Capítulo Tercero
Profecía y discernimiento de espíritus
6. Profecía
‘...a otro, profecía...’: Esta profecía, a diferencia de la ejercida por los profetas del Antiguo Testamento, es para todos los creyentes en Cristo. Leemos así en 1 Corintios 14: 1-5;
<<Seguid el amor y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis…el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación…el que profetiza, edifica a la iglesia. Yo desearía que todos vosotros hablarais en lenguas, pero más aún que profetizarais…>>
Profecía es el mensaje sobrenatural dado en una lengua conocida, para fortalecer, exhortar, animar, edificar, estimular o dar dirección a la gente de Dios.
El profetizar es un asunto INSPIRACIONAL. Uno es inspirado por el Espíritu Santo para hablar proféticamente.
La profecía es el <<don de expresión>> más importante y vital en la iglesia. Obviamente el profetizar es para todos los cristianos como podemos ver.
La profecía edifica a todos los creyentes. Es el mismo Dios hablando a su pueblo o a algún hijo suyo.
Dice el mismo Pablo en 1 Tesalonicenses 5: 20, ‘No menospreciéis las profecías’.
Necesitamos que Dios nos hable su palabra RHEMA, es decir, su palabra puntual para una ocasión puntual. ¡Dios está vivo y sigue hablando!
La profecía es declaradamente dirigida a los demás (sean convertidos o no)
1 Corintios 14: 24-25 “Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; 25lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros”.
‘Pero si todos profetizan...’: El deseo de Pablo es que todos lo hagan; ¡eso es señal de que todos podemos hacerlo!
‘...y entra algún incrédulo o indocto (idiotes), por todos es convencido (redargüido), por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios...’:
La palabra profética le mostrará su condición. La Palabra de Dios, el Rhema de Dios que es más penetrante y cortante que una espada de doble filo, entrará hasta las entrañas espirituales, y le convencerá de que Dios está ahí en medio.
‘...declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros’:
Si Dios está entre nosotros, Su Presencia se hará palpable al indocto (idiotes), y aun al incrédulo. La profecía es esencial cuando la Iglesia se reúne; y más aún debe ser levantada.
Cada cristiano es templo del Espíritu Santo. La presencia de Dios mora en él. Cuando todos los cristianos se reúnen en un mismo lugar, la presencia de Dios es mucha. Cualquiera que entre, sabrá que eso es así, aunque no esté dispuesto a reconocerlo públicamente, siendo ese el caso.
La última parte de este versículo recuerda a Isaías 45: 14b, que dice:‘...te harán reverencia y te suplicarán diciendo: Ciertamente en ti está Dios, y no hay otro fuera de Dios’.
La razón para profetizar: La edificación del Cuerpo de Cristo
El sentido del por qué de la profecía está claramente explicado en el versículo 3 de 1 Corintios 14:<<el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación>>.
Edificación: Significa construir. Construir fundamentos sólidos, levantar confianza en Dios, en los demás. Confirmar lo que Dios ya ha empezado a hacer en el individuo. Dios quiere edificarnos en fe, en amor, en confianza hacia El y a los demás. Darnos aliento, ánimo. Dar dirección.
Exhortación: A veces necesitamos ser amonestados; corregidos, animados, dirigidos.
Consolación: Es la única vez que aparece esta palabra en el Nuevo Testamento. Cuando es necesario confirmar la obra del Consolador en uno. Dios nos quiere sanar de toda herida interior; aliviar el dolor; quitar el temor; levantarnos el ánimo y la fe, etc.
La profecía no es para condenar
La Biblia dice que el que está en Cristo no está bajo condenación (Ro. 8: 1), por lo tanto, ninguna profecía que venga del Espíritu Santo traerá consigo condenación. Podrá ser especialmente dura, de reprensión (si ha de ser el caso), eso es parte de la exhortación, lo cual edifica cuando es menester, pero nunca de juicio condenatorio. No olvidemos que el que acusa y condena es el diablo (Zac. 3: 1; Ap. 12: 10). Satanás nunca dudará en levantar a alguno de sus ministros para enviar a través de ellos su “profecía” condenatoria, la cual estará comúnmente envuelta de mucha religiosidad. Todo ello deberá ser desechado inmediatamente.
La profecía como instrumento de guía direccional
Como hemos visto, bíblicamente la profecía tiene el cometido básico de edificar el Cuerpo de Cristo. Posiblemente, dentro de este contexto, podríamos encontrarnos con profecía de tipo direccional; es decir, profecía que da un individuo a otro, o a un grupo o iglesia dando unas pautas más o menos concretas en cuanto a dirección, tiempos, lugares, acciones, etc. Veamos un ejemplo, ficticio: La profecía para el hermano Antonio dada por la hermana Pascualina: <<Así te dice el Señor: He aquí que en un período de dos años a partir de hoy mismo, partirás para Libia a servirme allí predicando el Evangelio. Prepárate mientras tanto…etc. etc..>>.
Como podemos ver, la direccionalidad de esa profecía es muy intensa. ¿Debería Antonio creer con fe ciega esa profecía a pie juntillas sin tener una seguridad o convicción personal de parte del Señor? La respuesta es no a priori. Debería, retener el mensaje supuestamente profético; orar y pedir CONFIRMACIÓN al Señor de que eso es suyo.
Hace poco estuvimos mi esposa y yo en una conferencia donde la conocida profetisa norteamericana Cindy Jacobs profetizó aquí en Madrid a algunos gitanos creyentes que irían a Irak (Oriente Medio) a predicar el Evangelio. ¿Qué deberían hacer esos hermanos ante la profecía, si Dios no les había hablando antes al respecto? Lo mismo que acabo de explicar: No creer porque lo ha dicho la famosa profetisa, sino buscar y esperar confirmación de parte del Señor, y si nada ocurre, olvidarlo.
NUNCA CREEREMOS A PRIORI CUALQUIERA DE ESAS PROFECÍAS SIN TENER PREVIA CONFIRMACIÓN VERDADERA EN NUESTRO ESPÍRITU.
Nunca la profecía direccional de este tipo se da para ser creída por sí sola, sino que de ser verdadera de parte de Dios, estará como confirmación de lo que Dios ya nos ha hablado previamente, o de lo que nos hablará.
En esta actual dispensación en la que estamos, ya no somos dirigidos por profetas (He. 1: 1, 2), sino que cada uno de nosotros somos sacerdotes del Dios Altísimo (1 Pr. 2: 9), por lo tanto, deberemos siempre recibir directamente del Señor su dirección. Insisto, por tanto, al decir que, la profecía direccional está, o bien para confirmar lo que previamente el Señor ya nos ha hablado, o para que ésta sea confirmada posteriormente. De no ser ninguno de esos dos casos, hay que desecharla, el Señor no habló a través del que profetizó.
Profetizando en el nombre del Señor
Existe la costumbre de decir de antemano antes de emitir la profecía: <<Así dice el Señor>>. Si es el Señor que lo dice, está bien; pero si no lo dice, entonces tenemos problemas: Estamos tomando Su nombre en vano.
Cuando no tengamos la certeza absoluta de que lo que vamos a decir (estamos hablando aquí sobretodo de profecía direccional) es lo que el Señor quiere decir, lo mejor es expresarnos así: <<Siento que…>>; <<Pienso que…>>.
Evidentemente, cualquier profecía de ánimo, consolación, declaración de Su amor, etc. vendrá del Señor, y podremos decir <<Así dice el Señor>> sin temor a equivocarnos.
El orden a la hora de profetizar en la reunión
Leemos en 1 Corintios 14:29
“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”.
Pablo muestra que este orden en la congregación afecta al uso de, en este caso, la profecía. La profecía, que Pablo recomienda tan encarecidamente, debe efectuarse con un orden en público:
‘Asimismo, los profetas hablen dos o tres...’:
Estos profetas, tanto pueden ser ministerios, como sencillamente los que profetizan, que debemos ser todos. Lo segundo es lo más usual.
‘...y los demás juzguen’:
Ese <<juzguen>> es en realidad <<disciernan>>. Se entiende que no se debe aceptar sin más la declaración presuntamente profética. Debe ser examinada:
‘No menospreciéis las profecías’
Una forma de menospreciar la profecía es, después de asentir, olvidarla. ¡Esto no es un rito religioso!
7. Discernimiento de espíritus
‘...a otro, discernimiento de espíritus...’: Este es un don de revelación.
En general, discernimiento es la acción de discernir, del griego <<diakrino>>, y se traduce por: <<Separar, apartar; distinguir; descomponer en sus elementos, analizar>>. Se trata de tener la revelación acerca de asuntos de orden espiritual.
Todos los verdaderos creyentes tenemos la capacidad de discernir. No obstante, el llamado discernimiento de espíritus, va más allá. El Espíritu Santo unge de una manera especial a algunas personas para poder ver más allá de lo que vemos los demás cristianos normalmente.
Es una percepción sobrenatural dada por el Espíritu Santo para distinguir el espíritu o espíritus que se manifiestan a través de alguien. Es el don que hace de policía para proteger a los demás. Muy útil para todos los que tienen responsabilidad de liderazgo pastoral.
El citado don permite discernir o averiguar el carácter espiritual de la persona y la fuente de sus acciones y mensajes. Es claro el ejemplo de Pedro acerca de Simón el mago (Hechos 8: 9-24) << No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón, porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás>>.
Pedro discernió el espíritu que dominaba a ese tal Simón.
Las tres fuentes espirituales
Existen tres fuentes espirituales y operacionales en el universo: (1) Dios, (2) los demonios, (3) el espíritu humano. En este caso, el don de discernimiento de espíritus nos ayuda a averiguar de qué fuente proviene cualquier manifestación espiritual.
A la hora de entrar en liberación
También es el don que nos permite a la hora de efectuar una liberación de una persona de demonios, saber que distintos espíritus demoníacos hay con el fin de ser expulsados del individuo.
