LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Capítulo Primero

Índice del Tema

Dios quiere que conozcamos acerca de los dones espirituales

(Veamos en 1 Corintios 12: 1, 4, 7, 11)

“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales….Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo…Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho…Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

La gracia (kharis en gr.) en general es un don emanado del favor de Dios en cuanto a la salvación (Ef. 2: 8), y la santificación del creyente. Concretamente, los dones (kharísmata en gr.) espirituales, van encaminados a la edificación de la comunidad del cuerpo de Cristo, es decir, la iglesia, y siendo así, también al individuo.

Los dones del Espíritu, por tanto, pertenecen y son manifestación de la gracia de Dios.

La siguiente definición, de McArthur, nos puede servir para entender acerca de los dones del Espíritu:

“Los dones espirituales son capacidades divinas para el ministerio que el Espíritu Santo da en alguna medida a todos los creyentes, y que deben estar por completo bajo su control y ser usados para la edificación de la iglesia para gloria de Cristo”

Los dones del Espíritu son para la edificación de la Iglesia, y algunos de ellos constituyen también una ayuda muy especial a la hora de testificar de Cristo a otros.

Los dones del Espíritu los da Dios para nuestra edificación como cuerpo e individuos, jamás los da para la exhibición y el alarde.

Es la voluntad de Dios que los conozcamos. Leemos en 1 Corintios 12: 1; “1No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales”.

En el original griego leemos: ‘Y acerca de las cosas espirituales, hermanos, no quiero que las desconozcáis’.

las cosas espirituales’, ‘pneimatikón’, en griego. Podríamos traducir ‘cosas espirituales’ o ‘asuntos espirituales’ por ‘dones espirituales’ o ‘dones del Espíritu’.

El significado literal en griego es: lo “que pertenece al Espíritu”. Se refiere, por tanto, a aquello que tiene cualidades o características espirituales o que está bajo algún tipo de control espiritual.

(V. 4) “4Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo”:

En el griego original, traducimos este versículo literalmente como: ‘hay diversidad de dones por el mismo Espíritu’. Es decir, que todos los dones proceden del mismo Espíritu Santo.

Estas categorías de dotación espiritual no se corresponden con los meros talentos naturales o habilidades que los hombres poseen por ser hombres. Se trata de de dones impartidos por el Espíritu Santo de forma soberana y sobrenatural sobre los creyentes verdaderos.

Estas manifestaciones del Espíritu Santo gozan tanto de diversidad  como de unidad.

No todas tienen la misma importancia o propósito, aunque cada una de ellas nos es dada por el mismo y único Espíritu Santo.

Como la salvación, los dones son obra de la gracia de Dios, por lo tanto el mérito no es de la persona que los recibe y usa, sino del Dador de éstos. Es el Espíritu Santo el que los da según El quiere.

(V. 7) “7Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”:

‘Pero a cada uno le es dada...’: No hay acepción de personas; es para todos y cada uno de los hijos de Dios.

‘...la manifestación del Espíritu...’:

‘Manifestación’, del griego ‘fanérosis’: Significa evidencia, notoriedad, declaración ante todos, esclarecimiento.

La manifestación del Espíritu es la obra del Espíritu puesta en marcha. Es el mismo Espíritu Santo obrando, y siempre es sobrenatural.

El resultado es la adoración a Dios, y no la admiración de un don, y menos todavía la admiración hacia el creyente por el cual el Espíritu Santo se manifiesta.

“... para provecho”: O, ‘lo provechoso’; es decir,para dar la gloria a Dios; para bendecir a los demás; para que la iglesia obtenga provecho.

Por lo tanto, ‘la manifestación del Espíritu’, es tan vital hoy, como lo fue en la época neotestamentaria.

Hay que anhelar los dones, y abundar en ellos con el propósito de edificar la iglesia. Dice la Escritura en 1 Corintios 14: 12¸

“ 12Así pues, ya que anheláis los dones espirituales, procurad abundar en aquellos que sirvan para la edificación de la iglesia”

Disponiéndonos a creer

Es preciso creer que el Espíritu Santo hace Su obra, y la hace a través de nosotros también. 

No debemos contristar al Espíritu por la incredulidad, el temor al que dirán o pensarán, testarudez, etc. Debemos ser vasos de barro; canales dispuestos a ser usados por el Espíritu Santo.

La ‘manifestación del Espíritu’ hace manifiesta la presencia del Señor en la congregación.

Así pues, la ‘manifestación del Espíritu’ es don por cuanto uno lo recibe, aunque en realidad es el obrar directo y poderoso del Espíritu Santo, por lo tanto nadie le puede manipular ni dirigir, aunque sí contristar, y apagar.

“No apaguéis al Espíritu” (1 Ts. 5: 19)

El Espíritu se apaga o sofoca cuando no se le da libertad a moverse. Dice Núñez (Matthew Henry): “Pablo ordena que se le de al Espíritu Santo plena libertad en la congregación de los santos”

Hay que aprender a fluir en el Espíritu en la congregación.

El creerle a Dios es imprescindible”

“El creerle a Dios es imprescindible”

 

Aquí debemos poner la fe por obra también

La manera de apagar el Espíritu es por pecar. El pecar puede ser muy variado.

El negarse a la obra del Espíritu es pecado. Una de las maneras de negarse a la obra del Espíritu es el no obrar con fe. Veamos que dice la Palabra:

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14: 26)

En este caso, el asistir a la congregación como miembro de la misma, implica una obra producto de la fe. Venimos para dar, no sólo para recibir. Hemos de tratar de venir preparados para dar. En este caso para movernos en los dones del Espíritu, y en cualquier otra manifestación espiritual.

No venimos a la congregación como simples oyentes. Si es así, de seguro que apagamos el Espíritu (o ya está apagado de antemano).

El Espíritu Santo y uno mismo

V. 11“11Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”

‘Pero todas estas cosas las hace(las produce en griego) uno...’: Aquí entendemos la importancia del papel del creyente en cuanto a lanzarse en fe, así como su responsabilidad.

Quiere esto decir que, aunque el Espíritu quiera traer un mensaje, si el que debe profetizar no abre la boca, el Espíritu Santo no podrá usarle; si el creyente no se lanza a orar en lenguas, el Espíritu no podrá edificar su vida (ver 14: 4), o si el mensaje debe ser para todos, las vidas de los oyentes, a través de la interpretación, si el que debe darla no abre su boca, y así en adelante.

Si no oramos por los enfermos creyendo, ¿cómo se sanarán?, si no creemos que el Espíritu nos puede usar en palabra de ciencia o de sabiduría, etc…

‘...y el mismo Espíritu...’: Es el Espíritu, como vemos, quien hace la obra y la gloria es para Dios.

‘...repartiendo a cada uno en particular como El quiere (o le place gr.):

Es el Espíritu Santo quien escoge a quien usar porque la gloria es para El. Sin embargo, cabe insistir en la importancia que tienen los ‘vasos de barro’ que somos cada uno de nosotros, de estar dispuestos, y más que de estar dispuestos a ser usados, a dar ese paso de fe como el que dio Pedro cuando por orden de Jesús salió de la barca y caminó sobre el mar (Mt.14: 28, 29).

El Espíritu Santo usa a aquellos que se atreven a salir de la barca a caminar sobre las aguas. Recordemos, no obstante, que Pedro sólo salió de la barca cuando oyó que Jesús le dijo de salir, eso elimina toda presunción por nuestra parte.

Sin embargo, a veces sabremos que hemos de lanzarnos en las manifestaciones (fanérosis) del Espíritu, pero otras veces no será tan claro.

Muchas veces nos podremos equivocar en discernir, pero eso nunca deberá ser un motivo para desistir; todo lo contrario.  

El Espíritu Santo lo coordina todo y actúa, y un don de uno, motiva a veces al don del otro. Cada uno acciona a través de la fe puesta en práctica.

Veamos los dones como tales

1 Corintios 14: 8-10;

“8Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lengua”:  

Pablo comienza a enumerar nueve manifestaciones particulares del Espíritu. A saber:

  1. 1) Palabra de sabiduría.
  2. 2) Palabra de ciencia o conocimiento.
  3. 3) Fe.
  4. 4) Dones de sanidades
  5. 5) Hacer milagros.
  6. 6) Profecía.
  7. 7) Discernimiento de espíritus.
  8. 8) Diversos géneros de lenguas.
  9. 9) Interpretación de lenguas.

Vemos que todos esos nueve dones del Espíritu, necesariamente deberán estar vigentes hoy en día, ya fueron enseñados a los creyentes que recibieron la revelación de mano de los apóstoles, en este caso de Pablo a los corintios.

Ellos recibieron esta enseñanza, para darla a otros también y así sucesivamente, de manera que la postura cesacionista (*) aplicada aquí, no ha lugar.

(*) El Cesacionismo enseña que los milagros, la sanidad, las lenguas y la interpretación de lenguas fueron señales temporales que estuvieron limitadas a la era apostólica y que ya han cesado. Dícese que su propósito fue autenticar a los apóstoles y su mensaje como la verdadera Palabra de Dios, hasta que la palabra escrita quedó completa y se convirtió en su propia prueba de autenticidad (proponente: McArthur).

Es cierto que la predicación del Evangelio en un principio fue seguida de señales y prodigios poderosos, justamente realizados por Dios para refrendar esa Palabra. Es cierto también que donde se ha predicado el Evangelio por primera vez, ha habido también señales y milagros tremendos.

También es cierto que no en todos los lugares y en todos los tiempos ha habido ni hay la misma explosión del poder aludido, seguramente por la razón contraria a la de arriba, esto es, porque ya la Palabra ha sido predicada y la tenemos por escrito.

Dicho esto, añado que no es menos cierto que Dios es Dios siempre, y sigue haciendo milagros. Por lo tanto, enseñar que han cesado los milagros, la sanidad, las lenguas y la interpretación de lenguas, tal y como propone el cesacionismo, es absolutamente exagerado y fuera de lugar. De hecho, no es cierto.

(V. 8) ‘Porque a éste le es dada por el Espíritu...’: Es el Espíritu Santo el que elige según quiere al depositario de Su manifestación.

1) Palabra de sabiduría

(V. 8) ‘...palabra de sabiduría...’:

La sabiduría es la habilidad práctica en el manejo de los asuntos de la vida obrando según la guía del Espíritu Santo. En el NT la sabiduría se usa con más frecuencia para aludir a la capacidad de entender la Palabra de Dios y Su voluntad, y de ese modo aplicar ese entendimiento a la vida individual.

Es el saber ordenar la vida de acuerdo con la voluntad de Dios; la de uno mismo, sabiendo aconsejar a otros.

Sin embargo, aquí se nos habla de ‘logos sofías’, es decir, ‘palabra de sabiduría’; esto indica un principio y un fin. A diferencia de como deberíamos ir creciendo en sabiduría por crecer en el temor de Dios, el Espíritu Santo puede dar a alguien un entendimiento en un momento dado, para una situación en concreto.

Palabra de sabiduría, por su propio nombre, es un don hablado.

Logos sofías (palabra de sabiduría), se refiere al entendimiento concreto de una porción de la Escritura para buscar su aplicación a nuestra vida o a la de los demás.

Podríamos definir ‘palabra de sabiduría’ como: Un entendimiento sobrenatural de un propósito o verdad de Dios en un momento dado.

También es una aclaración de la voluntad de Dios en cuanto a una situación determinada. Es entender el propósito de Dios en cuanto a gente, lugares o circunstancias. Es llegar a saber la solución de Dios para un problema o situación determinada.

Un ejemplo: En el seno familiar o de la iglesia surge un problema, a nadie se le ocurre qué o cómo hacer, pero de repente  a uno de los miembros se le enciende una luz y entiende claramente cual deba de ser la solución. Esto no siempre ocurrirá al pastor o a los diferentes responsables, no olvidemos que somos todos los creyentes “real sacerdocio” (1 Pedro 2: 9). Incluso puede ser que el Espíritu Santo use al que parece menos ‘espiritual’.

2) Palabra de ciencia

 (V. 8) ‘...a otro, palabra de ciencia...’:

El griego original es ‘lógos gnóseos’, es decir, ‘palabra de ciencia o de conocimiento’.

Es también por su propio nombre, un don hablado.
El conocimiento, sea por revelación, por estudio, o por experiencia facilita la comprensión del individuo.

No obstante, y al hilo de lo que venimos enseñando, aquí también existe una limitación de tiempo por haber un principio y un fin (por ser ‘palabra’).

Definamos que es ‘palabra de ciencia o conocimiento’. Antes de tener los creyentes la Biblia completa en sus manos, ese don fue muy importante para la vida de aquellos primeros cristianos. Era el Espíritu Santo llevándoles a toda verdad, en cuanto a cuestiones concretas y circunstancias concretas.

Alguien se levantaba en la congregación y decía (logos) algo en concreto de la verdad de la Escritura, sin tenerla en sus manos.

Nótese que al decir conocimiento, a diferencia de sabiduría, no está hablando aquí de la aplicación de dicho conocimiento o ciencia, que sería la sabiduría, sino del entendimiento sin más.

En nuestro tiempo, cuando ya tenemos la Revelación completa en nuestras manos, el don de palabra de conocimiento”, funciona prácticamente igual. El Espíritu Santo alumbra una porción de la Escritura, y el creyente entiende en ese momento algo que jamás antes había entendido de la misma manera.

Por sus características, al don de palabra de ciencia, le seguiría el don de palabra de sabiduría, que resultaría en el saber cómo aplicar el conocimiento recibido.

Podríamos definir el don de “palabra de ciencia” también como un entendimiento sobrenatural, no sólo de la Palabra escrita, sino también de algún hecho o hechos que pueden servir para esclarecer, convencer, mostrar o guiar.

Estaríamos hablando aquí de casos puntuales en circunstancias concretas.

Un ejemplo: El que está en el púlpito predica la Palabra de Dios, y en ese momento dice algo que no estaba en el guión de su predicación, que produce una reacción interior en uno o varios de los oyentes, ya que es una palabra concreta que sólo él o ellos entienden, con el fin de llevarles a arrepentimiento o a cualquiera que sea la voluntad de Dios para sus vidas.

Otro caso. Estamos compartiendo el evangelio con alguien, y en ese momento el Espíritu Santo nos da conocimiento de algo concreto de la vida de nuestro contertulio. Al decírselo, él puede ver que Dios está con nosotros. Esa revelación puede ayudar a que el individuo se entregue al Señor.

La palabra de conocimiento siempre es puntual y concreta, y siempre es para la edificación del destinatario de la misma.

3) Fe

(V. 9) “a otro, fe por el mismo Espíritu…:

Es decir, que el Espíritu Santo puede usar a otro creyente para esta vez dar una convicción de fe respecto de algo.

Podríamos decir que la fe en general es confianza y creencia en Dios, en sus promesas generales y personales y en su fidelidad.

Sin embargo, aquí se está refiriendo a una fe puntual de parte del Espíritu Santo. Podríamos definirlo esto como una provisión de un nivel de esclarecimiento, de certeza y confianza especial de parte de Dios para algo concreto y milagroso. Por lo tanto, tiene también un principio y un fin.

Un ejemplo podría ser: La iglesia está reunida y se plantea si tomar parte de un proyecto o no, alguien se levanta y dice: “Tengo fe que esto es del Señor”. También funciona a nivel personal en la vida del creyente, etc.

Esa fe como don espiritual concreto, es muy importante cuando el individuo pasa por una situación difícil; como dice McArthur: “…supone una confianza fuerte e inamovible en Dios en medio de las circunstancias más difíciles”

Este don funciona como un refuerzo de fe, a nuestra vida de fe.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
www.centrorey.org
Revisado y ampliado, diciembre 2010

(Continua en un siguiente capítulo)