LA ESTRATEGIA DE COMBATE DE NEHEMÍAS

Estudio bíblico

Índice del Tema

Nehemías 4: 1-23

“Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos.  2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? 3 Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará. 4 Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio. 5 No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se airaron contra los que edificaban. 6 Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar” (Nehemías 4: 1-6)

Este va a ser un estudio bíblico muy interesante acerca de cómo el enemigo actúa, y cómo se le ha de hacer frente mientras se está trabajando en la obra, sin abandonar el puesto.

La estrategia de combate de Nehemías

1. Antecedentes históricos

El rey Artajerjes Longimano, había dado orden a Nehemías para mandar a reedificar a Jerusalén. Eso sucedió en el mes de Nisán del año 445 a. C. (el 14 de marzo del 445 a. C. – fecha descubierta por el Observatorio de Greenwich).

Eso fue profetizado por el ángel Gabriel a Daniel:

“Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalénhasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos(Daniel 9: 25)

El arcángel ya le advertía que la reconstrucción de la plaza y los muros de Jerusalén no iba a ser fácil, como no lo fue.

La orden de ir a reconstruir Jerusalén, y la partida, la vemos en Nehemías capítulo 2.

Nehemías inició la construcción del muro de Jerusalén entre julio y agosto del 445 a. C. (mes de Ab)

Terminó el muro entre agosto y septiembre de ese mismo año. Vemos que los judíos se lo tomaron muy en serio, y trabajaron duro, en medio de la tremenda dificultad.

En esta enseñanza aplicada, veremos que toda recomposición espiritual, requiere de un esfuerzo y de mucha paciencia y longanimidad (capacidad de sufrir en la espera).

“Cuadro que representa a Nehemías llegando a la desolada Jerusalén”

“Cuadro que representa a Nehemías llegando a la desolada Jerusalén”

2. Reacción del diablo y primeros métodos de oposición

“Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos. 2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? 3 Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará”:

En primer lugar, démonos cuenta que muchas veces el Señor empieza una gran obra, con medios absolutamente débiles en lo natural.

El Señor le dijo a Pablo, y este escribió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12: 9)

No debemos juzgar los inicios de una obra para el Señor según su apariencia en lo natural, como hicieron los impíos Sanbalat o Tobías. Debemos siempre poner nuestra mira en el Señor y en el poder de su fuerza (Ef. 6: 10), y no movernos de esa posición de fe y acción.

Sanbalat, Tobías, etc. representan al enemigo de Dios y de los suyos. Estos hombres eran magistrados de distrito, dirigentes de facciones samaritanas. No podían oponerse con impunidad a los judíos, porque estos estaban autorizados a fortificar su ciudad. Atacar u oponerse abiertamente a los judíos significaría oponerse al rey de Persia, que había autorizado la obra. Esto es un símil:

Los cristianos, como aquellos judíos con Nehemías a la cabeza, estamos autorizados para hacer la obra de Dios, y Satanás intenta impedirlo, pero no tiene el respaldo de Dios, como Sanbalat y sus comparsas no lo tuvieron tampoco del rey de Persia.

Primeros intentos de oposición diabólica
“Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera…”:

En primer lugar, debemos señalar que la reacción del diablo ante la incipiente obra de Dios es la de “enojarse y enfurecerse” (vers. 1). Eso significa que él sabe la verdad acerca de la “incipiente obra de Dios”; que a pesar de ser obra débil a los ojos del hombre, se realizará tal y como Dios lo quiere.

El enemigo conoce a Dios, pero usa la ignorancia y necedad del hombre para sus fines. También utiliza la poca fe e ignorancia del creyente, cuando es así.

Entonces, el enemigo utiliza diferentes métodos para oponerse a la obra de Dios. Veamos los que utilizó aquí en primer lugar, y utiliza por lo general:

I. Hace escarnio de los fieles en la obra de Dios (v. 1):
“Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro… hizo escarnio de los judíos”:

El escarnio es burla muy ofensiva y humillante que se hace con la intención de herir y ofender. Algunos sinónimos son: 'afrenta, agravio, burla, mofa, humillación, ofensa, insulto, injuria, vejación, menosprecio'.

Esto tiene la finalidad de herir al creyente, produciéndole un sentimiento de rechazo. Tiene también la finalidad de provocar el rechazo del creyente por parte de los que prestan el oído.

“El rechazo, y como consecuencia, el sentirse rechazado, es una de las armas más usadas por enemigo"

“El rechazo, y como consecuencia, el sentirse rechazado, es una de las armas más usadas por enemigo. Nótese que eso es lo que hicieron con Jesús”

II. Menosprecia públicamente a los fieles de la obra de Dios (v. 2):
2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?”:

Esto va ligado a lo anterior. El menosprecio es una de las tácticas preferidas por el diablo para buscar el degradar al creyente. Si el creyente llega a tomarse un poco en serio esto, seguramente que le afectará.

El hacerse preguntas que llevan a la incredulidad es táctica del enemigo. Son los razonamientos susurrados por la voz de Satanás a la mente del creyente.

La táctica del enemigo es también la de utilizar verdad del asunto pero usándola como arma arrojadiza. Veamos, es cierto que esos judíos eran débiles, pero no era menos cierto que Dios estaba con ellos. El diablo sólo utilizó parte de la realidad, pero obvió la parte que no le interesaba: que Dios estaba con los judíos, y que esa era la obra de Dios.

Esto mismo ocurre con nosotros, que somos débiles en lo natural, y el enemigo enfoca en esa realidad, buscando el que nos centremos en eso y obviemos que Dios marca la diferencia, porque Él está con nosotros.

III. Intenta crear duda e incredulidad en los fieles a la obra de Dios::
(V. 2) “… ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas”:

Siempre el enemigo, de manera abierta o en susurro, intentará crear duda en el creyente, enfocando el asunto hacia las débiles posibilidades en lo humano; es decir, intentando apartar los ojos del creyente de la fe en Dios y en Su poder, sólo para enfocar en su debilidad e imposibilidad humanas.

La duda es una de las principales armas que Satanás usa contra los creyentes.

IV. Afirma con contundencia el fracaso, al hacer contemplar la obra de Dios en las solas fuerzas humanas (v. 3):
“Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará”:

Después del escarnio, del menosprecio y de la duda, el enemigo envía un nuevo ataque: su declaración contundente de fracaso.

Lo anterior fue en preparación de esto último. Una vez el enemigo entiende que el campo ya está abonado de suficiente inmundicia suya, entonces pasa a sembrar la semilla de la destrucción.

El creyente que ha permitido cierta brecha, y ha llegado a aceptar las mentiras anteriores, está ya preparado para ser dañado con el último aldabonazo: “Lo que haces, no vale para nada” – le dice el enemigo – y lamentablemente, muchos abandonan la obra de Dios por haber atendido a las susurrantes palabras de Satanás.

“Lo que haces no vale para nada”. Esta es una frase predilecta del diablo contra los creyentes”

“Lo que haces no vale para nada”. Esta es una frase predilecta del diablo contra los creyentes”

3. La respuesta del creyente ante estas asechanzas

(V. 4-6) “Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio. 5 No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se airaron contra los que edificaban. 6 Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar”:

Vemos que, lejos de intimidarse, Nehemías se levantó en firmeza, y reaccionó conforme a la voluntad de Dios, esa fue parte de su estrategia de guerra.

El creyente regular, busca el no ser agresivo, porque entiende que la agresividad (*) no debe formar parte del carácter del cristiano. ¡Nada más lejos de la verdad!

El mismo Señor Jesús nos dio ejemplo de agresividad cuando hizo un azote de cuerdas y echó a todos fuera del templo, echó por los suelos las mesas de los cambistas y volcó las mesas (Jn. 2: 13-17)

Jesús nos da ejemplo en todo.

(*) Agresividad significa: acometividad, belicosidad, combatividad, fuerza, dinamismo.

Cuando hablo de agresividad, no estoy hablando de entrar en la carne, sino en el Espíritu. Es esa agresividad que parte de la ira santa de Dios, y que es en respuesta a una situación injusta que nos debe hacer reaccionar según la guía del Espíritu Santo, primeramente con justa indignación.

Pablo reaccionó de esta manera ante un Pedro temeroso del hombre e hipócrita:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar…Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” (Gálatas 2: 11, 14)

O cuando Pablo tuvo ese encuentro con aquel mago, Barjesús: 

(Hechos 13: 6-12) “Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús, 7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios.  8 Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. 9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, 10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? 11 Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano. 12 Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor”

Nehemías hizo lo mismo ante esa situación de acoso del enemigo: se indignó, y procedió con agresividad en su oración.

4Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y entrégalos por despojo en la tierra de su cautiverio. 5 No cubras su iniquidad, ni su pecado sea borrado delante de ti, porque se airaron contra los que edificaban”:

Pidió a Dios que el “baldón”, que significa: “injuria, afrenta, ofensa, agravio, oprobio, borrón, degradación, deshonor, deshonra, estigma, mancha, mancilla, ultraje, infamia”, con lo cual fueron esos judíos maldecidos, se volviera sobre las cabezas de los infamadores.

Además pidió que no perdonara su iniquidad, a causa de la ira de ellos hacia los que hacían la obra del Señor.

Obviamente esa era una oración conforme a la voluntad de Dios. Eso significa que a la corta o a la larga, todos los que con odio se levantan contra la obra de Dios, y contra los que hacen la obra de Dios, recibirán su merecido castigo.

“Nehemías orando”

“Nehemías orando”

4. Cuando se ora conforme a la voluntad de Dios, Dios actúa

“6Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar”:

El enemigo quedó chasqueado una vez más.

Como consecuencia de la buena respuesta de Nehemías, y de los que trabajaban en el muro dos cosas podemos ver aquí:

a) La obra avanzó rápidamente.
b) El pueblo tuvo ánimo para trabajar.

Nehemías reaccionó con fe, lo cual implicaba hacer caso a lo que no veía (que Dios estaba con ellos), antes que a lo que sí veía y le dolía (el enemigo y sus palabras).

El resultado de esa santa decisión tuvo como consecuencia el darle la gloria a Dios, y el avanzar en la obra en lo natural, hasta la mitad en esos momentos.

Nos damos cuenta que la estrategia de Nehemías, no lo fue de hombre, sino de Dios.

Sigamos entendiendo más sobre estos principios que la Palabra nos da, en la lectura de este libro en cuestión.

(Nehemías 4: 7-14) “Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho;  8 y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño.  9 Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche. 10 Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro. 11 Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra. 12 Pero sucedió que cuando venían los judíos que habitaban entre ellos, nos decían hasta diez veces: De todos los lugares de donde volviereis, ellos caerán sobre vosotros. 13 Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos. 14 Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas”

Lejos de amilanarse, los judíos de Nehemías prosiguieron con la obra. El enemigo aquí, personalizado en Sanbalat, Tobías, etc. nada consiguió para sus fines conforme a sus anteriores ataques, sino todo lo contrario:

  1. 1. Nehemías se puso a orar con una oración de guerra, declarando su justo castigo (v. 5)
  2. 2. El pueblo tuvo ánimo para trabajar, y terminó toda la muralla hasta la mitad de su altura (v. 6)

Recordemos cuales son esos primeros ataques del diablo:

  • I) Hacer escarnio de los fieles.
  • II) Menos preciar públicamente a los fieles.
  • III) Intentar crear duda, inseguridad e incredulidad.
  • IV) Afirmar con contundencia el fracaso de la obra.

Pero una de las características del enemigo es su osada terquedad. Su orgullo no le permite humillarse y reconocer su estupidez y consiguiente derrota, sino que le catapulta hacia delante en su loco afán de conseguir sus necios deseos.

Dios permite hasta donde Él quiere, no obstante.

“Dibujo representando a Nehemías y los obreros del muro”

“Dibujo representando a Nehemías y los obreros del muro”

5. Cuando el ataque va más allá de las simples palabras de escarnio y burla

(Nehemías 4: 7, 8, 11) “Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho;  8 y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño…11 Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra.”:

Cuando el enemigo ve que la obra de Dios avanza, a pesar de la debilidad humana y de su necio ataque, la reacción suya es la de encolerizarse mucho.

Esa cólera – lejos de temerla - nosotros la debemos interpretar como una manifestación de su debilidad. En realidad, cuando el enemigo se enfurece, manifiesta su impotencia, como el tigre que, atado con cadena, por mucho que se enfurece, no puede soltarse.

Al único que debemos temer es a Dios, jamás al enemigo.

Aquí vemos a los enemigos de los judíos “encolerizarse mucho”, cuando vieron que la obra de Dios avanzaba: los portillos comenzaban a ser cerrados (*)

(*) Los portillos son aberturas o pasos de una muralla, pared o tapia.

Esos portillos que empezaban a cerrarse, significaba que una vez cerrados, la protección de la ciudad iba a ser prácticamente total, a pesar de que la altura de la muralla no estuviera del todo alcanzada.

Esos pasos o aberturas que iban a desaparecer, una vez la muralla estuviera bien cerrada, el enemigo ya no iba a tener acceso a la ciudad. Espiritualmente hablando es lo mismo. El enemigo se enoja muchísimo cuando ve que el cristiano pide perdón al Señor y se aparta del mal, y de ese modo las brechas desaparecen. De ese modo ya no tiene el mismo acceso que solía tener antes.

A. El odio al pueblo de Dios une al enemigo
(Vrs. 8, 11) “… 8 y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño…11 Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra.”:

Nótese que el enemigo cuando ve que el cristiano está quitando las brechas de su vida (cerrando los portillos), entonces a la desesperada lanza ataques con el fin de hacerle daño, y de ese modo impedir que desaparezcan esas brechas (o al menos, alguna de ellas). Así pretendían hacer los enemigos de Nehemías.

Nótese también que antes de lanzar el ataque, el enemigo conspira (*).

(*) Conspirar significa aliarse contra alguien o algo.

Esa conspiración contra Nehemías la efectuaron los diversos enemigos suyos, a saber: Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod.

Démonos cuenta que aquí se trata de diferentes personajes y hasta tribus:

  • Sanbalat (sátrapa persa de Samaria – los samaritanos eran enemigos acérrimos de los judíos. Sanbalat era “horonita”, es decir, de Horonaim, una ciudad de Moab. Los moabitas eran enemigos acérrimos de Israel.
  • Tobías (amonita) de la tribu de Amón, enemigos acérrimos de los judíos.
  • Los árabes – enemigos de Israel (hasta hoy)
  • Los amonitas – enemigos de Israel desde el principio.
  • Los de Asdod – Asdod era una ciudad filistea al oeste de Jerusalén. ¡Ni que decir si eran o no enemigos!

¡Diferentes personajes, seguramente con diferentes ambiciones, y diferentes tribus, muchas veces enfrentadas entre sí, pero que tenían todos un enemigo en común mucho mayor: los judíos!

Lo que une al enemigo es su odio al pueblo de Dios. De ahí el término “conspirar”.

“El amor une para el bien; el odio también, pero para destrucción”

“El amor une para el bien; el odio también, pero para destrucción”

Destrucción a través de la infiltración
(v. 11) “Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra.”:

Otra particularidad la vemos aquí. La conspiración del enemigo, enemigo este formado por diferentes facciones, actúa a través de la infiltración.

Los que pretendían infiltrarse, lo pretendían haciéndose pasar por judíos, y la finalidad de hacer eso era destruir el pueblo de Dios.

Esto mismo está ocurriendo hoy en día en el seno eclesial, así que no es nada nuevo. El enemigo actúa de igual modo que en los días de Nehemías. Diferentes grupos o facciones; a saber, satanistas, luciferinos, illuminati, brujos, etc. etc. se ponen de acuerdo para conspirar contra las iglesias evangélicas por el método de la infiltración, entre otros. 

La advertencia de los que saben, y qué hacer con ello
(V. 12) “12 Pero sucedió que cuando venían los judíos que habitaban entre ellos, nos decían hasta diez veces: De todos los lugares de donde volviereis, ellos caerán sobre vosotros”:

Los judíos de Nehemías fueron advertidos por otros judíos que por vivir en medio de sus enemigos, sabían acerca de esos planes de destrucción. Lo mismo ocurre hoy en día, hay cristianos que conocen las artimañas del enemigo en este mismo sentido, Dios les ha llevado a una situación de comprender el grado de ataque que existe, y advierten al pueblo de Dios de esas mismas intrigas.

Lamentablemente, hoy en día, no todos reaccionan como lo hizo Nehemías. Veamos que hizo él:

“9 Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche…13 Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos. 14 Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. 15 Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea”:

Hoy en día, muchos hermanos olvidan fácilmente que estamos en guerra permanente contra el enemigo (Ef. 6: 12), y que eso es algo que Dios permite para que busquemos la dependencia de Él y la santidad correspondiente.

El ejemplo de esto último lo tenemos en Nehemías. Este varón de Dios, habiendo comprendido el alcance de la oposición del enemigo, hizo algo al respecto.

“Rey Persa recibiendo a un oficial importante. Ese relieve antiguo muestra probablemente a Darío el Grande"

“Rey Persa recibiendo a un oficial importante. Ese relieve antiguo muestra probablemente a Darío el Grande (522 a.C.). Muestra un atisbo de la pompa y poder de los reyes medo persas”

a) Llamamiento a la oración y a la acción espiritual
Primeramente llamó a todos a la oración, y segundo hizo algo en lo natural: “9 Entonces oramos a nuestro Dios…”

El buscar a Dios es lo primero que hay que hacer antes de nada, y en ese contexto, se requiere de una oración perseverante de protección:

“…y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche”.

El poner guarda contra el enemigo, en nuestros términos significa como decimos, el orar perseverantemente por protección en el poder del Espíritu Santo.

Y siguió haciendo algo muy práctico:

“13 Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos. 14 Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas”:

Breve apunte sobre nuestras armas
Evidentemente los cristianos no vamos cargados de espadas, lanzas y arcos físicos, pero sí es verdad que Dios nos ha dado armas espirituales para combatir al enemigo:

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo…” (2 Corintios 10: 3-5)

“Y tomad el yelmo de la salvación,  y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Efesios 6: 17)

Esa “palabra de Dios”, se traduce del griego rhema, y significa literalmente: “dicho, palabra, vocablo, expresión…mandamiento, precepto…” Deducimos por tanto, que el sentido aquí será el de un dicho concreto de Dios. Por ejemplo una profecía (verdadera, y no necesariamente escrita en la Palabra), sería un rhema de Dios, conforme a Efesios 6: 17.

En otras palabras, nuestra arma aquí, es lo que Dios dice en ese momento a través de nuestra boca, escritura, etc. por el Espíritu Santo. Sin extendernos más, diré que esta es parte de las “armas de nuestra milicia” (2 Co. 10: 4)

“Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios…”

“Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios…”

Cuando el enemigo es chasqueado, los fieles proseguimos adelante
14 Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. 15 Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea”:

Cuando Nehemías entendió que el enemigo se dio cuenta de que los judíos sabían acerca de sus artimañas y planes de destrucción, y que Dios lo había desbaratado todo, lejos de asustarse, o de no hacer nada, él y los suyos prosiguieron con la obra, cada uno según su responsabilidad.

El levantar el muro para aquellos judíos, sería para nosotros el hacer la obra de la iglesia, conforme la guía de Dios. ¡Así que adelante!

Proseguimos en este estudio sobre la estrategia de combate de Nehemías, aprendiendo sobre los siguientes versículos:

 (Nehemías 4: 15-23)

“Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea. 16 Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá. 17 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. 18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. 19 Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros. 20 En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros. 21 Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. 22 También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. 23 Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse”:

6. En la estrategia de combate de Nehemías estaba el fortalecerse en Dios

A pesar de saber que el enemigo se había propuesto destruirles, la respuesta no fue el amedrentarse, sino todo lo contrario. Nehemías y los suyos se fortalecieron en el Señor, y avanzaron en la obra en una clara demostración de que la fe es real cuando la obra es también real, y conforme a esa fe.

Entendamos pues que intrínseco en la estrategia de combate de Nehemías, estaba el buscar fortalecerse en el Señor:

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6: 2)

Ninguna estrategia cristiana prevalece sin la gracia de Dios.

“Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá. 17 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada”:

La fe y dependencia de Dios, no significa el abandonarse en una especie de raro misticismo, y no hacer nada práctico; algo así como un estoico: “sólo esperar a que Dios se mueva”.

Justamente por creer que Dios está en el asunto, es preciso levantarse y andar el camino.

“Plano de la Jerusalén del tiempo de Nehemías”

“Plano de la Jerusalén del tiempo de Nehemías”

La fe que se ve por la obra
La verdadera fe implica movimiento por parte del que tiene fe. Ese fue el caso de Nehemías y los suyos.

Viendo el peligro en el que estaban, decidieron hacer algo al respecto, además de confiar en Dios (lo cual siempre hicieron).

“Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas”:

Una mitad de hombres trabajaba en la obra en sí, mientras que la otra mitad disponía de las armas requeridas para la protección de todos. Es decir, que sin abandonar el trabajo en sí, no se dejaba de lado la protección.

Esto, ¿Cómo lo podríamos trasladar a nuestra realidad como iglesia? Pues de la siguiente manera: Mientras unos están en la obra del Señor (como yo ahora mismo, escribiendo este estudio), otros están en oración, cubriéndonos espiritualmente (Ef. 6: 12). Este es un ejemplo muy sencillo de entender. Esa debería ser siempre la norma a seguir, especialmente cuando el enemigo está más activo que otras veces.

“… y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de Judá”:

Detrás de unos y otros, estaban los jefes de la casa de Judá, respaldándolos con su autoridad.

Hoy en día en la Iglesia no existen estos tipos de líderes (contrariamente a lo que muchos pretenden), pero podríamos resolver esa ecuación pensando en los hermanos que por su madurez, sabiduría, y llamamiento en cuanto a responsabilidad espiritual, deberían servir a los anteriores. Por supuesto que la figura del pastor/anciano, está incluida aquí, y dentro del contexto de iglesia local.

“Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. 18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban”:

Nótese que incluso los que estaban directamente al servicio de la obra, disponían de armas a mano. Estas armas a mano en nuestros días, son la oración de los que están involucrados en la obra. Ellos también están en oración, aunque estén haciendo otra cosa al mismo tiempo; no en vano el apóstol Pablo nos enseñó: “Orad sin cesar”(1 Ts. 5: 17) Orar sin cesar implica el discernir la presencia del Señor en todo momento, como decía Elías: “Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy” (1 Reyes 17: 1)

Por todo ello, el ejemplo que nos da Nehemías, detalla la figura del que milita en la buena milicia (1 Ti. 1: 18), el cual está implicado en la obra de Jesucristo, en lo práctico y en lo espiritual.

También nos señala que hay un tiempo cuando el que milita debe ocuparse de varias cosas a la vez, debe de pagar un precio más alto, debe de acceder a sacrificarse y esforzarse más, según sea la demanda del Espíritu Santo.

Esos tiempos de alta entrega, como los que nos relata Nehemías,  no son siempre, pero a menudo aparecerán a lo largo de la vida cristiana en mayor o menor proporción. En ese sentido, es parte del morir a uno mismo, en el contexto mismo de las palabras de Jesús:

“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mt. 10: 39)

Y como en el caso de Nehemías, vienen acompañados de fuerte ataque del enemigo. Son tiempos de crisis, de dificultad, pero siempre, como también fue el caso que nos ocupa, el Señor está muy presente y muy activo en su protección y cuidado:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16: 33)

7. La coordinación del cuerpo

“…y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí 19 Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros. 20 En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros…21 Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. 22 También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. 23 Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse”:

Esto nos habla de coordinación y de colaboración entre los diferentes miembros del cuerpo. Nehemías no tenía la trompeta para dar la alarma, la tenía otro, pero que no estaba lejos o inaccesible, sino que estaba junto a él.

Nehemías no podía hacerlo todo; nosotros tampoco, es por eso que es importante delegar en lo que sea posible, sabiendo que el delegado tiene la autoridad del que delega, así como la responsabilidad.

“Trabajando en la muralla”

“Trabajando en la muralla”

Discerniendo el cuerpo
Por otro lado, vemos que Nehemías reconocía un hecho: a causa de la magnitud de la obra, estaban todos muy dispersos a lo largo de ella.

Esto mismo debemos reconocer nosotros, que a causa de la magnitud de la obra de Cristo en nuestros días, estamos todos muy ocupados y a veces a distancia los unos de los otros, por lo cual el enemigo puede atacar en un punto determinado, con alevosía, como suele hacerlo, y tomarnos por sorpresa.

Pero Nehemías fue más allá de sólo reconocer el problema, él planteó una solución:

“En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros.”:

El toque de trompeta iba a servir para alertar a todos, y para congregarlos a la batalla allí donde el enemigo estaba atacando. Lo mismo debería ocurrir con el cuerpo de Cristo, cuando un miembro es atacado, el resto del cuerpo debería movilizarse en ayuda de éste.
Es evidente que haciendo así, esto ayudará a guardar la unidad del Espíritu (Ef. 4: 3).

Nadie puede hacer la guerra por sí solo. Recordemos que la batalla es del Señor (1 Sam. 17: 47). Por eso mismo, Nehemías recalca a sus oyentes que Dios iba a pelear por ellos.

Es claro que si seguimos la estrategia de combate de Nehemías, tendremos la victoria en nuestras manos, porque la victoria es de nuestro Dios:

“El caballo se alista para el día de la batalla; mas Jehová es el que da la victoria” (Proverbios 21: 31)

Dios les bendiga

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Noviembre 2009
www.centrorey.org

FIN