LA UNIDAD DEL ESPÍRITU Y SU FUNCIONALIDAD

Un llamamiento a involucrarnos en la obra de Dios basados en la verdadera Unidad

Índice del Tema

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz(Efesios 4: 1-3)

LA UNIDAD DEL ESPÍRITU Y SU FUNCIONALIDAD

 

1. La realidad de la unidad del Espíritu

La unidad del Espíritu es un hecho, un hecho inefable. Es el don preciosísimo de Dios dado a Sus hijos, como un adelanto de lo que es la vivencia y convivencia en el Cielo.

Es la unidad de Dios, en el Espíritu de Dios, y absolutamente nada se le puede añadir o quitar.

No es una unidad humana, ni natural; es divina. Es la unidad concedida por el Espíritu Santo a todos los creyentes nacidos de nuevo, y por tanto quedan excluidos automáticamente todos aquellos profesantes, sólo de labios para afuera; ¡qué decir de los incrédulos!

Es una unidad desconocida para el mundo, pero otorgada para los que somos embajadores de Cristo en este mundo.

La unidad del Espíritu no puede ser entendida por aquellos que realmente no son de Cristo, aunque lo pretendan e intenten imitarla con esfuerzos simplemente humanos.

Como dice el comentarista de Matthew Henry:

“No puede hablarse de “unidad del espíritu” (en minúscula) como si se tratase de un mero consentimiento humano, aun en los creyentes, para mantener tal unidad. No es obra del hombre, es un don de Dios, y por ello es “la unidad del Espíritu”

Por tanto, esa unidad verdadera de la que hablamos, en cuanto a su realidad intrínseca, no depende de las buenas intenciones de muchos o algunos. No depende, ni se desarrolla con las sonrisas, beneplácitos, buen humor, actitudes propias de la diplomacia, el saber estar, el ceder y conceder, la palabra (humana) bien medida, la prudencia y modestia humanas, y un sinfín de particularidades y similitudes por el estilo.

Menos todavía se puede forjar cediendo a la doctrina, para así poder obtener un “consenso” democráticamente conseguido, que suele quedar muy bien de puertas para afuera, y con el que muchos se contentan, pero que no vale para nada a los ojos de Dios.

Para la unidad en el Espíritu no vale aquello jesuita de: “es más lo que nos une que lo que nos separa”.

Y si la excusa es el decir que por encima de todo es el amor, y que por tanto la unidad es imprescindible, aun en detrimento de la verdad doctrinal, podríamos decir aquí como dice el cántico: “Amor sin doctrina, no es amor. Amor sin la verdad sólo es corrupción, y a cualquier precio buscar la unidad, no es unidad”.

Exacto. A cualquier precio buscar la unidad, no es unidad: ¡es un fraude!

Es un “quiero y no puedo”.

No hay nada que pueda justificar una unidad en lo humano, que pretenda ser la unidad del Espíritu Santo. No hay manera.

La unidad del Espíritu, o es, o no es. O está o no está. Esto es todo.

Dicho esto, y habiéndolo suficientemente aclarado – creo - proseguimos.

“La amistad humana no hace la amistad de Dios. La unidad humana, no hace la Unidad del Espíritu”

“La amistad humana no hace la amistad de Dios. La unidad humana, no hace la Unidad del Espíritu”

2. Solícitos en guardar la Unidad

“… solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4: 3)

Si bien es cierto que la unidad del Espíritu no se puede lograr por medios netamente humanos, no es menos cierto que dicha unidad hay que saberla guardar con solicitud. Así nos lo enseña la Palabra.

Esto es semejante al ejemplo que la misma Biblia nos da respecto a lo que es la verdadera fe, aquella que se demuestra por la obra. Veámoslo.

Un ejemplo de esto: la fe
“Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”(Santiago 2: 18)

Así como es la unidad del Espíritu – insistimos - obra exclusiva de Dios, lo es también la fe.

Así como Dios por Su Espíritu nos concede la unidad, también nos concede la fe.

Arriba hemos leído que la fe se ve por las obras, y las obras, aun siendo las de Dios, las hacemos nosotros. La Biblia nos enseña que hemos de poner la fe en obra, o sea, en acción, y si no, eso no es fe.

Cuando aquí y ahora hablamos de la fe, estamos hablando en concreto de lo concerniente a nuestra cotidianidad, a nuestra manera de vivir y proceder en el día a día.

Entonces; ¿Qué significa poner la fe en acción? Significa que hemos de hacer nuestra parte, una vez entendemos saber que es lo que Dios quiere, o como el Espíritu nos dirige. No nos quedamos solamente en la oración, sino que pasamos a la acción.

En este sentido, no existe verdadera fe sin las obras que la muestren y la demuestren. Por el contrario, las obras verdaderas demuestran una fe verdadera.

Por tanto, la verdadera fe no es estoica, es decir, indolente, pasiva o apática. La verdadera fe es útil, porque es activa y productiva.

La fe en ese sentido, no toma por excusa la soberanía de Dios, sino que por causa de Su soberanía, y por tanto, de Su voluntad, obedece. Esa obediencia es real y práctica. Es tangible y requiere por tanto de un esfuerzo. No está basada en las solas buenas intenciones, sino que está basada en Su voluntad.

La verdadera fe en lo cotidiano es la puesta en práctica de lo que sabemos o creemos puntualmente de parte de Dios, y que Él previamente ya lo ha depositado en nuestras manos.

Porque creemos, nos movemos: Esto es fe.

“Fe implica acción”

“Fe implica acción”

De la misma manera…
 “… solícitos…”:

De ese mismo modo debemos trabajar en lo concerniente a la unidad del Espíritu.

“Spoudazontes”, es del verbo “Spoudazo” en griego, que traduce la versión Reina Valera por “solícitos”. Otras traducciones de ese verbo serían: “apresurarse; aplicarse a; ocuparse activamente; esforzarse”. Como podemos ver, existe una impronta, una urgencia y gravedad en lo que leemos.

Debemos esforzarnos, apresurarnos, ser diligentes en hacer algo al respecto de la unidad del Espíritu, ¿el qué?

“…en guardar…”:

“Terein”, es del verbo “Tereo” en griego que traduce la versión Reina Valera por “guardar”,  y que también significa: “Observar; percibir; cuidar; cumplir”.

Así pues, debemos ocuparnos diligentemente en lo concerniente a la unidad del Espíritu, en el sentido de guardarla, cuidarla, cumplirla… ¿Cómo hacemos todo esto? Evidentemente eso requiere de una puesta en práctica, así como debemos hacer con la fe. De hecho, esto también ¡es un asunto de fe!

Debemos trabajar funcionalmente para ver en lo natural, en lo tangible, el beneficio de la unidad del Espíritu. Esto es: la unidad del Espíritu en acción.

“Es preciso comunicar el Evangelio tal y como es, sin añadiduras ni cortapisas. Esto es fruto de la unidad del Espíritu”

“Es preciso comunicar el Evangelio tal y como es, sin añadiduras ni cortapisas. Esto es fruto de la unidad del Espíritu”

3. Procediendo en esa dirección

“… sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Corintios 13: 11)

Dije que la verdadera unidad, la del Espíritu sólo está en los verdaderos cristianos, no en los que sólo pretenden serlo. Por lo tanto, y en la consecución de lo dicho por el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo en Efesios 4: 3, debemos reaccionar y avanzar en:

  1. La búsqueda de la verdad doctrinal, aplicándola a nuestras vidas.
  2. La búsqueda de los que somos de ese mismo sentir.

Esto significa, que al tiempo que crecemos en el conocimiento verdadero de la Palabra, aplicándolo a nuestras vidas y entorno cercano, debemos también hacer un esfuerzo en buscar a los que sean de ese mismo pensamiento y obra.

Si hacemos lo primero, pero no lo segundo, de seguro que viviremos en nuestra preciosa torre de marfil, pero no lograremos la funcionalidad de la unidad.

El diablo quizás no pueda frenar nuestra devoción y entrega al Señor en cuanto a aprender Su Palabra, pero si pondrá obstáculos y mentiras en nuestra mente respecto al segundo punto.

Mentiras de cálida auto-lástima como: “nadie me comprende, estoy sólo en esto, sólo yo he quedado” (al estilo de Elías)

Hay muchos en todas partes que somos de un mismo sentir en Cristo Jesús, y ya es hora de que nos busquemos, nos encontremos y trabajemos de la mano en la medida de lo posible.

Por tanto, la plasmación y fruto en lo natural en cuanto a la unidad del Espíritu, deberá ser nuestra meta a conseguir.

“La soledad, consecuencia del aislamiento"

“La soledad, consecuencia del aislamiento, no debe frenarnos a la hora de buscar el dar fruto en la funcionalidad de la unidad del Espíritu. En su tiempo veremos la diferencia”

A. ¿Cómo podremos luchar en pro de la obra de Dios?
“…Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía…” (2 Tesalonicenses 2: 3)

Estamos muy descontentos al ver toda esta apostasía y a tanto apóstata famoso que se ha levantado a nuestro alrededor en los últimos años. Es menester presentar una alternativa válida a todo ello, una respuesta eficaz, porque mayor es el que está con nosotros que el que está en el mundo (1 Juan 4: 4b)

¿Cómo deberemos proceder en base a la auténtica unidad, la del Espíritu en estos días?
Como poco, en tres maneras que son irrenunciables:

  1. 1) Denunciando esa apostasía y a los grandes de ella.
  2. 2) Enseñando la verdad bíblica a todos.
  3. 3) Trabajando de forma práctica en esa unidad del Espíritu. 

En cuanto al punto uno:
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3)

Es menester que con respeto y dignidad denunciemos la herejía, la mentira y el engaño que en el falso nombre de Jesús se está enseñando de forma pública y privada. Es menester juzgar (Jn. 7: 24) lo que se muestra como verdad de Dios, pero es falsedad, y decirlo públicamente.

Es así mismo necesario denunciar con nombres y apellidos a todos aquellos personajes públicos, hombres de púlpito, que enseñan esas herejías, demostrando la falsedad de sus palabras, con la Biblia en la mano (2 Ti. 2: 15, 17; 3: 1-5; etc.)

No condenamos a nadie, porque no se trata de juzgar el corazón de nadie, pero sí sus enseñanzas perversas.

“El amor al dinero, que es manifestación de la codicia, ha sido y es motivo de la apostasía, y muchos están en ello”

“El amor al dinero, que es manifestación de la codicia, ha sido y es motivo de la apostasía, y muchos están en ello”

"Hombre idólatra"

“Este hombre idólatra que atraía a tantos, tuvo y tiene sus hijos, presuntos líderes cristianos,  a los cuales muchos que se llaman evangélicos siguen ciegamente en el más que palpable espíritu idolátrico. Esto también es fruto de la apostasía que hay que combatir”

En cuanto al punto dos:
“…conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad” (Tito 1: 1)

Con todo lo que tengamos a nuestro alcance en cuanto a medios de comunicación, debemos mostrar y enseñar el verdadero Evangelio, no sólo a los impíos, sino con mayor motivo a los ya creyentes.

Hay demasiadas ovejas que están en rediles equivocados, a las cuales hay que llegar con el verdadero Evangelio, el no adulterado, para que puedan tener la opción de escoger lo que es de Dios, y actuar en consecuencia.

Hay demasiados ministros que están en error por ignorancia. A ellos también nos será menester llevarles a la Palabra y a la corrección, si quieren escuchar.

En cuanto al punto tres:
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15: 58)

Es nuestra responsabilidad el buscarnos, comunicar (no aislarnos), tener comunión, y trabajar juntos en pos del beneficio del cuerpo de Cristo. Esa es la manera de ser solícitos en guardar la Unidad del Espíritu.

4. Concluyendo

“Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas” (Mateo 10: 27)

Desde este artículo, hago un llamamiento a todos los ministros del Señor, a las iglesias del Señor, a los instrumentos para la obra del Señor en materia de comunicación, como editoriales, radios,  etc.  y a todos los cristianos que aman la verdad de Dios conforme a Dios:

  • Trabajemos en pos de hacer bloque para buscar el frenar el avance del falso evangelio que tanto daño está haciendo a tantos en estos últimos años.
  • Trabajemos para la expansión y vivencia de la verdad de Dios.
  • Trabajemos en base a la unidad del Espíritu.

Esa es una santa labor, y es la voluntad de nuestro Dios. Hagamos nuestra parte para que la unidad del Espíritu produzca el fruto indicado.

¡¡Démosle la gloria a Dios, no sólo con bonitas palabras, sino con hechos!!

El Señor viene pronto.

MARANATHA!

Dios les bendiga.

 
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Octubre/Noviembre 2010
www.centrorey.org

 

FIN