El Papa de Roma
No había jefe o responsable principal humano en la Iglesia de Jesucristo cuando el Señor ascendió a los cielos. Ni lo hubo, ni lo hay, ni lo habrá. El Señor Jesús dio cinco ministerios (Efesios 4: 11) bien definidos en los cuales se iba a desarrollar la verdadera Iglesia: Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Esto es todo. La figura de un <<papa>> como jefe supremo de la Iglesia no era la voluntad de nuestro Señor.
Dios sabe que el poder corrompe, y que ningún ser humano está preparado para llevar una responsabilidad así, responsabilidad que sólo Cristo puede llevar, y de hecho lleva. Sin embargo, la historia de la Iglesia católico-romana es la historia de los papas. No se puede entender una sin la otra.
Cuando el obispo de la ciudad de Roma, por ser Roma, logró exaltarse a sí mismo por encima de todos los demás obispos, poco a poco fue adquiriendo más títulos y poder hasta llegar a autodenominarse: < <Sumo Pontífice >>, es decir Sumo Mediador entre Dios y los hombres, el título y función de Jesucristo hombre (1 Timoteo 2: 5-7); << Santo Padre >>, título que sólo Dios Padre tiene; y por fin, cuando habla ex-cátedra , es << infalible>> , cualidad que corresponde además de al Padre y al Hijo, al Espíritu Santo.
Así pues, un hombre logró su << deificación >> completa ante el resto de los mortales, con el consentimiento de ellos. Cuando el obispo de Roma se autoerigió como Sumo Pontífice , que significa Mediador entre Dios y los hombres, título que sólo le pertenece a Cristo, (1ª Timoteo 2: 5,6), el catolicismo-romano cayó en el peor de sus pecados. El sentimiento de fervor que despierta la figura del papa allá donde va, no va dirigido a Jesucristo, sino a la propia figura de ese hombre que dice ser la representación Suya en la tierra. ¿Podrá esto agradar a Dios? No.
Anunciamos, aunque muy someramente, uno de esos documentos, falsos, por cierto, en los que Roma pretende forjar su derecho: Las <<Donaciones de Constantino o constantinianas>>. Baste por el momento comentar el resultado que obtuvieron en la realidad pontifical, de la Edad Media, en adelante.
Pedro de Rosa, hábil comentarista católico, dice al respecto: <<Desde las Donaciones de Constantino, está claro que el Obispo de Roma lucía como el emperador Constantino, vivía como él, se vestía como él, habitaba sus palacios, gobernaba sobre sus tierras, tenía exactamente la misma perspectiva imperial. El papa, también, quería enseñorearse sobre la Iglesia y el Estado. Sólo setecientos años después de la muerte de Pedro, los papas se sintieron obsesionados por el poder y las posesiones. Los alegados sucesores de Pedro, se hicieron, no los siervos, sino los amos del mundo. Ellos...se vestían de púrpura como Nerón y se llamaban a sí mismos Pontifex Maximus>> (Pedro de Rosa, op. Cit. Pp. 34, 45).

Las raíces
De la misma manera que todo árbol tiene su raíz, todo lo que existe sobre la tierra tiene un origen. Tanto para lo bueno como para lo malo, existe un principio, una raíz, una semilla. Veamos la raíz de lo que luego vino a ser el papado. Escribe el teólogo D. José de Segovia: <<Los romanos fueron especialmente hábiles en tratar de no destruir los cultos y dioses indígenas por la violencia, sino más bien absorberlos por medio de una política de tolerancia. Más tarde, la religión romana degeneró en un culto a César durante el mandato de Octavio Augusto en torno al año 25 a.C. -¡atención a esto!- después de haber sido declarado por el Senado “la más alta Santidad y poder sobre la tierra”.
No pensemos que eso fue exclusivo de la Roma pagana. El papa León XIII dijo todavía mucho más: <<(Los papas) ocupamos en la tierra el lugar de Dios Todopoderoso>> (The Great Encyclical Letters of Pope Leo XIII, p. 304, by Benziger Brothers, N.Y. Nilil Obstat, 1903).
Es interesante el anterior comentario de D. José de Segovia en cuanto a que los romanos observaban una política de tolerancia. Esta era una habilidad peculiar para ir, poco a poco, estableciendo su poder y autoridad entre los pueblos que conquistaban.
Algo muy parecido está ocurriendo hoy en día con la Roma político-religiosa. Si bien durante siglos fue estableciendo su hegemonía por la fuerza (pensemos en la Inquisición), ahora, con el devenir de los tiempos, decidió cambiar de táctica, acercándose más a aquéllas sutiles y diplomáticas de sus antecesores. Ahora que no cuenta con el respaldo de los supersticiosos emperadores y reyes de antaño, Roma cambia su antigua amenaza por la sutileza, amparándose tras su antigua y aborrecida enemiga, la llamada democracia, propia de las naciones del primer mundo.
En el contexto religioso, antes a los evangélicos se les llamaba sin ambages herejes y anatema (es decir, malditos ) y se les entregaba a las torturas más indescriptibles y después, vivos a la hoguera. Ahora, se les llama << hermanos separados >> y se les anima a buscar todos juntos <<la unidad entre los cristianos>>.
El verdadero cuerpo de Cristo es uno solo e inseparable, por lo tanto ¿cómo puede hablarse de <<hermanos separados >>?. Esto sólo obedece a una estratagema para engañar a muchos evangélicos ingenuos.
¿Ha cambiado Roma?
¿Ha cambiado Roma? No, sólo ha cambiado su estrategia. Las metas siguen siendo las mismas que ya fueron, sólo el procedimiento ha cambiado. El papado sabe que son ya muchos cientos de millones en todo el mundo los que se llaman evangélicos. Países e incluso continentes enteros son evangélicos o protestantes, aunque sea por tradición solamente, y ya no puede el papa hacer lo que solía hacer cuando la Reforma inmediatamente apareció.
Ahora Roma apuesta por la << integración >>. Si no puedes con tu enemigo, ¡únete a él! Pero esta política de integración, no sólo es dirigida al mundo protestante. El papa no sólo reza con los protestantes . Juan Pablo II, se reunió con el Dalai Lama, el dirigente del budismo tibetano, y con otros dirigentes de religiones satánicas en Asís, Italia en 1986 (sobre todo a partir de entonces, se llamó a Asís o Asisi <<ciudad de la paz>>). Increíblemente, en esa reunión histórica se unió en un círculo para rezar y meditar con encantadores de serpientes de Togo, chamanes y médicos brujos de Africa, gurúes hindúes de la India, monjes budistas de Tailandia y religiosos protestantes liberales de Gran Bretaña.
Muchos católico-romanos se asombraron al escuchar al papa declarar, en esta reunión inter-religiosa en Asís, que << existen muchos caminos a Dios >> (<<Aviso Final>> Grant. R. Jeffrey, pág. 176). El apóstol Pedro, del cual Juan Pablo II dice ser <<sucesor>>, dijo hablando de Jesucristo: <<Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres , en que podamos ser salvos>> (Hechos 4: 12); ¡Jesucristo es el Camino! (Jn. 14: 6).
En este punto, quizás alguien pueda pensar que quizás fue un <<traspiés>> del papa aquella reunión inter-religiosa de Asís, dada la debilidad de Juan Pablo II; ¡no lo crea! Voy a traducir del inglés la noticia que me llegó vía correo electrónico: <<LIDERES DE TODAS LAS RELIGIONES TIENEN UN ENCUENTRO EN ROMA>> : El Vaticano se encuentra dando los últimos retoques para llevar a cabo la reunión inter-religiosa (Fuente: Weekend News Today Source – EWTN, Sep. 24, 1999). El Vaticano está dando los últimos pasos de preparación para la Reunión Inter-Religiosa que deberá celebrarse el próximo mes de Octubre, los días del 24 al 28. Líderes de todas las religiones se encontrarán en Roma para estudiar la contribución en común que los creyentes pueden hacer a favor de la humanidad en el próximo siglo . El encuentro incluirá una visita a Asís, la ciudad de la paz. Este evento inter-religioso, se realizará en la víspera del Jubileo. Tal como el Consejo Pontificio para el Diálogo Inter-religioso ha declarado, Juan Pablo II ha requerido que en este año de preparación antes del 2000, dedicado a Dios Padre, “se reflexione sobre la relación entre Dios y los hombres , al promover relaciones diversas entre las religiones” (énfasis nuestro).
...La Asamblea, constará de 200 personas: 80 cristianos de diferentes denominaciones y 120 de otras religiones...La Asamblea incluirá a las religiones animistas tradicionales africanas, religiones americanas e hindúes, religiones monoteístas, y algunas nuevas religiones japonesas >> ( énfasis nuestro) .
Estos líderes de todas las religiones que se encontraron con el papa en Roma para ver lo que los creyentes pueden hacer <<en favor de la humanidad>>, ¿a qué clase de creyentes se refiere?
Hablando de religiones, cada una sobre la tierra es diferente y opuesta en sus creencias a las demás. Los musulmanes tienen un dios: Alá; los hindúes tienen millones (cada hindú tiene su propia colección de dioses porque son idólatras). Los animistas africanos veneran los ríos, los árboles, las piedras, etc., porque creen que detrás de cada uno de esos elementos se esconden <<fuerzas invisibles>> (que no son más que demonios). De vuelta a los musulmanes, estos tienen su libro sagrado, el Corán; en cambio los católicos tienen su sagrada tradición y la Biblia (por ese orden). Unos creen que se reencarnan (hindúes); otros van al cielo, otros al Nirvana (budistas), otros al paraíso (musulmanes). Para unos es pecado una cosa (matar las vacas para los hindúes), para otros, es otra diferente. En definitiva, esos <<creyentes>> sólo tienen algo en común: ¡Nada! (No he mencionado el cristianismo, porque seguir a Cristo no es una mera religión sino una mantener y desarrollar una relación de amistad con Dios a través de Cristo mediante la asistencia del Espíritu Santo, ¡nada tiene esto que ver con la religión, que no es más que obra de hombres!)
¿Qué interés tendrá Dios Padre en que se <<promuevan las relaciones entre las religiones> >, como Juan Pablo II decía pretender? Dios Padre envió a Su Hijo al mundo para que por la fe en Él el mundo fuera salvo (Jn. 3: 16, 17, 18; Ro. 5: 1; Ef. 2: 8, 9). Las religiones son sólo obstáculos satánicamente inspirados para tratar de entorpecer la labor del verdadero Evangelio; y ahí tenemos a ese papa motivando y ayudando a que eso sea así.
La Archi-mega-mega-mega <<Iglesia>> del futuro cercano
Juan Pablo II no quiso entender que sólo Jesucristo es el camino a Dios. Ese papa tan ambiguo no ha querido entender la diferencia tan diametralmente opuesta que existe entre el Reino de Dios y el principado de Satanás, porque todos esos brujos y chamanes, así como esos gurúes, budistas, sectas japonesas, animistas africanos, y hasta esos protestantes liberales (que niegan la autoridad de la Biblia), no tan sólo están lejos de Dios, sino que están absolutamente bajo el Maligno.
Pero este papa y toda su curia romana sabe muy bien lo que hace y pretende, porque en todo esto hay una intencionalidad preclara: Llegar a crear una Archi-mega-mega-mega “Iglesia” mundial que abarque todas las creencias religiosas y que superficialmente mencione a Dios y a Jesucristo, con el fin de tener a todos bajo un mismo paraguas. Esta será la iglesia del Anticristo, precursora del final de estos tiempos y de la Segunda Venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo.
El 8 de julio de 1980, la Associated Press , indicó que el papa Juan Pablo II no se oponía a las sectas espiritistas basadas en el vudú africano que saturan el catolicismo romano. Declaró que una vez catolizados estas sectas ayudarán a promulgar la religión.
Durante su visita de febrero de 1993 al Africa, este papa predicó su mensaje de unificación con las religiones animistas, es decir, con las religiones que rinden culto directamente a los demonios (<<Aviso Final>> Grant. R. Jeffrey, pág. 176). Tuvo reuniones con muchos practicantes de vudú y con adivinos. La agencia de noticias Associated Press informó sobre la visita del papa al país africano de Benin con los siguientes titulares: <<El Papa se reúne con creyentes de vudú>>. El periódico informó: <<El papa Juan Pablo II, el martes pasado, buscó algo en común con los creyentes en el vudú, sugiriendo que no traicionarían su fe tradicional convirtiéndose al catolicismo>> (Ibid, 177).
En otras palabras, podían retener el vudú estando unidos a la Iglesia católico-romana. Estos adoradores del vudú creen en muchas deidades (que son demonios) y utilizan serpientes en sus rituales. Juan Pablo II, tuvo en su agenda crear una macro iglesia universal desde la cual él (y ya su sucesor), dirigir involucrando en ella a cualquier tipo de creencia y culto. Por eso, explicó a los brujos del vudú, que como ellos adoran a sus ancestros, los católicos también tienen devoción <<a sus ancestros en la fe, desde los apóstoles hasta los misioneros>> .
Según el informe de Associated Press , los brujos recibieron calurosamente al papa. Sossa Guedehoungue, dirigente de la comunidad vudú de Benin exclamó: <<Jamás había visto a Dios, pero hoy cuando he visto al papa, me he dado cuenta que he visto al Dios bueno, que reza por todos los que practicamos vudú>> (Ibid ).
Podrán parecer las actitudes, palabras y gestos de este papa muy tolerantes y hasta no exentas de un cierto perfume de misericordia; sin embargo todo esto es simple apariencia de bondad, porque la Palabra de Dios que nunca se equivoca es muy clara. Escribe el apóstol Pablo: << No os unáis en yugo desigual con los incrédulos ; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial (falso dios)? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos?...Por lo cual, salid de enmedio de ellos, y apartaos, dice el Señor , y no toquéis lo inmundo , y Yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso>>. (2 Corintios 6: 14-16, 17, 18).
¡No hay comunión entre la luz y las tinieblas! Ese papa acepta esas prácticas satánicas, y rechaza públicamente lo que él llama <<sectas evangelistas>>, es decir, a los cristianos evangélicos. La razón es clara. Estos que practican el vudú, se llaman a sí mismos católico-romanos; mientras que los evangélicos, no.
Es capaz de aceptar en sus filas a satanistas declarados que se autodenominan católico-romanos, y rechazar a los verdaderos cristianos, sencillamente porque no se cobijan bajo su “ amparo ”. A Roma sólo le interesan las multitudes, porque esto genera poder, y el poder, tanto religioso como temporal es lo que Roma siempre ha buscado. Le insto a que no lo deje aquí, sino que siga leyendo, porque pienso probar que estas acusaciones son la realidad de la historia de la Roma religiosa.
Volvamos a las raíces
Volviendo a lo que nos ocupaba antes, D. José de Segovia sigue escribiendo: <<La religión oficial del culto imperial (Ordo Augustalis), tenía diversas clases de ministros religiosos: 1) <<el Flamen>>, el <<Sumo Pontífice>> o <<Sumo Sacerdote>> . Es interesante que hasta los mismos nombres, la Roma religiosa escogió para sí.
S. Olabarrieta, escribe: <<El Emperador romano era considerado Pontifex Maximus del paganismo, y como tal, tenía la prerrogativa de ser adorado. Miles de cristianos dieron su vida por negar la más mínima expresión de adoración a la imagen del Pontifex Maximus de la religión oficial del Imperio Romano. Los emperadores persas y egipcios pretendían lo mismo, y se consideraban infalibles. Eran reverenciados como representantes de la divinidad en la tierra. La Iglesia romana que conocemos no ha olvidado ninguno de aquellos detalles: El Papa es el Sumo Pontífice; se le considera infalible; el protocolo obliga a que se le besen los pies (aunque en la práctica se tolera sólo arrodillarse con inclinación); hay que venerarle, ¡es el Beatísimo Padre!. Hay grandes masas que lo hacen hasta el histerismo. Ni siquiera se ha desprendido de los abanicos de plumas de pavo real que lo acompañan en la silla gestatoria, como hacían los emperadores del mundo gentil>>.
¿Santidad papal?
Todo esto es una realidad. Ahora bien, aceptemos el hecho de que el papado como oficio no es bíblico y por lo tanto no es la voluntad de Dios. Pero, ¿no es cierto que deberíamos esperar cierta santidad de esos hombres que dicen representar a Cristo en la tierra?, ¿Podríamos esperar que muchos de ellos, si no la mayoría, debieran haber sido hombres santos?
Pues, la historia y el testimonio personal de la inmensísima mayoría de los papas a lo largo de los muchos años de historia la Iglesia romana evidencian que desgraciadamente no fue así, sino más bien todo lo contrario. Esos papas que emitieron dogmas de fe, los cuáles han de ser creídos por todo católico-romano con fe ciega , en su inmensa mayoría eran hombres corruptos. A modo de pequeño aperitivo daré uno de tantos y tantos ejemplos, además de uno de los papas anteriores a los ya conocidos fornicarios y asesinos del siglo X. Este es el caso de Nicolás I (858-867). Este papa declaró: <<Nosotros solamente (los papas) tenemos el poder para atar y desatar, para absolver a Nerón y para condenarlo; y los cristianos no pueden, bajo pena de excomunión, ejecutar otro juicio excepto el nuestro, que es el único infalible>> .
Evidentemente este papa era un tirano religioso declarado, y también un tirano político: Este pretendido “santo” varón, ordenaba a un rey que destruyera a otro según él quería. Esto es lo que escribió el papa Nicolás: <<Le ordenamos, en nombre de la religión, que invada sus estados, que sus ciudades y masacre a su pueblo>> (Cormenin, History of the Popes, p. 243). ¡Un gran dechado de bondad y amor !
Tal llegó a ser la gravedad de la inmoralidad en la corte papal y entre el clero en general, que en el Concordato de Worms, entre el papa Calixto II y el emperador Enrique V, el 23 de septiembre de 1122, el papa fue requerido a jurar que la elección de obispos y abates se haría << sin simonía (*) y sin violencia alguna>> , algo que era corriente a la hora de decidir los asuntos de la Iglesia (Sidney Z. Ehler, John B. Morrall, <<Church and State Through the Centuries>> Londres, 1954, p. 48).
(*) Compra y venta de los cargos eclesiásticos
La misma Enciclopedia Católica nos ofrece todo un repertorio de maldades, crímenes, lujurias, fornicaciones, adulterios, asesinatos, envenenamientos, codicias, envidias, nepotismos, simonías y un larguísimo etcétera de innombrables pecados llevados a cabo por innumerables << Vicarios de Cristo>>, “ infalibles” en sus pronunciamientos sobre fe , moral y costumbres. ¿Podrá ser cierto esto último? ¿Podrán hombres impíos, ser usados por Dios para traer verdades eternas a Sus fieles? Indudablemente, ¡no!
¡Qué necedad creer que un hombre que en su vida niega la fe y es habitualmente inmoral, no obstante sea infalible cuando habla de fe y moral! Desde la Palabra de Dios, esto es imposible, y el solo planteamiento de la cuestión es a todas luces impresentable.
Dios usa a Sus hombres; todos ellos hombres santos. Los usó para traer a este mundo el conocimiento de Su Palabra, la Biblia. El canon bíblico se cerró con el último libro del Nuevo Testamento, escrito 90 años después de Cristo, el Apocalipsis del apóstol Juan. Toda la verdad de Dios para nosotros está en la Biblia. Leemos en Deuteronomio 29: 29 << Las cosas secretas pertenecen a Yahwéh nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre. ..>>.
Pablo el apóstol se lo recordó a su discípulo amado, Timoteo: <<...desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús>> (2ª Timoteo 3: 14, 15). No obstante, los papas, deciden contradecir la misma Palabra de Dios. Esto fue lo que el papa Pío VII, en su encíclica al primado de Polonia, el año 1816, le escribió: <<Es evidente, desde la experiencia, que las Sagradas Escrituras, circulando en lengua vernácula, han producido más daño que beneficio (parafraseando a Trento)...Hemos deliberadamente tomado las medidas oportunas para remediar y abolir esta pestilencia>> . Evidentemente tenía razón Pío VII, la lectura de la Biblia ha producido mucho daño...¡a la misma institución romana!
Cuando las gentes deseosas de conocer a Dios leen con fe la Biblia, encuentran a Dios, tal y como Él promete en su Palabra. Esto nunca ha agradado a Roma, la cual se expresa por boca de su hijo Pío VII de forma tan elocuente: << pestilencia>>.
¡Cuántos latinoamericanos hoy en día y desde hace unos años se están volviendo al Dios vivo por medio de Cristo y Su Palabra, y cómo detesta esto Roma! En su visita a Méjico en el año 1999, Juan Pablo II declaró ante un millón de personas, que <<tuvieran cuidado de llegar a convertirse en <<adeptos>> de las << sectas evangelistas >>. ¡Roma tiembla!//.
© Miguel Rosell Carrillo,
