAS EL ESPÍRITU VIVIFICA” Y… “EL CONOCIMIENTO ENVANECE, PERO EL AMOR EDIFICA"

Introducción

Una de tantas cosas malas y condenables dentro de la mala praxis del cristianismo es la de usar textos bíblicos para hacer argumentos con ellos que nada tienen que ver con el fin por el que fueron escritos y divinamente inspirados.

“La letra mata mas el espíritu vivifica”, y… “el conocimiento envanece, pero el amor edifica” son dos de esos muy usados textos, fuera de contexto.

Cuando se enfatiza la importancia de aprender más de la Palabra, de aumentar el conocimiento bíblico, de crecer en doctrina y sabiduría y cosas así, algunos se oponen aduciendo sendos pasajes bíblicos, sin el más mínimo pudor ni recato.

Lo que pretenden decir es que el conocimiento no es bueno, y lo que es bueno es la “fe”, la unción del Espíritu, las experiencias personales con Dios, lo emocional, etc.

La pregunta que nos debemos hacer es esta: ¿Por qué ha de ser una cosa en vez de la otra? He ahí la trampa.

¿Es que la Palabra nos enseña que la fe, la experiencia con el Espíritu Santo, etc. todo ello es contrario al conocimiento, como que se oponen? Sabemos que no es así.

De entrada queremos decir que el conocimiento bíblico es básico para poder experimentar una saludable vida cristiana, de otra manera seríamos víctimas fáciles del enemigo y de nuestra propia carne.

“Si el conocimiento de la Biblia fuera malo, entonces ¿qué tendríamos que hacer con ella? Les diré qué: ESTUDIARLA, porque gracias a Dios, ¡Bendito conocimiento es este!”

“Si el conocimiento de la Biblia fuera malo, entonces ¿qué tendríamos que hacer con ella? Les diré qué: ESTUDIARLA, porque gracias a Dios, ¡Bendito conocimiento es este!”

I. ¿El conocimiento es malo?

(1 Corintios 8: 1) “En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica

La subrayada es una de las frases que los tibios e inconstantes utilizan muy a menudo para defender sus costumbres e ideas, acordes a su carácter y particular entendimiento de la espiritualidad. Lo hacen, primeramente porque lo han oído mil y una veces de muchos enseñadores pretendidamente muy avivados, que a la verdad, poco saben de teología, ya que, lejos de estudiar e hincar los codos, muchos de ellos se refugian y justifican con aquello de que “el Espíritu les lleva a toda verdad” - o que plagiando al rey David - “aun en las noches les enseña su conciencia”, defendiéndose, diciendo que sólo con el celo por Dios es suficiente, haciendo de la ignorancia una virtud.

Quizás ellos mismos lo han aprendido de la boca de su pastor que es de los legalistas de lo que ellos llaman la “sana doctrina”. Otros quizás en algún congreso “profético y de avivamiento”, o en algún libro de alguno de esos falsos apóstoles actuales de la “prosperidad”… quien sabe.

Cualquier cosa antes que reconocer que el conocimiento de la Palabra de Dios es sumamente importante, para conocer a Dios; porque ¿Cómo es posible conocer a Dios si no es por Su Palabra?

Pero veamos, qué es lo que en realidad pretendía enseñar el apóstol Pablo a aquellos corintios sumamente engreídos muchos de ellos. Para ello, deberemos hacer un poco de historia antes.

1. El por qué de las palabras de Pablo a los corintios

Los griegos y los romanos eran politeístas, y así como creían en muchos dioses, también creían que por contrapartida, habían espíritus malos, lo que diríamos nosotros, demonios.

Creían que los espíritus malos se pegaban, en concreto, a las viandas, para así entrar en los cuerpos de las personas. Por ese motivo, esos idólatras de la Antigüedad, lo que hacían era ofrecer esa carne a un dios. El sacrificio, no sólo cumpliría la función de obtener el favor de ese dios en concreto, sino que además con ello creían que esa carne era purificada de la contaminación demoníaca. Luego esas carnes, en definitiva, se vendían en los mercados.

Surgía entonces para los creyentes en general un problema de conciencia, ya que no tenían la suficiente confianza o fe como para comer de esa carne, que por cierto era la única que se podía comprar en los mercados. Por otro lado, estaban muchos de esos corintios que tenían superado este asunto, y desembarazadamente comían esas carnes ante esos otros creyentes más débiles en su fe, provocándoles quizás, aun sin quererlo, el que ellos también comieran, pero sin tener la suficiente convicción, y por tanto de ese modo, pecaban por hacer tal cosa.

Ese es el motivo por el cual Pablo les estaba diciendo a esos corintios que tenían conocimiento suficiente como para no tener problemas de conciencia consigo mismos, que ese conocimiento no les eximía de su responsabilidad de cuidar de los más débiles en la fe, para no llevarles indirectamente a pecar. De ahí lo de que el conocimiento envanece, ya que a pesar de su conocimiento, eran capaces de hacer algo indebido por causa de los demás, envaneciéndose de su “libertad” en Cristo, mientras que el amor edifica; es decir, que por amor a sus hermanos más pequeños, debían abstenerse de comer ante ellos.

¿Qué tiene que ver todo esto con lo que muchos predican y muchos otros creen y dicen, de que el conocimiento envanece? ¡Nada! Y con esa excusa, ya no estudian suficientemente la Biblia, no profundizan en la Palabra, aunque a muchos les encante pretender ser “teólogos” a través del Facebook o de cualquier otra red social, etc. porque como dice el Proverbio: “En su propia opinión el perezoso es más sabio que siete que sepan aconsejar” (Prov. 16: 16)

“La ingestión de carne no ha de ser ningún problema para ningún cristiano en la actualidad"

“La ingestión de carne no ha de ser ningún problema para ningún cristiano en la actualidad ya que aquellas costumbres paganas de dedicación de la misma a los dioses, quedaron en el baúl de los recuerdos. No obstante para muchos de aquellos cristianos de aquel tiempo, sí era un problema de conciencia”

II. La letra mata mas el Espíritu edifica

En este estudio veremos con profundidad lo que el apóstol Pablo quiso decir cuando empleó esta frase: “La letra mata, el espíritu vivifica”, y nos daremos cuenta que nada de nada tiene que ver con lo que todos estos cristianos tibios y desinteresados realmente en las cosas de Dios quieren decir, o aquellos que son ignorantes y andan un tanto confundidos.

Pero hagamos la conveniente exégesis desde la hermenéutica de todo esto.

1. Pablo defiende su ministerio ante los corintios

El apóstol Pablo escribe a los corintios, y en ese contexto, primeramente les hace defensa de su ministerio. Veamos el texto:

(2 Corintios 3: 4-6) “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”

Sabemos de la dureza de muchos de aquellos corintios, y de cómo eran tan fácilmente permeables a la doctrina de los falsos apóstoles de aquel tiempo, tal y como ocurriría ahora. Nada ha cambiado. Por ello, Pablo hace una defensa de la fe y de su ministerio como canal de expresión y enseñanza de la fe.

De ese modo, Pablo da a conocer su total confianza en Dios al respecto: (V. 4) “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios”.

Esa confianza de Pablo, insiste él, no es en sí mismo, sino en Dios, y en ese sentido exime su debilidad como hombre falible con honestidad ante sus lectores: (V. 5) “no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios”.

Tal es el grado de confianza de Pablo en Dios y en su llamamiento en Él, que va más allá, y esgrime ante los corintios una verdad, quizás algo oculta a los ojos de ellos, engreídos muchos de ellos (ver 1 Co. 4: 8). Esa verdad es que él y los que estaban con él, fueron constituidos por Dios “ministros competentes de un nuevo pacto…” (V. 6)

Esta expresión: Un nuevo pacto es importante, pues está hablando del Nuevo Pacto, también denominado Nuevo Testamento.

2. El nuevo pacto, superior al anterior

Ese “nuevo pacto” es el que todos conocemos, pues. Es el pacto de Dios hacia los hombres por Cristo, y en Cristo. Pablo les decía a los corintios que él fue escogido por Dios para dar a conocer esa bendición divina.

Con que está hablando de un “nuevo” pacto, da a entender que existe un pacto anterior. Este es el “antiguo pacto”, conforme a lo expresado por Dios por mano de Moisés: la Ley mosaica.

Ese “nuevo pacto” es efectivo en misericordia hacia el creyente, porque suministra el perdón de Dios, cosa que el anterior no hacía. En cambio, la “letra”, entiéndase aquí, la ley y su exigencia de cumplimiento, no podía cumplir su requisito más básico de amor y misericordia: el perdonar al pecador.

Por lo tanto, Pablo cuando habla de “un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu” (V. 6), se está refiriendo a eso mismo.

El Nuevo Pacto es el del Espíritu, el antiguo pacto es el de la letra, es decir, la ley mosaica.

3. Letra vs Espíritu

Hasta aquí ya podemos entender mejor el sentido de lo que ahora acabaremos de ver y comprender. Nótese pues, que la letra es el “espíritu” del antiguo pacto, y el “espíritu” en este caso, es el Espíritu Santo, dado por Dios a través y en función del “nuevo pacto”.

La letra no es en sí la Biblia, no es el conocimiento bíblico, no es en sí la Palabra escrita, pues. La letra a la que se refiere un tanto poéticamente Pablo, es la Ley en su exigencia de cumplimiento por parte del hombre, exigencia que jamás este pudo cumplir, por eso, esa letra, mata.

(V. 6) “el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”:

Insistimos. ¿La letra mata? Sí. Esa letra – reiteramos – es la exigencia de santidad de un Dios Santo a una humanidad caída. Mata, porque produce muerte, ya que NADIE excepto Jesús, pudo cumplir con esas exigencias divinas.

La letra mata de dos maneras:

  1. Resulta en una muerte en vida. Ahí tenemos el ejemplo del mismo Pablo antes de conocer a Jesús. El pensaba que agradaba a Dios porque buscaba el cumplir con la letra de la ley, pero estaba muerto en sus pecados, como él mismo lo dice: (1 Timoteo 1: 13) “habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad”
  2. Resulta en muerte espiritual eterna. Por su misma incapacidad de salvar, la letra (la ley exigida) enviaba a aquel que pretendía justificarse por el cumplimiento de la misma a la perdición eterna: (Romanos 10: 2, 3) “Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios”

4. Entendiendo más sobre el propósito de la Ley

(Romanos 7: 9-11) “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató”

Es curiosamente paradójico que haya creyentes de índole judaizante que tengan la Ley como algo incluso superior a Cristo, y aún en cierto modo se avergüencen de ese Nombre, cuando fue Él, Cristo, el único que pudo cumplir con ese divino requisito indispensable de santidad, no tanto para sí mismo ya que era el Justo, sino para nosotros, los que esperamos en Él.

La Ley es muerte para el hombre natural, tanto si ese hombre es judío o es gentil. Fíjense en las palabras de Pablo. Él con humildad expresa que cuando llegó a ser consciente por el conocimiento de la Ley o mandamiento de que vivía en pecado, ese pecado, por el conocimiento de esa exigencia de Dios, cobró vida en él, y le mató.

La Ley le acusó ante Dios; la Ley le desnudó espiritualmente ante sí mismo y ante Dios, y le mostró como era él realmente: un pecador, y por tanto excluido de la gloria de Dios.

El mandamiento, o la Ley, es vida en sí mismo, pero es muerte para aquel que pretende cumplirlo en sus únicas fuerzas.

El pecado es inherente en el hombre natural, pero muchos no son conscientes de ello; por la Ley, el hombre llega a conocer su estado de muerte espiritual. La Ley revela lo que hay en el hombre.

Pero la Ley no conoce la misericordia. De ahí que mata. Mata, o más bien declara la muerte del hombre, quien es incapaz de cumplirla en sí o por sí mismo.

La Ley básicamente resume la exigencia de un Dios santo.

5. Recapitulando

Como hemos visto entonces, y a modo de recapitulación:

“la letra mata, mas el espíritu vivifica”:

La “letra” es la ley de Moisés en su calidad de exigencia de santidad, hacia un cumplidor externo de la misma, buscando el así salvarse, y obteniendo lo contrario: muerte.

El “espíritu” es el Espíritu Santo, el cual descendió para ratificar el nuevo pacto, y dar vida a los que reciben a Cristo a lo largo de los siglos.

Como puede verse, nada de todo esto tiene que ver con utilizar esa frase bíblica para escudarse en un posicionamiento de error doctrinal o de costumbre, acción u omisión, tal y como argumenté al principio.

¡SOLI DEO GLORIA!

© Miguel Rosell Carrillo, Pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Febrero 2012
www.centrorey.org