RECIBIÉNDONOS UNOS A OTROS 2ª parte
Aprendiendo a ser hospitalarios
"Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5un Señor, una fe, un bautismo, 6un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos" (Efesios 4: 1-6)
Introducción
Cuando prestamos atención a las descripciones que se hacen de la iglesia primitiva, vemos en ello un concepto radical de comunidad. Estaba comprendida por hombres y mujeres, ricos y pobres, blancos y negros, judíos y gentiles, gente educada y gente sin formación, estando todos unidos por un verdadero amor, cuidándose el uno al otro, a causa de su experiencia personal del amor de Dios.
Leemos en la Palabra que los primeros discípulos estaban,
"partiendo el pan en las casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47alabando a Dios…" (Hechos 2: 46, 47)
La iglesia no la entendían como erróneamente se ha ido entendiendo posteriormente a lo largo de los siglos, como un conjunto de paredes y un techo sagrados. La entendían como se debe entender, es decir, como el conjunto de personas que compartían una misma fe y un mismo Espíritu. Entendían lo que el apóstol Pablo les había enseñado, en este caso a los de Efeso, y que leímos arriba.
No para cumplir ritos religiosos
Por otra parte, sabemos por la enseñanza neotestamentaria, que la iglesia no tenía ni ha de tener el sentido de ser meramente una congregación que se reúne como para cumplir con una ordenanza religiosa; como un rito religioso.
Recordemos las palabras de Jesús: "como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13: 34, 35)
El amor genuino que tengamos los unos con los otros, será lo que nos distinguirá de los demás; y lo que podrá atraer a los demás hacia Cristo.
PERO EL AMOR DEBERÁ EXPRESARSE… EL RECIBIRNOS LOS UNOS A LOS OTROS ES PARTE DE LA EXPRESIÓN DE ESE AMOR.
En un mundo hostil y frío, donde mucha gente vive en soledad, Dios quiere que la iglesia sea un lugar donde haya verdadero amor, atención y apoyo.
El salmo 133: 1-3, dice, ‘¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!...porque allí envía el Señor bendición y vida eterna’.
La bendición del Señor desciende cuando la iglesia es una, en corazón y propósito; y esta es la razón por la que el concepto de comunidad deberá ser tan importante para nosotros.
El recibirnos unos a otros en el Espíritu de Cristo, es cumplimiento del amor.
1. Entendiendo acerca de la hospitalidad entre hermanos
La iglesia de Jerusalén, la primera iglesia, era una que entendía acerca de la hospitalidad. Leemos de nuevo en la Palabra:
"partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios…" (Hechos 2: 46, 47)
Habían aprendido a abrir sus vidas y sus casas a los demás. Habían aprendido a disfrutar de la KOINONÍA verdadera.
Acerca de la hospitalidad, leemos:
"No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles" (Hebreos 13: 2) (ver Gn 18:1–8; 19:1–3; )
El sentido de la hospitalidad es el sentido de recibir a los demás. No obstante, para nosotros, existe una razón de mayor profundidad a la hora de practicar la hospitalidad; esto lo leemos en el versículo anterior en esta epístola a los Hebreos:
"Permanezca el amor fraternal" (He. 13: 1). Es por el amor a los hermanos que les recibimos, no para cumplir con una fría y mera “responsabilidad” o “deber”.
CON SABIDURÍA, ABRAMOS NUESTRAS CASAS Y NUESTRAS VIDAS A LOS DEMÁS EN UN VERDADERO SENTIDO DE HOSPITALIDAD.
Veamos más acerca de la hospitalidad en general
En el oriente se ha considerado desde siempre como un sagrado deber acoger, alimentar, alojar y proteger a todo viajero que se detuviera ante una tienda o un hogar.
El extraño es tratado como huésped, y los que de esta manera han comido juntos, quedan unidos con lazos fuertes de amistad.
El Señor enseñó así a los israelitas: "34Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios" (Levítico 19: 34)
Algunos ejemplos en las escrituras donde se nos muestra la hospitalidad en AT:
En nuestra actual dispensación
Como venimos diciendo, es imposible concebir el amor cristiano sin entender y poner en práctica la hospitalidad.
Romanos 12: 9, 10, 13, nos enseña: "9El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. 10Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. 13compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad"
Tito 1: 8, nos enseña que el hombre de Dios deberá ser hospedador.
La recompensa por la hospitalidad
Jesús declaró acerca de las recompensas que existen para aquellos que viven RECIBIENDO a los demás:
Mateo 10: 40-42 "40El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. 41El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. 42Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa".
Si nuestra motivación a la hora de ser hospitalarios es la OBEDIENCIA por el AMOR y la FE, además de la satisfacción moral por hacer el bien, Dios que no es deudor de nadie, ha prometido recompensas varias como hemos leído.
¡¡APRENDAMOS A SER MÁS HOSPITALARIOS!!
¡¡APRENDAMOS A RECIBIRNOS LOS UNOS A LOS OTROS!!
2. Cuando nos resistimos a la hospitalidad
Entendamos que, cuando hablamos de ser hospitalarios, no estamos hablando solamente de abrir nuestras casas, sino nuestras vidas a los demás.
¿Qué puede impedir que seamos gente hospitalaria?
Analicemos cada punto:
Es fundamental que entendamos toda falta de generosidad como pecado. Reconocer eso será el primer paso. El segundo paso será el ARREPENTIRNOS, pidiendo perdón al Señor y que nos cambie por la acción de Su Espíritu.
Recordemos lo que dice la Palabra: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1: 9).
"En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor" (1 Juan 4: 18)
El que teme, no ha sido lleno del amor de Dios. Un poco más arriba, leemos lo siguiente: "Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios"(1 Juan 4: 7).
Cuando así actuamos, tenemos el derecho legal de ordenar que todo espíritu de temor salga de nuestras vidas en el nombre de Jesús.
Para terminar, recordemos las palabras inspiradas por el Espíritu Santo de Pablo a los Corintios acerca del amor: "El amor es sufrido, es benigno… el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta… 8El amor nunca deja de ser" (1 Corintios 13: 4, 7, 8)
© Miguel Rosell, Centro Rey, Madrid, España.
Noviembre 2006
