LA FE, EL PISTIS DE DIOS

Este es un estudio teológico que nos ayudará a comprender mejor el asunto de la fe: qué creer, qué no creer, cómo creer, etc. conforme la Biblia nos lo muestra.

 Capítulo Primero

Índice del Tema

(Hebreos 10: 35-39: 11: 1)

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; 36 porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. 37 Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma.39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.  1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”
   

Introducción

Los cristianos verdaderos pertenecemos al Reino de Dios, el cual no es de este mundo aunque está en este mundo, justo en nosotros, que también estamos en el mundo, aunque no somos del mundo.

“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5: 19)

“nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Fil. 3: 20)

Siendo ya ajenos a este mundo, Dios quiere que todavía estemos en él, pero que no nos contaminemos con él.

Como ciudadanos de la ciudad santa, la nueva Jerusalén, aun y estando físicamente aquí en esta tierra, debemos vivir conforme a la voluntad de Dios, según la guía del Espíritu Santo y de Su Palabra, la Biblia. En ese sentido, la fe nos es indispensable.

Veremos que la fe es un concepto mucho más amplio y variopinto del que en primera instancia podemos pensar, que contempla modo de puzzle varias y entrelazadas acepciones.

La fe es el vehículo de Dios en el cual nos desplazamos en este mundo perdido y condenado. Es también el conducto de Dios por el cual recibimos lo que es de Él. La fe es esto y mucho más.
La buena noticia es que como gente nacida de nuevo, el vivir en fe y por la fe, es algo con lo que podemos contar, porque es parte de nuestra nueva manera de vivir desde que pertenecimos a Dios.

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11: 6)

Los que no son de la fe, no pueden agradar a Dios, a diferencia de los que sí somos de la fe.

La fe es exclusiva de los llamados y escogidos:

(Romanos 8: 29-32) “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”

“Aunque estamos en el mundo, los cristianos no somos del mundo; sólo estamos de paso en él”

“Aunque estamos en el mundo, los cristianos no somos del mundo; sólo estamos de paso en él”

I. El Pistis de Dios

El sustantivo Fe a lo largo de la Biblia, y sobre todo ya en el NT, tiene diferentes acepciones. 

En el AT la palabra Fe apenas aparece. Básicamente como tal, la vemos sólo en Habacuc:

“He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá (Habacuc 2: 4)

Esto que hemos leído está refrendado por el autor de a los Hebreos:

Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma” (Hebreos 10: 38)

Vamos a la etimología. La FE, en gr. pistis, es una palabra relacionada con el creer. Siendo nosotros, creyentes, es obvio que la fe es parte intrínseca de nuestra forma de vivir aquí en la tierra.

La Fe y el Creer (este último conforme a la Fe), son dos conceptos que no pueden ser separados en modo alguno, y juntos – como deben ir - desarrollan y manifiestan su máximo exponencial en la vida del cristiano verdadero.

La palabra griega pistis, traducida por “Fe” en español, tiene varios significados: “confianza, fe (en cuanto a creer), fidelidad, juramento, compromiso, demostración, verdad”

Cada una de esas acepciones de la palabra pistis, como dijimos, aún y teniendo diferentes significados, están interconectadas, formando un solo ente de virtud, el cual denominamos FE en español.

Confianza
Así pues, vemos que la fe en su expresión de confianza, va de la mano con la fe en su expresión de creencia, de modo que el cree, confía, así como lo contrario, el que no cree, no confía.

Fidelidad
Esa confianza por la creencia va de la mano con la fidelidad, ya que el que cree, al confiar, muestra su fidelidad a lo que cree, y a Quien cree.

Juramento
El que así procede, vive una vida de juramento a Dios - es decir - afirma ante Dios su fidelidad por Su gracia, única manera de vivir como verdadero cristiano.

Compromiso y demostración
De igual manera, el que vive en, y conforme a ese juramento, vive en compromiso y en demostración de esa fe y creencia.

Verdad
A todo ello, la última, pero no menos acepción de pistis - la verdad - es el colofón o conclusión que hace que todo lo demás tenga sentido.

Dicho de otro modo, de nada serviría el tener y manifestar confianza, fidelidad, juramento, compromiso, demostración, si todo ello no fuera conforme a la verdad.

1. La fe en cuanto a creerle a Dios; la fe salvadora

“El que cree en el Hijo de Dios tiene vida eterna” (Jn. 3: 36)

Esta es la manifestación clarísima de PISTIS en cuanto a la verdad revelada. Es la máxima, la más importante de las caras de ese PISTIS, ya que nos atañe directamente a los que somos de la fe.

La primera vez que la Biblia nos habla de creer, es en cuanto al padre Abraham en el libro de Génesis:

Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (15: 6)

El apóstol Pablo en Romanos 4 se apoya en esa declaración bíblica para decir inspiradamente que de igual modo la fe o creencia a Dios (no sólo en Dios) justifica al creyente en Cristo.

¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? 2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.  3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”(Romanos 4: 1-3)

Esta es la principal acepción del término: Fe.

Este tipo de fe es la fe salvadora, y concuerda a la perfección con lo dicho en Hebreos 11: 1;

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Como certeza, es la “base segura” en el gr. literal; y como convicción, es la “prueba segura” en el gr. literal

Obviamente, hablar de “base segura” y de “prueba segura”, no es hablar de una percepción humana o basada en lo humano, sino de una revelación de Dios, el cual jamás miente.

Por lo tanto, aquí estamos hablando de un auténtico tipo de fe: la revelación de Dios al hombre.

En ese sentido podemos afirmar que la Biblia es el libro de la Fe, ya que podemos creer y confiar en lo que en ella está escrito, conforme a como está escrito.

Respecto a la fe salvadora, veamos algunos aspectos:

  • La fe salvadora es la confianza en Dios, puesta en Su Palabra.
  • Es creer en una Persona, como Abraham le creyó a Dios: “El que cree en el Hijo de Dios tiene vida eterna” (Jn. 3: 36)
  • La salvación es sobre el principio de la fe, en contraste con las obras bajo la ley: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10: 9)
  • La fe salvadora se manifiesta o advierte por las obras propias de la misma (Stg. 2: 14-26)
  • En esa fe, no hay virtud ni mérito algunos por parte del que cree. (Ef. 2: 8)
  • La fe salvadora es un don de Dios: “Por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es un don de Dios…” (Ef. 2: 8)
  • Por la fe salvadora la vida del que cree queda en las manos de Dios para siempre.
  • La fe salvadora como tal, sólo la recibe el que nace de nuevo; o nace de lo Alto (Jn. 3: 3)

“A diferencia del que está sobre esa roca, nuestra Roca es Cristo, nuestro Fundamento y Base segura”

“A diferencia del que está sobre esa roca, nuestra Roca es Cristo, nuestro Fundamento y Base segura”

La fe salvadora en contraste con la creencia a secas
Mucha gente dice, “yo creo en Dios”. Paradójica y lamentablemente, el diablo también cree en Dios:

“Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”(Santiago 2: 19)

El diablo sabe que lo que dice la Biblia es verdad y que tiene su cumplimiento cabal en su tiempo, pero no quiere que eso ocurra.

De igual manera, hay quienes creen que lo que dice la Biblia es verdad, pero no quisieran que eso fuera así. Estos son los enemigos de la fe.

Por otro lado están los teóricos de la religión; los contempladores de la verdad, pero que no son de la verdad porque medio la conocen (en su mente), pero no la viven, ni la quieren vivir, por amar más su pecado.

El creer en el sentido de un simple asentimiento mental, no es creer conforme a la fe. Como vemos en el diccionario bíblico:

“Un mero asentimiento mental a lo que se afirma, como mero asunto factual, no es fe”.

La fe engloba la creencia, pero va más lejos que esta, dándose de una manera vital a su objeto o sentido de ser. Esto significa que dicha creencia obtiene el resultado por el cual existe.

Dicho de otra manera: “porque creo, espero que ocurra todo lo que creo, y tengo la certeza de ello”.

Esa es una fe viva, en contraste con la mera fe intelectual, la cual ni vive, ni experimenta lo que expone creer.

2. La fe en cuanto a la verdad

La fe (PISTIS) tiene también el sentido de la verdad como hemos visto.

Partiendo de los dos vocablos en español: fe y verdad, vemos que van de la mano. La fe que creemos es la verdad. Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad…” (Juan 14: 6). Creer en Jesucristo es creer en la verdad.

Por tanto, los que somos de la fe, somos de la verdad.

Así pues, en este sentido la fe nos salva, porque el creer la verdad nos salva. La mentira, aún la agradable a los sentidos, es muerte. Es sólo apariencia que no produce el resultado que muchos que la creen, esperan.

La fe en este caso es la declaración de la verdad revelada por Dios para la salvación del creyente.

Ahora veremos que así como esa verdad nos ha sido revelada (fe revelada), esa verdad es preciso defenderla.

El compromiso de la defensa de esa fe
Clarísimamente la Palabra nos enseña que esa fe; es decir, esa verdad revelada por Dios, ha de ser defendida por los creyentes con sinceridad, seriedad, eficacia y determinación (Jud. 3)

Dios nos da la responsabilidad de defender la fe, de nuevo, la verdad, revelada a los santos.

Muchos dicen que es cosa de Dios el “juzgar”, y que sólo hay que orar y poco más. No es cierto. La verdad revelada, también llamada, la fe revelada, ha de ser defendida por los que somos de esa verdad.

En este sentido leemos en el diccionario bíblico ilustrado:

“Por esto los cristianos deberían contender eficazmente para no perderla [la verdad]. Se trata de un depósito fundamental. Son muchos los falsos profetas que han salido al mundo, y que se han introducido encubiertamente para predicar herejías destructoras, negando la persona y (o) la obra de Jesucristo (1 Pr. 2: 1; Jud. 3, 4)”

“Existe una notable diferencia entre juzgar y condenar. El juzgar es propio del cristiano (Jn. 7: 24), no el condenar”

“Existe una notable diferencia entre juzgar y condenar. El juzgar es propio del cristiano (Jn. 7: 24), no el condenar”

3. Entendiendo más acerca de la fe

A. La fe y la razón
Mayormente, de unos 200 años a esta parte, se ha presentado la fe como opuesta a la razón. Se nos ha presentado la razón humana como superior a la fe, la cual se ha ridiculizado.

El hombre, en su intento de buscar su lugar en el universo apartando a Dios de en medio, abandonó en gran manera la racionalidad por el racionalismo.

Veremos que la fe no se opone a la razón, ya que una y otra son obra de Dios.

La Fe es superior a la razón humana, ya que tiene que ver con la mente y la voluntad de Dios, mientras que la razón humana, sólo es humana.

Como dice el diccionario bíblico:

“La fe acepta la revelación venida de Dios acerca de temas que el hombre no puede llegar a conocer por su propia cuenta”.

El hombre sólo puede investigar aquello que ha sido puesto debajo de su potestad. ¡Existen tantas cosas que escapan de la mente y comprensión del hombre!, como dice el proverbio:

“Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación” (Proverbios 25: 3)

Por tanto la razón humana, a pesar de su propensión al orgullo y enaltecimiento por causa de la caída del hombre, siempre estará limitada a su condición, mientras que la única limitación de la fe es el cese de la revelación de Dios, o el cese del creyente en esta tierra (1 Co. 13: 8-13)

La razón humana tiene su principio y su fin, a causa de la limitación humana. En cambio la fe tiene como principio Dios, y como fin Dios también, porque depende de la voluntad de Él, no de la nuestra.

La razón humana y su propia limitación
La razón es aquella facultad por la cual el hombre puede comprender las cuestiones a las cuales puede tener acceso por causa de los sentidos. La razón ayuda al hombre en su análisis empírico de lo que le rodea, y aún de sí mismo, pero todo está limitado por su misma naturaleza.

Dicho de otro modo, el hombre tiene la capacidad de acceder a la comprensión y acción de mucho de su entorno, pero la razón no podrá asegurarle que todo lo que crea entender sea toda la realidad existente.

El mismo apóstol Pablo dijo algo parecido:

“Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (1 Corintios 8: 2)

A causa de la caída, el ser humano ha quedado hundido en las tinieblas. De igual manera que su cuerpo está abocado a la tumba, y su corazón es capaz de lo peores pecados, su razón ha quedado falseada, y su inteligencia entenebrecida.

“Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Romanos 1: 22)

“La razón humana no puede llegar a la mente de Dios”

“La razón humana no puede llegar a la mente de Dios”

El hombre actual cree que ha conseguido algo, quizás por causa del aumento en la tecnología y en el conocimiento, pero se engaña a sí mismo. Estas cosas indirectamente están ayudando a engrosar su corazón y llenarlo de altivez y soberbia.

Sin detrimento de los logros y avances tecnológicos, es bien cierto que el hombre moderno cada vez está más alejado del Eterno y de lo que es eterno. Lo natural se convierte en enemigo de lo espiritual, ya que esto último le es locura (o estupidez)

“¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?” (1 Corintios 1: 20)

La razón no puede atreverse a negar algo a lo cual no tiene acceso, como la revelación de Dios.

La buena noticia es esta: el hombre no está limitado por su propia e imperfecta razón, sino que tiene acceso a mucho más por causa de la Fe.

Pero cuando en el “nombre de la razón”, se pretende negar la Revelación, se comete un abuso de la racionalidad, al llevarla esta - por la voluntad humana - fuera de su círculo delimitado de acción, y dicha racionalidad se corrompe viniendo a ser racionalismo.

El racionalismo es el resultado de la entronización de la razón humana sobre toda la existencia, atribuyendo a esta la capacidad de juzgar y arbitrar todas las cosas.

Dicho de otro modo, es la razón humana sustituyendo a Dios.

No es más que la supina necedad puesta en acción.

El racionalismo es pecado básico de una infinidad de otros pecados derivados de este, mayormente los de nuestro tiempo: negación de Dios, antropocentrismo (el hombre como dios), materialismo (exaltación de lo visible por encima de lo invisible), hedonismo (culto al placer y la sensualidad), etc. etc.

El racionalismo nada tiene que ver con la razón, que es don de Dios, por tanto, no es esta la que empuja al hombre a negar la Revelación, sino la incredulidad por causa del amor al pecado, rebelión y enemistad contra Dios (Ro. 8: 7)

Leemos en el diccionario bíblico ilustrado:

“El conflicto no es, pues, entre razón y fe, sino entre la razón obrando un esquema mental de incredulidad y rebelión contra Dios y Su revelación”

El hombre deberá escoger si creer exclusivamente a su razón, o creer a Dios, sin abandonar su razón.

Seguimos en un próximo capítulo.

Dios les bendiga.

 

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
www.centrorey.org
Enero 2011