
(2 Corintios 6: 14, 15) “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?”


Como veremos a lo largo de este artículo, Halloween es un acto de hechicería bien calculado, y preparado actualmente para dañar a los niños y jóvenes mayormente, cuando sus tutores, por dejadez o ignorancia, prestan nula atención a tal peligro espiritual.


“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza” (1 Corintios 11: 3, 4)


“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4: 12)


“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10: 39)


La levadura espiritual tiene un alcance insospechado en el seno eclesial, y a pesar de que puede ser detectada, nada se hace con ella por parte de muchos, que han llegado a creer que nada se debe hacer. Esto último también es levadura, pura y dura.


A algunos les chocará y hasta les importunará que hable del loado y tan bien ponderado Dr. Billy Graham. No obstante, seguiremos aquí la máxima paulina: “pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gl. 1: 10b)
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(2 Pedro 2: 1) “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina”

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4: 3, 4)


No podemos negar, sino todo lo contrario, que Dios obra con poder a nuestro favor, pero siempre conforme a Su voluntad, y no conforme a nuestro deseo o capricho


En aras de un presunto y mal entendido concepto del amor, una ceguera sin precedentes se ha extendido por todas partes; un aborrecimiento hacia la verdad se ha propagado como el fuego.


A raíz de la publicación de su primer libro, nos vemos en la necesidad de comentar en este ensayo diversas cosas que nos ayudarán a comprender la naturaleza del desatino proveniente de este hombre al que tantos ignorantemente idolatran.

El Señor mismo dijo “Gloria de los hombres no recibo” (Jn. 5: 41), y el apóstol Pablo dijo algo similar: “… ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1: 10)

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4: 1-3)

Este es un estudio que va dirigido hacia el verdadero creyente, en dos direcciones. La primera, en cuanto a discernir y saber más cómo el diablo actúa a través de aquellos que se dicen creyentes pero que, en definitiva, son dirigidos por un espíritu de división. La segunda, a fin de discernir cuánto o nada pudiera haber de esa maldad en la vida del mencionado creyente.

Desenmascarando a la Ramera del Apocalipsis
Muchos ingenuamente piensan que a partir del Concilio Vaticano II, el catolicismo actual ya no es como el que siempre fue, que ahora los protestantes ya no somos anatemas (malditos) sino “hermanos separados”, y que es posible la unidad entre lo católico y el cristianismo verdadero. ¡Qué equivocados están!
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(Mt. 12: 31, 32) “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”:


“Cesa, hijo mío, de oír las enseñanzas que te hacen divagar de las razones de sabiduría” (Prov. 19: 27)


“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5: 20)

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Corintios 11: 3, 4)
El Espíritu Santo, por mano del apóstol Pablo advirtió clarísimamente a los corintios, y por ende a todos los cristianos de todos los tiempos, acerca de algo a lo que hemos de ser especialmente intolerantes: el aceptar lo que se parece al Evangelio, como Evangelio, pero no lo es.

Refutación del llamado “nuevo fundamento apostólico”
Advertirles que sigue vigente aquello de que “un texto fuera de contexto, es un pretexto para hacer otro texto”. Y ya les adelanto que ese “otro texto” es el que nos presentan desde hace unos pocos años, los exponentes de la llamada “Nueva Reforma Apostólica”, y a la cabeza de ellos, entre otros, el propio C. Peter Wagner.
Veremos lo que enseña al respecto este hombre que se presenta ante todos, no sólo como maestro de la Palabra, sino además como apóstol, y veremos lo que en realidad la Palabra de Dios nos dice.

Permítanme comenzar definiendo la palabra “apostasía”. Según su etimología, en griego, “apostasía” es deserción, rebelión, abandono, retirada, separación de aquello a lo que se ha acercado antes. Es así como en el contexto bíblico significa: cortar la relación salvadora de uno con Cristo o apartarse de la unión vital con El y la verdadera fe en El
¿Quién es un apóstata? Es alguien que cree, que recibe la Palabra; aunque superficialmente, la acepta por un tiempo, cree todo con la mente (parte de la carne), pero sin hacerlo algo personal ni parte de su vida; conoce la verdad pero no la aplica.

Hace poco recibí vía email una promoción de una de tantas empresas cristianas (a las que se les llama “ministerios”), que decía así:
“Como conquistar tus sueños. Dante Gebel explica en video como cualquier ser humano, hijo de Dios, puede conquistar un sueño. Si tienes un sueño y aun este no se ha hecho realidad no puedes dejar pasar la oportunidad de aprender a desarrollarlo. En este video aprende los pasos para conquistarlo” (1) (énfasis nuestro)
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