LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN - Parte I-

Índice del Tema

(1 Corintios 15: 16) “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó”

Leer: 1 Corintios 15: 12-21; 35-58; 1 Tesalonicenses 4: 13-18; 1 Juan 3: 2

 

LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN

Introducción

La palabra resurrección refleja la esperanza del verdadero cristiano. Esta era la fe y esperanza de los primeros creyentes que morían en Cristo: resucitar, así como Cristo resucitó.

No obstante, hoy en día, ¡en general qué poco énfasis y atención se presta a este tema tan vital de nuestra común fe! Aún en las iglesias más piadosas, comparativamente, poco se enseña y predica sobre la resurrección de los muertos.

No obstante la Resurrección (y el Arrebatamiento, según proceda) es la razón o propósito de nuestra fe.

La resurrección en Cristo es sinónimo de salvación.

1. ¿Qué es exactamente la resurrección?

Muchos confunden resurrección con “reencarnación”, no obstante, son dos conceptos muy distintos.

La falsa doctrina de la reencarnación, es la creencia de origen oriental (hindú, budista) que enseña que el hombre cuando muere se vuelve a encarnar, (o hacer carne) en otro hombre distinto, e incluso en un animal.

Así pues, una misma alma (o karma como enseñan el hinduismo y el budismo), volvería a nacer indefinidamente en muchos cuerpos a lo largo de los años, uno tras otro, hasta presuntamente alcanzar el nirvana.

Esa falsa doctrina contradice el principio bíblico que dice: “De la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (Hebreos 9: 27).

La resurrección, del griego “Anástasis”, y que literalmente significa:

 “Levantamiento, erección, reconstrucción, acto de levantarse o despertar (de ahí lo de “Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5: 14), es cosa muy diferente.

Tanto para salvos como para no salvos, la resurrección consiste en el inicio del estado final e inmortal de la persona.

La resurrección es la manifestación final de la salvación del creyente. Es cuando el alma y el espíritu del creyente que una vez durmió en Cristo son incorporados a un nuevo cuerpo. Es cuando Dios recrea para él un nuevo cuerpo espiritual, a la vez que físico, pero esta vez, glorioso e inmortal (1 Corintios 15: 52, 53).

Así como Cristo resucitó de entre los muertos, así resucitarán los muertos en él de todos los tiempos.

“La tumba está vacía. ¡Jesús resucitó!”

“La tumba está vacía. ¡Jesús resucitó!”

A. ¿Qué es exactamente la Transformación?
Llamamos aquí transformación, al evento que ocurrirá a los verdaderos cristianos que estemos en la tierra cuando el Señor Jesús regrese a por nosotros y se produzca el Arrebatamiento o Rapto. Leemos así en la Palabra respecto a éste último:

1 Tesalonicenses 4: 17

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados... para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Esa transformación sucederá en los cuerpos nuestros, al ascender a recibir al Señor en las nubes. Leemos así en las Escrituras, por boca del apóstol Pablo:

1 Corintios 15: 51-53

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”

Así pues: la resurrección es para los muertos en Cristo. La Transformación es para los que vivamos cuando Cristo venga a por su Iglesia. El resultado será el mismo: cuerpos nuevos tanto para unos, como para otros.

“El Arrebatamiento"

“El Arrebatamiento tendrá lugar en un momento dado (el día y la hora nadie sabe), y se producirá en ese mismo evento la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los cristianos que estén vivos en ese día”

2. La incapacidad del hombre natural de entender la Resurrección

Leemos en 1 Corintios 2: 14;

“El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.

Volviendo por un momento al comentario anterior, es impresionante notar la gran carencia de interés que hoy en día se observa hacia el fundamento de la resurrección.

Esto es posiblemente debido al flujo y reflujo de la filosofía de corte griego que inunda nuestra sociedad. Para la mentalidad griega, pensar en resurrección es locura.

Ya el apóstol Pablo se percató de ellos cuando intentaba llevar a los griegos de Atenas a los pies de Jesús. Leamos Hechos 17: 16-33

…y en Vv. 32, 33, leemos:

 “Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. Y así Pablo salió de en medio de ellos”.

Aún e intentando hablarles en su lenguaje filosófico, aquellos atenienses no pudieron creer en la resurrección de los muertos, porque no podían comprender el poder de Dios. No obstante, la resurrección de los muertos es parte inseparable de la doctrina del Evangelio, enseñada a lo largo de toda la Biblia.

Aquellos griegos, (con comezón de oír - V. 21), intentaban entender lo que Pablo les enseñaba, pero no podían entender acerca de lo sobrenatural de Dios porque lo filtraban todo con su mente humana y carnal, caída. Ellos, aun creyéndose sabios, no se querían percatar que “polvo eres, y al polvo volverás” (Gn. 3: 19b).

3. “Polvo eres, y al polvo volverás”

¡Nada ha cambiado! A pesar de todos los avances tecnológicos, políticos y sociales que caracterizan esta época, tampoco el hombre actual comprende que es polvo. ¿Y nosotros como cristianos, lo comprendemos bien? Es importante tener una comprensión bíblica de todo esto. Para ello, hemos de retroceder 6.000 años y situarnos en la escena del Jardín del Edén.

Dios todo lo hizo bueno

Dios hizo perfecto al hombre (leer Gen. 1: 26-28). Lo hizo perfecto aún y haciéndolo del polvo de la tierra, tierra que a su vez, era perfecta.

Leemos Génesis 2: 7; “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”.

Creado del polvo de la tierra, el primer hombre recibió directamente de Dios la vida al recibir su espíritu de parte del Espíritu de Dios. Esa vida iba a ser eterna, porque Dios es eterno.

El hombre no fue creado para morir. En primera instancia, el hombre, creado del polvo, no iba a volver al polvo.

La Caída

Pero todos sabemos que, al ser probados, la mujer y el hombre fallaron y cayeron, entrando el pecado en sus vidas, y como consecuencia directa, en la tierra (ver Gn. 3).

Ahora bien, el resultado del pecado es la muerte. Leemos así en Romanos 6: 23; “Porque la paga del pecado es muerte...”.

“El hombre natural (el hombre sin Dios) no puede aceptar en su corazón que exista la resurrección."

“El hombre natural (el hombre sin Dios) no puede aceptar en su corazón que exista la resurrección. Muchos no piensan que haya nada después de la tumba”

4. ¡Aunque volvemos al polvo...!

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él (Jesús) también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2: 14).

¿Por qué dice que el diablo tenía el imperio de la muerte?, ¿Es que ya no lo tiene?: No, ¡ya no lo tiene! 

La muerte (eterna) ya ha sido vencida, porque el autor de la vida, Jesús, con su muerte, venció al que tenía el señorío de la muerte.

Leemos de nuevo el versículo entero de Romanos 6: 23;

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Es por la fe que el que cree en Cristo, recibe la vida... aunque deba de volver al polvo por un tiempo.

¡Es a través de la resurrección que el creyente vence absoluta y totalmente a la muerte!

Enseña la Palabra de Dios al respecto en 1 Corintios 15: 53-55;

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”.

Lo corruptible que será vestido de incorrupción serán nuestros cuerpos actuales de los que quedemos para la venida del Señor. Así también será con los cuerpos resucitados de los que nos preceden en Cristo.

Aunque nuestro cuerpo vuelve al polvo, esto no será así para siempre, ya que esperamos la resurrección de los que duermen en Cristo, o la transformación si vivimos en el momento en que nuestro Señor aparezca en las nubes.

Por eso, debemos de esforzarnos en lo que nos per toca, en ocuparnos de nuestra salvación (santificación) con temor y temblor (Fil. 2: 12). Si esto hacemos, podemos estar tranquilos, sabiendo que el mismo Dios de paz nos santifica por completo; y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, es guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que nos llama, el cual también lo hará (1 Ts. 5: 23, 24).

5. Resumiendo

  • La RESURRECCIÓN de los muertos no es la reencarnación (inexistente) de la que se habla demasiado hoy en día.
  • La RESURRECCIÓN es la verdadera esperanza del cristiano. Por eso es tan importante predicarla y enseñarla hoy en día.
  • La TRANSFORMACIÓN en gloria del cuerpo creyente es lo que le ocurrirá a éste cuando, vivo en la tierra en la venida del Señor, sea ascendido a los cielos para recibirle allí.
  • La expresión bíblica “polvo eres y a él volverás”, entre otras cosas, denota la INCAPACIDAD del hombre sin Cristo de entender la RESURRECCIÓN (Hchs. 17: 32).
  • Por la Caída del hombre, la muerte entró en la Creación de Dios.
  • Aunque volvemos al polvo, esto no será así para siempre, ya que esperamos la RESURRECCIÓN de los que duermen en Cristo.
  • Aunque volvemos al polvo, el que TENÍA el imperio de la muerte, esto es, el diablo, ya no ejerce su poder mortal y eterno en nosotros, porque Jesús, el Autor de la vida, con su muerte le venció.

 
(Sigo en una próxima entrega)

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Agosto 2011
www.centrorey.org

Fin