HISTORIA DE LOS PAPAS DE ROMA: LA SIMIENTE DEL FALSO PROFETA

 (V)

Extraído del libro Luz o Tinieblas

Índice del Tema 

 

Los papas puestos por emperadores o por las familias romanas de turno

Continuación del llamado “siglo tenebroso”

Los papas de esa época oscura, eran puestos, o bien por las familias romanas poderosas de ese momento, o bien por el emperador. La celebérrima “sucesión apostólica” una de las dos columnas sobre las que se sostiene teatralmente la iglesia de los papas,sólo era (y es) un cuento, que muchos han decidido creer, pero que sólo ha brillado en la historia papal por su ausencia.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Continuación del llamado “siglo tenebroso”

A veces papa, a veces anti papa

Los romanos eligieron papa a BENEDICTO V (964), pero el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Otto I, no aceptó ese nombramiento. Aquí hay que decir que a raíz del “Privilegium Ottonianum” del 13 de febrero del año 962, cuando Otto fue coronado emperador por el papa, Otto u Otón, confirmaba las donaciones de sus antecesores a los papas, pero también disponía que el nuevo papa antes de su consagración, debía prestar juramento de fidelidad al emperador, con lo que quedaba bajo su control, hay que decir que, a veces muy necesario dado el poder sumamente corrupto de las familias patricias romanas.

Por lo tanto, el emperador estaba en su pleno derecho de no aceptar a Benedicto V. A pesar de esto, Roma pasando por encima de ese acuerdo “sagrado”, ha hecho de Benedicto V un auténtico papa, y como tal, figura en el “Liber Pontificalis”.

En cuanto a aquel documento, dice así la enciclopedia:

“El Privilegium Othonis, llamado también Privilegium Ottonianum o Diploma Ottonianum' (en español: «privilegio de Otón», «privilegio otoniano» o «diploma otoniano») es una legislación imperial estipulada en  Roma el 13 de febrero de  962 entre  Otón I y el Papa  Juan XII, pocos días después de la llegada de Otón a Roma el 2 de febrero, para ser coronado emperador. La autenticidad del contenido del documento, muy discutida, parece cierta aun cuando la versión actualmente existente, conservada en el Archivo secreto Vaticano, parece ser un duplicado del original, que probablemente se ha perdido”

En junio del 964, a causa de la oposición de los romanos, Otto I entró de nuevo en Roma, en junio del 964. En un sínodo celebrado en Letrán tuvo que obligar a los romanos a que le jurasen lealtad (tal como previa y oficialmente se estableció).

Allí mismo, volvió a anunciar la proclamación de León VIII como papa de nuevo. Es curioso que según la lista oficial de los papas del Vaticano, a Benedicto V le adjudican un mandato de dos años (964-966), y sin embargo, la realidad es que ese ex-papa fue llevado a Hamburgo durante ese tiempo, evidentemente, sin ejercer en absoluto su cargo, el cual no tenía, ya que León VIII, fue el que se sentó en el solio pontificio, hasta el 965, año en que murió.

Interesante lo que menciona al respecto la enciclopedia católica:

“Al morir Juan XII en el 964, el concilio cardenalicio (¿?) señaló como sucesor a Benedicto V, por lo que León VIII, aunque figura aún en el catálogo pontificio, es considerado a veces(¿?) como antipapa”.

¡Cuántas irregularidades! En primer lugar no existía en aquella época todavía ningún concilio cardenalicio, fue Nicolás que en el año 1059 levantó el concilio cardenalicio; y en segundo lugar, Roma admite que aunque está en la lista de papas, León VIII es considerado a veces antipapa. ¿Qué significa eso?, ¿que a veces es papa y a veces no lo es, según convenga? ¿Dónde está aquí la “sucesión apostólica” entonces? ¡Esto no es serio!

Otón I

Otón I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico”

Pergamino Purpúreo

“El Privilegium Ottonianum, pergamino purpúreo, 1.015 x 395 mm., escritura carolina de oro”

Después de JUAN XIII (965-972), que fue hijo de un obispo, y que colaboró voluntariamente en la política imperial de expansión, yendo contra los bizantinos, le siguió, con el consentimiento imperial, BENEDICTO VI (973-974). Este duró tan poco porque el partido de Crescencio, aprovechó la muerte del viejo emperador Otto I para rebelarse y encarcelar al papa en el castillo de Sant’Angelo.

Este Crescencio, cuyo partido y familia seguirían influyendo decisivamente en Roma y su papado, era hijo de Teodora la Joven, la hija de aquel Teofilato y Teodora, y hermana de la célebre Marozia (de casta le viene al galgo).

Papa asesino: Bonifacio VII

Encarcelado Benedicto VI, fue elegido papa BONIFACIO VII (974-983). Lo primero que hizo este papa fue acercarse al castillo en cuestión y estrangular allí al depuesto papa Benedicto.

El nuevo emperador Otto II marchó para Roma, y asustado el papa asesino, huyó a Constantinopla, llevándose consigo una buena parte de los tesoros de la Iglesia de Roma.

Rápidamente se eligió otro papa, BENEDICTO VII (974-983). Éste, hizo condenar en un sínodo al huido Bonifacio que seguía en Constantinopla. Una vez muerto Benedicto VII, el emperador hizo elegir papa a su incondicional archicanciller Pedro de Pavía (¿sucesión apostólica?) que tomó el nombre de JUAN XIV (983-984).

Desgraciadamente para el recién nombrado papa, el emperador Otto II murió, y el antiguo papa Bonifacio VII, volvió a Roma. Con la ayuda del partido de la nobleza romana (el partido de Crescencio), depuso al papa y le encerró, como no, en el castillo de Sant’Angelo, y simplemente le dejó morir...de hambre. Pero como al que hierro mata a hierro muere, un año más tarde, en julio del 985, fue depuesto por la fuerza, y asesinado.

Sus contemporáneos describieron a ese papa como “un monstruo”, y su cadáver fue arrastrado por las calles y arrojado ante la estatua ecuestre de Marco Aurelio. En algunas listas de papas, aparece como antipapa, pero lo cierto es que no debiera ser así, ya que el siguiente papa de nombre Bonifacio, que a pesar de lo malvado que también fue, resultó ser un gran jurista, se llamó VIII, y no VII, aceptándole así como su sucesor; por lo tanto, este BONIFACIO VII (984-985) es también uno de esos papas infalibles.

Dar la espalda

“Dar la espalda a la evidencia histórica es lo más fácil, y lo más falso”

La “canonización de los “santos”, dogma del nepotista Juan XV

Al papa Bonifacio VII, le siguió JUAN XV (985-996). Este fue hijo de un sacerdote, y fue elegido papa gracias a las maquinaciones de Crescencio. Practicó abiertamente el nepotismo, como no podía ser de otra manera, tal y como fue elegido. Por su arrogancia, se enfrentó al clero y a las familias romanas y fue expulsado de la ciudad. La “canonización de los santos” fue doctrina en el año 993, bajo el pontificado de este papa y por decreto suyo.

Crescencio II versus emperador Otto III

El emperador Otto III, una vez llegado a Roma, nombró como papa, (¿sucesión apostólica?),  al obispo alemán, de nombre Brun von Kärnten como papa con el nombre de GREGORIO V (996-999) Al poco de salir el emperador de Roma, otra vez Crescencio volvió a las andadas, y soliviantando a la población influyente romana, expulsó al papa. Este empezó a excomulgar a todos, y los que le expulsaban se burlaban de él y de su excomunión.

Gregorio V

“Gregorio V, (que fue primo del emperador Otto III, junto con él). No es una escena exenta de cierta burla”

Crescencio hizo papa a Filogato, arzobispo de Piacenza, el cual se autonombró JUAN XVI (997-998). Este es considerado antipapa, aunque de hecho ejerció el pontificado, dictando diversas bulas. Su número de orden se respeta en las listas papales (¿sucesión apostólica?).

En el año 998, Otto III volvió a Roma y repuso en su lugar a Gregorio V. A Juan XVI le hizo mutilar horriblemente y encerrar de por vida en un monasterio. El emperador, enterándose de quien era el instigador de todo, es decir, Crescencio, le hizo cortar la cabeza en el castillo de Sant’Angelo. No obstante, Gregorio V murió al poco tiempo, aun sin contar treinta años de edad. ¿Dónde está la sucesión apostólica de los papas en todo esto?

Catillo de San´t Angelo

“El castillo de Sant´Angelo, lugar donde se cometieron múltiples atrocidades”

Otto III, el emperador, otra vez fue él quien eligió al siguiente papa (¿sucesión apostólica?).  Este fue su amigo y consejero Gerberto de Aurillac. Cambió de nombre por el de SILVESTRE II (999-1003). Ese hombre practicaba las artes mágicas (ocultismo y brujería), por eso le conocían con el apelativo del “papa mago”. Tenía comunión directa con los demonios, que hasta le dirían que no iba a morir en el año 1000 (cuando todos esperaban el fin del mundo). De hecho según se dice, él sabía en el año que iba a morir porque los demonios se lo dijeron; (no sería de extrañar que un hombre vendido al diablo supiera por boca de este cuando iba a morir).

Silvestre II, defendía con ahínco las pretensiones primaciales de Roma. Tanto él como el emperador pretendieron recrear la corte imperial de la antigua Roma, pero fracasaron estrepitosamente, y las familias patricias se volvieron en contra de ellos dos, expulsándolos de Roma en el año 1001. Poco después, ambos morirían. El papado era un desastre se mirase por donde se mirase; y el imperio se estaba derrumbando.

Estatua del satanista papa Silvestre II

“Estatua egregia del satanista papa Silvestre II”

 

Papa Ciego

“No hay peor ciego que el que no quiere ver, y así ha sido en cuanto a todos y cada uno de los falsos vicarios  de Cristo en la tierra”

El hijo de Crescencio

El hijo de Crescencio, Juan, tomó el poder de Roma gracias a la fuerza de las familias patricias. Hizo papa a JUAN XVII (1003) (¿sucesión apostólica?). Sólo estuvo en el solio de junio a septiembre del 1003. Increíblemente, no fue asesinado, sólo depuesto. Le sucedió JUAN XVIII (1003-1009). Este también fue un títere de Juan, hijo de Crescencio (¿infabilidad papal?, ¿sucesión apostólica?). Lo mismo ocurrió con el siguiente papa, SERGIO IV (1009-1012) (¿sucesión apostólica?), al que llamaban por su aspecto “Hocico de cerdo”.

La costumbre de esos papas de cambiarse el nombre de pila (que llegó a ser una costumbre generalizada hasta nuestros días) tenía y tiene por objeto disimular su origen y darse a sí mismos un título que pretendía impactar en la mente del fiel de entonces y de ahora.

Cambio de familia, (sigue todo igual...o peor)

Cuando murió Juan de Crescencio, el poder en Roma cambió de manos y de familia. Le tocó entonces el turno a la familia condal de Túsculo, que derivaba también de la familia de Teofilato. El cabeza de esa familia era un tal Gregorio. Este fue nombrado conde de Túsculo en su día por el ya difunto emperador Otto III, no obstante, traidoramente fue él el ejecutor de su expulsión de Roma.

Este Gregorio era hermano del papa Juan XII, y por lo tanto, nieto de aquella Marozia. Gregorio compró el cargo papal por medio de chantaje para uno de sus hijos, (¿sucesión apostólica?) de nombre Teofilato, como su tatarabuelo, y se hizo llamar BENEDICTO VIII (1012-1024).

Por otra parte, los del partido de Crescencio, eligieron el mismo año a otro papa, GREGORIO VI. Benedicto y los tusculanos, para oponerse a Gregorio, buscaron el apoyo del emperador germano Enrique II. Ganaron los tusculanos e inmediatamente Gregorio fue acallado. Más adelante, como no pudo imponerse como papa, se le consideró antipapa.

Benedicto VIII, emitió decretos para relanzar la obligación del celibato. Su motivación era retorcida y codiciosa. Estaba interesado en evitar que los bienes de la Iglesia romana se fueran perdiendo en la medida en que los sacerdotes al casarse y tener familia, sus hijos fueran heredando. El otro motivo, era el de ejercer un mayor control sobre el clero. Si este dejaba de tener lazos familiares que le unieran a la población civil, serían con mayor facilidad controlados. De ahí en adelante, Roma empezaba a tener cada vez más claro que los cargos y las personas debían estar siempre a disposición de sí misma.

Estos dos retorcidos motivos han hecho de la iglesia de Roma, lo que es.

Leemos así en la enciclopedia:

En 1022 el  Sínodo de Pavía se celebró bajo la presidencia del papa y del emperador y   se repitió la exigencia canónica de celibato para el alto clero hasta el subdiácono, y se estableció que los hijos habidos del enlace de sacerdotes no libres con mujeres libres habrían de seguir el estado del padre para que no se perdiese para la Iglesia ni pudiesen ser peligrosos por la herencia del bien eclesiástico”

Benedicto VII

“Benedicto VIII, el papa precursor del control de la iglesia sobre la iglesia (romana)”

El papado estaba a la venta

El siguiente papa, JUAN XIX (1024-1032), hermano de Benedicto, también compró el papado (¿sucesión apostólica?) y como era laico, en contra de las disposiciones canónicas, para ser papa, pasó por toda la escala de títulos eclesiásticos reconocidos ¡en un solo día!

Respecto a ese Juan XIX, el comentarista católico romano Gelmi dijo lo siguiente: “Jamás mostró una disposición interna para su elevado cargo”. ¿Cómo iba ese hombre a mostrar una “disposición interna” cuando para él el ser papa representaba simple y llanamente el poder?

Encontramos que nos dice la enciclopedia:

“Sucesor, en el solio pontificio, de su hermano Benedicto III, en el momento de su elección era cónsul y senador además de laico, por lo que recibió todas las órdenes sagradas hasta la dignidad de obispo en un solo día a cambio de una importante cantidad de dinero con lo que inició su pontificado con una de las lacras que lo definirían: la simonía”.

Juan XIX

“El simonítico Juan XIX, que compró el papado con su propio dinero”

¿Comprar la “sucesión apostólica”?

Aquí debemos hacernos una pregunta no exenta de lógica y justificada ironía: ¿Se podrá comprar la “sucesión apostólica”?, porque eso es lo que esos papas hicieron. Déjenme exponerlo de la siguiente manera: me voy a poner a mí mismo como ejemplo, e imaginar que yo hubiera vivido en aquella época, en el seno de alguna de aquellas familias patricias y hubiera sido un ambicioso desalmado sin escrúpulos con ansias de poder sobre todos. El cargo ideal para tener ese poder sobre todos, era el papado. Maquinando, comprando y chantajeando hubiera sido un Benedicto o un Juan o un Sergio o un Gregorio cualquiera... ¿Qué tendría aquí que ver la tan manida sucesión papal o apostólica, columna “inamovible” de la Iglesia de Roma? ¡Nada!; sólo es un absurdo y un burdo engaño que dura desde hace demasiados siglos y que muchos aún creen (y no saben por qué, en realidad).

Lo cierto es que la compra de títulos eclesiásticos, incluido el de papa fue costumbre común durante siglos, porque esos títulos daban poder. A esto se le llama simonía. Pero como veremos, no sólo compraban el cargo, también ¡lo vendían!

Un papa de once años de edad

Alberico III, hombre fuerte de Roma e hijo mayor de aquel Gregorio tusculano, al morir Juan XIX, ¡nombró papa a su hijo! (otra vez, ¿sucesión apostólica?). Fue entronizado como BENEDICTO IX (1032-1045) cuando contaba sólo con ¡¡once años de edad!! Escribe Ralph Woodrow:

“Benedicto IX fue elegido papa, siendo apenas un niño de doce años por medio de arreglos monetarios con las poderosas familias que manejaban Roma. Este papa-niño creció en la maldad y “cometió homicidios y adulterios en pleno día; hizo robar a peregrinos en las catacumbas de los mártires. Fue un horrendo criminal a quien el pueblo desterró de Roma”. Al respecto escribe el católico Dollinger:

“...el papado se hundió...en una confusión total e impotencia moral; los condes toscanos lo hicieron hereditario en su familia; una y otra vez muchachos disolutos como Juan XII de 16 años cuando se hizo papa, y Benedicto IX, a los 11 años, ocuparon y deshonraron el trono...el cual es comprado y vendido (el trono pontificio) como pieza de mercadería...” (J.H. Ignaz von Dollinger, The Pope and the Council (Londres, 1869), p. 81).

Benedictus IX Benedicto XVI

“A partir de la muerte de Juan Pablo II en Abril de 2005 empezaron a aparecer medallas bimetálicas. Primero de la vida de Juan Pablo II, después de su sucesor Benedicto XVI y después de diferentes papas; aquí presentamos las que exponen la efigie del hiper lujurioso y satanista Benedicto IX, y la de Benedicto V, el papa que jamás debió serlo conforme a la legal disposición imperial”

Benedicto IX, en cuanto alcanzó la madurez sexual, se esforzó en seducir mujeres. El papa Víctor II, cuarenta años más tarde, decía que su vida era tan escandalosa y execrable que rehusaba contarla. Practicaba ocultismo. Hubo testigos que juraron haber visto a ese papa consultando a los demonios por la noche en lugares apartados.

Dice Antón Casariego de él: “Con Benedicto, los asesinatos y las violaciones eran habituales en Roma, así como la dilapidación de las riquezas del papado, gastadas en burdeles, festines y soldadas”.

En 1044, se organizó una de esas típicas revueltas, esta vez liderada por el partido de la oposición crescenciano, y se depuso a Benedicto, nombrándose como papa a SILVESTRE III, obligando a aquél a que se retirara a la vida privada durante algún tiempo.

Después de muy poco tiempo, y por la fuerza, Benedicto volvió a la silla pontificia sin enmienda ninguna ni rectificación a causa de sus depravadas costumbres. Silvestre III es depuesto entonces y devuelto a su obispado de Sabina. En ese momento, Benedicto se encapricha de una joven hasta el punto de desear casarse con ella. Sabiendo que Alberico III, su padre, no iba a consentir que siguiera como papa si se casaba, se le ocurrió pactar la venta de su papado con su padrino el arcipreste Juan Graciano. En el año 1045 se consuma el negocio, y cuando la noticia se va sabiendo, el escándalo es monumental.

Otra vez se compra el cargo papal

GREGORIO VI (1045-1046), que así vino a llamarse Juan Graciano, fue el nuevo papa como consta en el “Liber Pontificalis”; ¡papa este que compró su cargo papal!, ¡bonita sucesión apostólica! ¡admirable infabilidad de la Iglesia romana! Entre tanto Benedicto y Silvestre regresaron a Roma y siguieron con la lucha por el poder, cada uno ayudado por su respectiva familia patricia.

En Roma, los peregrinos eran repetidamente asaltados y desvalijados, reinaba una total anarquía y en todo ello colaboraban los mercenarios contratados por los tres papas, a saber: GREGORIO VI, BENEDICTO IX y SILVESTRE III. A la sazón, el emperador germano, Enrique, tomó por fin cartas en el asunto, y convocando un sínodo en Sutri, en el año 1046, depuso al ya retirado Benedicto, a Silvestre y al todavía papa simoníaco Gregorio IV.

O sea que, un emperador (como era costumbre), disponía quien iba a ser papa y quien no, otra vez (y siento cansar), ¡¡curiosa sucesión apostólica!! Cada papa se fue por su lugar, Benedicto a sus tierras en los Montes Albanos; Silvestre, al fin, a su obispado en Sabina; y el sacrílego Gregorio VI fue desterrado a Colonia, donde le acompañó un joven monje, Hildebrando, el que llegaría a ser el celebérrimo papa Gregorio VII.

El emperador Enrique III designó papa (¿sucesión apostólica?) al obispo Suitger de Bamberg, con el nombre de CLEMENTE II (1046-1047). No tuvo tiempo de hacer mucho Clemente II, porque fue asesinado por Benedicto IX cuando, interesado en volverse a ceñir la tiara pontificia, volvía Roma. En el año 1942, se abrió el sepulcro de Clemente en la catedral de Bamberg y se le practicó la autopsia. En sus huesos se encontró un alto contenido en plomo, confirmándose así su muerte por envenenamiento.

El “periplo” de Benedicto

Acudiendo a la lista oficial de los papas y sus pontificados, encontramos bien reflejado el caso de este personaje, Benedicto IX. Dice así:

Papa nº 145, Benedicto IX, del año 1032 al 1044. (es destituido)
Papa nº 146, Silvestre III, 1045. 
Papa nº 147, otra vez Benedicto IX, 1045. (se va y vende el cargo)
Papa nº 148, Gregorio VI, del 1045 al 1046.
Papa nº 149, Clemente II, del 1046 al 1047. Y por fin, vuelve...
Papa nº 150, de nuevo Benedicto IX, del 1047 al 1048.

Aun, y llegando a tener en cuenta el principio antibíblico de la “sucesión apostólica”, podrá verse que la realidad es que nunca llegó a materializarse. No es la sucesión apostólica lo que hacía volver a la silla papal a Benedicto IX, sino el poder que corrompe.

Nada tenía que ver el Espíritu Santo con toda aquella vorágine, nada en absoluto, y decir que Dios tenía algo que ver con todo el asunto de aquellos papas, ya no es un absurdo, es una blasfemia. La compra y venta del cargo papal se hizo tan común y la corrupción tan extremadamente pronunciada que los gobernantes seculares tuvieron que intervenir en el nombramiento de los papas. Escuche esto: Enrique III, emperador de Alemania, eligió a CLEMENTE II (1046-1047), que era clérigo alejado de la corte papal porque “ningún sacerdote romano pudo ser hallado limpio de corrupción de simonía y de fornicación”(Italia medieval, p. 349, Manual bíblico Halley, p. 775).

No consintió el emperador Enrique que Benedicto siguiera en la silla papal a pesar del apoyo por parte de los romanos por su tradicional odio hacia los extranjeros. En el año 1048, designó un nuevo papa (¿sucesión apostólica?), esta vez germano, Dámaso II, que sólo duraría un año. Solemnemente entronizado, al poco tiempo moría envenenado. De todos modos, desaparece Benedicto de la escena, y con él la casa de Teofilato que tantos papas “apostólicamente” elegidos dio. También aquí acaba el llamado “siglo tenebroso”, aunque no la maldad que implica todo lo concerniente al rematadamente falso vicario de Cristo.

(Continuará)

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España. 2009
www.centrorey.org