LA BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

(Lo que es y lo que no es la blasfemia contra el Espíritu Santo)

LA BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

(Mt. 12: 31, 32) “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”:

El Espíritu Santo es la Persona de Dios que tiene por labor el convencer de pecado. Sin Su acción, no existiría tal convicción, absolutamente necesaria para rendirnos a Dios. Por tanto, el individuo que no puede ser perdonado es aquel en el cual el Espíritu Santo no actúa convenciendo.

Los pecados sólo pueden ser perdonados cuando existe arrepentimiento genuino, y ese arrepentimiento sólo lo puede producir y lo produce el Espíritu Santo en la vida de alguien, ya que el arrepentimiento es un don de Dios. Así pues, si el Espíritu Santo no produce su obra de convicción y de arrepentimiento, no puede haber genuina confesión de pecados.

La pregunta es ¿Cuándo no actúa el Espíritu Santo para convencer de pecado? La respuesta la tenemos en las mismas palabras de Jesús: “pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” Ahora bien, ¿qué significa “hablar contra el Espíritu Santo”? ¿Es peor hablar contra el Espíritu Santo que hablar contra Cristo, o contra el Padre? ¿Es como más importante el Espíritu Santo que el resto de la Trinidad? Obviamente no. Sólo hay un Dios, y Dios es Uno.

De nuevo, tenemos que entender esto desde la perspectiva del oficio del Santo Espíritu de Dios.

El pecado que Jesús estaba confrontando era el deliberado rechazo de aquellos fariseos de lo que ellos sabían provenía de Dios. Esos fariseos, a pesar de que sabían que Jesús era veraz, preferían salvaguardar sus intereses particulares y su posición social y de poder. Recordémoslo:

(Juan 11: 45-48) “Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho. Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación”

El mismo ejemplo tenemos en aquellos gobernantes judíos ante los cuales más tarde comparecieron los apóstoles:

(Hechos 4: 13-16) “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar”

El Espíritu Santo es el Espíritu de Verdad. La blasfemia contra el Espíritu Santo es la derivada de negar a sabiendas la verdad. El que niega a sabiendas la verdad ¿cómo podrá ser perdonado, ya que atenta directamente contra lo que es la esencia de todo: la verdad?

Esos dirigentes judíos no podían negar lo que el Espíritu Santo había hecho a través de Jesús, pero lo negaron conscientemente y voluntariamente, y atribuyeron a Satanás la obra de Dios, añadiendo blasfemia al asunto.

Alguien que jamás haya sido expuesto a la presencia y divino poder de Cristo (aunque haya oído acerca de él), puede rechazarlo por su ignorancia en ese momento, y no por eso estará blasfemando contra el Espíritu Santo. Esa persona, siendo el caso, podrá ser convencida de pecado más adelante. Eso ocurrió clarísimamente con Saulo de Tarso. Sus mismas palabras: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad” (1 Ti. 1: 13)

Saulo, después Pablo, creía que servía a Dios yendo en contra de los cristianos, hasta matarlos. Obviamente ese pecado no estaba basado en el conocimiento y posterior negación de la verdad, sino todo lo contrario. En ese sentido, Saulo en su celo equivocado, “habló en contra del Hijo del Hombre” ya que le negaba de hecho, pero no le negaba desde el corazón, ya que este estaba entenebrecido, sin luz, sin constancia de la verdad, y por tanto, no estaba “hablando en contra del Espíritu Santo”

Incluso Saulo - podríamos imaginar - hubiera podido estar presente viendo los milagros de Jesús cuando los hacía, y haber negado a Jesús, como el resto de los fariseos. La diferencia es que aquellos fariseos a los cuales Jesús se dirigía en Mt. 12: 31, 32 conocían la verdad de Jesús, mientras Saulo obviamente, no.

Sólo Dios conoce los corazones.

Por eso, todos los que conocen la verdad de Cristo como aquellos fariseos (y no Saulo), y la rechazan, pecan contra el Espíritu Santo, el cual ya no les puede convencer, porque ya fueron convencidos, pero rechazaron esa convicción. Este, claramente es el caso de los apóstatas.

El apóstata es aquel que conociendo la verdad del Evangelio, la rechaza. Fue alumbrado por el Espíritu Santo, pero prefirió seguir en su maldad. En cierto sentido ese es el caso de toda la humanidad por principio:

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3: 19, 20)

De hecho, digo, este es el caso de todos los hombres, el caso de toda la humanidad: los hombres todos aborrecen la luz, porque aman su pecado. Si Dios no hubiera elegido a quien salvar (Ro. 8: 29- 31), NADIE sería salvo, porque nadie querría ser salvo.

El Espíritu Santo ya no actúa en el apóstata, y por eso, el apóstata no puede ser perdonado, y ese fue el caso de aquellos fariseos, religiosos inútiles, que ya habían apostatado en sus corazones al rechazar el don de Dios que es Cristo Jesús, manifestado por el Espíritu Santo, el cual también rechazaron. Cuando eso ocurre, ya no existe remisión por los pecados:

“Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (Hebreos 6: 4-6)

En esta escritura vemos que el que entiende la verdad de Dios, si la rechaza a conciencia, volviendo a hacer con naturalidad las mismas cosas de antes y de espaldas a Dios, está rechazando para siempre al Espíritu Santo. No hay posibilidad de arrepentimiento entonces, porque el Espíritu Santo se aparta de esa persona (He. 10: 26). Obviamente, esa persona JAMÁS nació de lo Alto (Jn. 3: 3).

Esto es lo que quería decir el Señor cuando se dirigió a sus oyentes, añadiendo el término blasfemia, cuando esos osados fariseos atribuyeron a Satanás la obra del Espíritu Santo, blasfemando abierta e impúdicamente contra Él.
Defendiendo lo indefendible

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4: 1)

Muchos hoy en día, defendiendo el falso avivamiento de la “borrachera”, el “revuelco”, las caídas para atrás en masa y descontrol, la llamada risa “santa”, falsas sanidades, y otras muchas supercherías que ciegamente asignan al Espíritu de Dios, se atreven a decir a los que nos oponemos a esas falsas señales (ver Mt. 24: 24) que estamos blasfemando contra el Espíritu Santo; algo así como cuando los fariseos hicieron lo mismo en cuanto a las liberaciones del Señor.

“Haciendo caer a la gente hacia atrás y quedando de pie el “ministrador”, una imagen de superioridad frente al creyente que cae, que contradice abiertamente el espíritu de la Escritura”

“Haciendo caer a la gente hacia atrás y quedando de pie el “ministrador”, una imagen de superioridad frente al creyente que cae, que contradice abiertamente el espíritu de la Escritura”

“El famoso hipnotizador Robert Mesmer, también hace caer a la gente hacia atrás en su comedy hypnosis show”

“El famoso hipnotizador Robert Mesmer, también hace caer a la gente hacia atrás en su comedy hypnosis show”

No se dan cuenta que existen señales y prodigios que, aun pudiendo ser sobrenaturales, no son de Dios. Estos mencionados arriba, de todas, todas, sabemos que no son de Dios porque niegan muchos de los principios de la misma Palabra (para saber más sobre esta cuestión, ir a: http://www.centrorey.org/temas46.html), y nos sorprende que haya hombres y mujeres que dicen ser de Dios que puedan defender esas excentricidades.

La cuestión es que si así hacen, con seguridad habrían sido absolutamente engañados por el poder de los sacerdotes de Faraón, cuando éstos supieron imitar hasta cierto punto los mismos milagros que hizo Dios a través de Aarón y Moisés (ver Éx. 6: 8ss).

“Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe” (2 Timoteo 3: 8)

Janes y Jambres hicieron ante Faraón, Moisés y Aarón, una serie de prodigios y señales que hasta cierto punto, eran visiblemente idénticos a los que hizo Dios a través de sus siervos. Eran obras aparentemente iguales, pero producidas por espíritu diferente.

Lo que muchos todavía no se dan cuenta, es que hoy en día existen nuevos Janes y Jambres, pero esta vez, llevando el título de “cristiano”. Hacen obras en apariencia parecidas a las de Cristo, pero no lo son. Muchos nos damos cuenta de ello, y algunos nos atrevemos a denunciarlo, entonces somos tildados de transgresores y nos amedrentan con tener mucho cuidado de no estar blasfemando contra el Espíritu Santo.

¡Gracias a Dios, en todo caso, nuestra blasfemia es contra el espíritu de Janes y Jambres - o más bien - nuestro contender y total repulsa!

El Señor dijo: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10: 27, 28)

SOLI DEO GLORIA!

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Marzo 2012
www.centrorey.org


FIN