06/03/2005
Introducción
Tenemos un ejemplo muy claro de las consecuencias de la infidelidad cuando observamos el ejemplo que muchas veces nos dio Israel. El profeta Malaquías, el último profeta del A.T. es usado por Dios para hablar con reproche a Su pueblo acerca de su infidelidad hacia El, cuando todo el tiempo, su Dios siempre fue fiel.
Como veremos, esa infidelidad partía del espíritu religioso que invadía la nación. A lo largo de este estudio, iremos entendiendo acerca de las características del espíritu religioso.
Malaquías 2: 17 << 17 Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia? >>
Malaquías 3: 13-15 << 13 Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? 14 Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? 15 Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon>>
Por lo que leemos en estos versículos, Israel reprochaba a Dios muchas cosas; entre ellas, que los impíos prosperaran, mientras que ellos, el pueblo de Dios, vivían en la pobreza. Veámoslo de cerca:
<< 17 Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras…>> : Dios llegó a hartase de sus quejas constantes. Pero una vez sabedores de que Dios estaba harto de escuchar sus quejas, ingenua y neciamente preguntaban: << ¿En qué le hemos cansado?>> .
La respuesta no se hacía esperar: << En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia? >> .
Es decir: Israel se había atrevido a decir, y lo decía constantemente, que Dios debía agradarse de los malvados, por el hecho de que prosperaban; y ellos, siendo Su pueblo, vivían en necesidad.
Más adelante veremos acerca del por qué Israel vivía en necesidad.
1. El problema de la autojusticia
Israel vivía bajo el espíritu religioso constantemente, el cual se manifestaba, entre otras, en una impresionante expresión de justicia propia. Pablo en Romanos 10: 2, 3 dice acerca de los judíos de su tiempo:
<< Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. 3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia , no se han sujetado a la justicia de Dios>>
Los judíos llegaron a ser incapaces de entender la verdadera justicia, que es la de Dios, por haber establecido la suya propia. Esto en cierta medida nos puede estar pasando a nosotros también.
Cuando creemos que nuestro punto de vista prima siempre, es muy probable que estemos desarrollando justicia propia.
El que siempre juzga como juez de todas las cosas, conforme a su solo entendimiento, vive en el engaño.
Tal era el sentido de justicia propia de aquellos israelitas, que hasta se atrevían a insultar a Dios, acusándole de complacerse en los impíos, y de, consecuentemente, no hacer justicia.
Llegaron a creerse mejores, y más justos que Dios (así viven muchos hoy en día)
Como consecuencia, se veían a sí mismos como los pobrecitos, las víctimas de todos, y así se auto justificaban.
No podían (o no querían), verse a sí mismos como la causa de sus propias desdichas; como culpables de su propio pecado. Su orgullo espiritual (que es espíritu religioso), no se lo permitía.
SIEMPRE ES MÁS FÁCIL VER LO MALO EN LOS DEMÁS QUE EN UNO MISMO.
SIEMPRE ES MÁS FÁCIL VER LAS FALTAS EN LOS DEMÁS QUE EN UNO MISMO.
No obstante, en cuanto a Israel, Dios sí tenía verdadera palabra de verdadero reproche:
2. El reproche de Dios
Seguimos leyendo en Malaquías (3: 6, 7)
<< 6 Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. 7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?>> :
A causa del pacto eterno que Dios hizo con la nación descendiente de Jacob, y por el sentido de compromiso de nuestro Dios, no los destruyó. En otras palabras, por Su sola misericordia Israel todavía existía.
Dios sí que tenía verdadera queja contra Su pueblo. La queja de Dios era que ellos se habían apartado desde el principio de Sus leyes y estatutos, violando su parte del pacto.
Como consecuencia de haberse apartado de Dios, a pesar de que Dios mantenía su parte del pacto, la bendición Suya que les había prometido que recibirían si permanecían fieles a Él y a Su Palabra, no podía hacerse realidad.
Ellos, en vez de reconocer su error, al estar tan prendidos por su sentido propio de la justicia, llegaron a ser ciegos espiritualmente, llegando incluso al extremo de culpar a Dios de sus males, haciéndose ellos mejores que Él.
No obstante, Dios todavía quería mostrarles misericordia al declarar: << Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos>> (v. 7)
Era tal la ceguera de Israel; era tal su propio sentido de justicia, que la respuesta al llamamiento de Dios de volverse a Él fue: << ¿En qué hemos de volvernos?>>
Israel creía que cumplía con Dios, cuando no era así. Israel vivía engañado, inmerso en un espíritu religioso, fruto de su orgullo espiritual.
El espíritu religioso, cuando está ahí, se levanta contra el Espíritu Santo, haciendo que la persona que vive en ese espíritu religioso no Le de cabida, creyendo ella que está llena de Él, cuando no es así.
En otras palabras, la persona que es dirigida por el espíritu religioso se cree la mejor y más santa de los todos los santos.
El espíritu religioso se cree autosuficiente porque tiene su propio sentido de auto justicia y auto justificación.
El espíritu religioso es quizás el peor de los engaños espirituales. Cauteriza la conciencia, la hace insensible a la voz del Espíritu Santo, substituyendo Éste con un espíritu demoníaco que le imita.
Lamentablemente, hoy en día hay cristianos que viven, no bajo la dirección del Espíritu Santo, sino bajo la guía de espíritus que se hacen pasar por Él.
El que vive en el espíritu religioso, es egocéntrico y auto idólatra, creyéndose el centro de todo lo que existe, y por tanto, que tiene el derecho a ser servido, reclamando interiormente de los demás la obligación a que se le atienda.
Veamos una característica de la manifestación de ese espíritu diabólico:
3. La codicia del espíritu religioso
<<¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado>> :
Otra de las características del espíritu religioso es la mezquindad (avaricia y falta de generosidad) debida a la codicia. Eso es debido a que el que vive en ese espíritu cree que tiene derecho a poseer las cosas, porque cree que las merece .
Israel constantemente se justificaba a sí mismo, incluso creyéndose mejor que su propio Dios, como consecuencia, vivía inmerso en una profunda codicia, creyéndose dueño de sus bienes, creyendo merecer todo lo que tenía, por habérselo ganado por méritos propios de su justicia propia.
Al ser en realidad ellos dioses de sí mismos, y por tanto demostrar una total ingratitud hacia Dios, todo quedaba para ellos. Esto hacía que la casa de Dios quedara desatendida.
La consecuencia de esa conducta era maldición. La maldición era debida a que toda la nación le había robado a Dios al no darle lo que le pertenecía.
<<Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas>> : Claramente Dios les dice en qué les había robado.
Los diezmos y ofrendas son el reconocimiento de que hay un Dios al cual estamos sujetos, obedecemos y de Él dependemos. El que no diezma y ofrenda, es que no reconoce a Dios en su vida como debiera.
Israel dejó de diezmar y ofrendar porque había tenido en menos a Dios, al levantarse en su propia justicia: Ya no necesitaba a Dios, Israel era su propio Dios. Eso fue motivo de maldición.
4. Dios da la solución
Malaquías 3: 10-12 << 10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11 Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. 12 Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos>>.
Dios les pedía los diezmos, no tanto por ellos mismos, sino como la expresión de fe y de acatamiento de Su autoridad y cuidado sobre ellos.
El dar los diezmos, era señal de arrepentimiento y sujeción al verdadero Dios.
El dar los diezmos con esa correcta actitud, es una señal de renuncia del espíritu religioso, para acogerse a la guía y orden del Espíritu Santo, ya que implica una renuncia a :
las bendiciones por diezmar y ofrendar
Leemos de nuevo: << 10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. 11 Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. 12 Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos>>:
El alfolí es el lugar donde el cristiano fiel recibe el alimento; en este caso es la congregación en la que está; en el caso de Israel, fue el templo de Jerusalén.
El diezmo, como vemos, le pertenece a Dios, y constituye la décima parte de los ingresos netos de cada uno.
Cumpliendo con ese requisito, Dios promete bendición:
Dios no necesita de nuestro dinero ya que Él es el dueño de todo el oro y toda la plata. No obstante, al diezmar y ofrendar, estamos implícitamente reconociendo que Él es Dios en nuestras vidas. Esto último es un arma eficaz contra el espíritu religioso y su obra.
Podemos diezmar y ofrendar bajo un espíritu legalista, que es una de las manifestaciones del espíritu religioso (debo hacerlo porque toca hacerlo). Lógicamente esa sería una actitud equivocada. Pero si damos con la buena actitud, la que parte de un corazón agradecido y sumiso al Señor, entonces Dios será agradado en nosotros, y esa será una de las formas de combatir el espíritu religioso que es del diablo, así como recibir las muchas bendiciones que Dios desea dar a Su pueblo y a cada uno de sus hijos en particular.
